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El miedo marca a las víctimas de asaltos

El fin de semana último, la Policía desarticuló una banda delictiva que se dedicaba al asalto de personas en Guayaquil. Foto: Cortesía

La pesadilla se repetía cada noche. Se despertaba empapada de sudor y con las manos temblorosas caminaba hasta el refrigerador. Tomaba un frasco de valeriana y colocaba un par de gotas en un vaso de agua. Era lo único que la calmaba, dice Luciana Vega.

La mujer de 35 años tuvo ataques de ansiedad, por seis meses, al recordar el asalto que sufrió en un taxi de Guayaquil.

Ella cuenta que eran las 21:00 cuando tomó el vehículo en los exteriores de un centro comercial y cinco minutos después tres hombres le apuntaban con una pistola. “Pasa todo lo que tienes o aquí te mueres”, le repetían mientras la golpeaban y la manoseaban para quitarle el dinero y el celular.

“Aún tengo miedo, pero poco a poco ya he vuelto a salir en las noches”, dice.

Su relato fue judicializado por la Fiscalía. Allí le recomendaron que busque ayuda psicológica, pues le dijeron que los asaltos con violencia pueden generar graves secuelas o traumas en las víctimas.

De eso también conoce Gabriel Bedón, hermano de una víctima de robo y secuestro en Quito. “En un conjunto cerrado en Cumbayá, en la casa de mi hermana, dos ladrones se treparon el muro trasero, se metieron por la terraza, la manosearon e inmovilizaron de manos y pies”, cuenta. Se llevaron cosas de tecnología, joyas y dinero. Esto bajo amenazas de matarle si no les entregaba todo. El 1 de septiembre, su hermana padeció este hecho sola en su hogar. Por el nivel del trauma que le quedó, debe tomar 20 sesiones psicológicas, una por semana.

Gabriel dice que él también tiene miedo de la inseguridad porque a pocos días fue testigo de otro hecho. Desconocidos robaron junto a su casa, en un conjunto cerrado en el valle de Los Chillos. Sus vecinos estaban de viaje; los delincuentes hicieron un hueco en un muro de bloques, ingresaron al lugar y se llevaron aparatos de tecnología y dinero.

Las estadísticas de la Fiscalía revelan un incremento en los robos de personas, casas y vehículos en los nueve primeros meses de este año.

Pero lo que preocupa a las autoridades es que los robos a personas cada vez ocurren más en las mañanas y tardes. Entre enero a septiembre del 2021, el 34% sucedió en horas de la tarde y el 28% en la mañana. Además, la Policía confirma que en ciudades grandes como Quito y Guayaquil, los sospechosos amedrentan a las personas con cuchillos o armas de fuego.

Eso fue lo que le ocurrió a Giancarlos Calderón, el pasado 18 de octubre. Dos hombres se subieron al bus en el que se dirigía del trabajo a su casa por la vía a la Costa (Guayaquil).“Se paran a pedir dinero a todos. Uno de ellos se sentó al lado mío a preguntarme dónde vivo y si era parte de Los Lagartos (banda delictiva). Tenía un revólver, me la puso en el pecho y disparó dos veces. Gracias a Dios las balas no salieron”, relata. A él también le costó superar el miedo y de hecho aún evita dar detalles o hablar del robo.

Maloli Suárez, otra víctima, explica que no paró de llorar por horas después de que dos hombres, a bordo de una moto, le asaltaron en la vía La Aurora – Samborondón. “Me da miedo de salir de casa, no quiero que me roben o me pase algo peor”.

Después de experimentar asaltos y agresiones violentas, Erika Garzón, psicóloga, señala que en las víctimas se genera un trastorno de estrés postraumático o síntomas como: irritabilidad, hipervigilancia, insomnio, pesadillas, miedo intenso, aislamiento social, estado de ánimo deprimido e incluso culpa.

Garzón indica que si la víctima no puede retomar paulatinamente sus actividades normales como trabajo, estudio, reuniones sociales o salir de casa debe buscar un psicólogo.

Eso lo confirma el psiquiatra Juan Ayala. El especialista dice que si el paciente no recibe tratamiento urgente y apropiado, las secuelas quedan grabadas. Estas se pueden potencializar y afectar el entorno familiar, laboral y social.

Johana Silva fue asaltada en Quito tres veces en una semana. La primera vez fue la más violenta. Cuatro sujetos escondidos detrás de un camión la interceptaron en el norte de la ciudad. “Uno de ellos me agarró por la espalda y me sujeto del cuello para arrastrarme al camión, mientras tenía un cuchillo en su otra mano. El otro intentaba arrancarme la cartera, que tenía cruzada, y dos más hacían de campana”. Se le llevaron su celular, billetera y lanzaron la cartera.

“Estaba asustada, en shock. Me sentí humillada, con rabia y miedo al momento que recogí mis cosas tiradas en el suelo sin nadie que me auxilie”, dice.

Tanto Guayas como Pichincha se encuentran incluidas en las nueve provincias del estado de excepción, declarado el pasado 18 de octubre, por la inseguridad del país. Ahora, militares y policías realizan operativos en las calles.

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