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La proximidad de Santo Domingo a su cárcel expone a los habitantes

El centro de rehabilitación social de la provincia tsáchila aún es vigilado por agentes que llegaron para recapturar a los fugados y evitar más incidentes entrelospresos. Foto: Bolívar Velasco / EL COMERCIO

Los retazos de camiseta y jeans de uno de los presos fugados aún están en el filoso alambrado del patio de la vivienda de Mónica Z.

En los jirones de ropa hay restos de sangre. La propietaria del predio no quiere tocar nada, tiene miedo. Por esa barrera, que limita con terrenos solitarios del sector Bellavista, en Santo Domingo, los detenidos huyeron la madrugada en la que ocurrió la reciente reyerta carcelaria.

Ella todavía recuerda los gritos de unas personas que decían: “¡corre loco, que nos van a matar!”. Los ladridos de sus dos perros la alertaron, ya que el pasado 9 de mayo había escuchado ruidos extraños en el centro carcelario. Siempre que hay amotinamientos la bulla y el eco de las detonaciones llegan a su vivienda.

Ubicación problemática

Bellavista es parte de un conjunto de cooperativas de vivienda que limitan con el centro de rehabilitación de esta ciudad. Hace algunos días fue el escenario de una jornada violenta entre presos, que dejó 44 muertos y 220 fugados. A siete minutos de las instalaciones hay sectores expuestos a esos conflictos. En 2004, cuando se construyó el penal, la zona tenía terrenos con maleza, fincas y pocas granjas agrícolas. Hoy, 18 años después, la urbe se acercó a las 12 hectáreas de la cárcel. El crecimiento poblacional y territorial hizo que esa otrora periferia ya no encajara en el concepto de un presidio de poco riesgo para sus habitantes.

Según el catastro del Municipio de Santo Domingo, hay 48 cooperativas de vivienda, barrios, comités pro mejoras, urbanizaciones y asentamientos que están en la zona de influencia directa del centro de rehabilitación social, en el sur, este y oeste de la capital tsáchila. 

El Plan de Ordenamiento Territorial identificó a 22 723 predios en la parroquia urbana Río Verde, a la que pertenecen esos sitios.

Una medición con Google Earth evidencia que la distancia entre la cárcel y el centro de Santo Domingo es de 19 minutos, teniendo como referencia el parque principal, Joaquín Zaracay.

Esa proximidad no es distinta a la de otras ciudades. En la ciudad de Guayaquil, la cárcel La Roca está a 31 minutos de zonas céntricas, como el Malecón 2000. El presidio de Turi, en Cuenca, en cambio, se encuentra a 20 minutos del Centro Histórico. En Santo Domingo la situación es más compleja, por la cercanía con sitios sensibles. 

A4 y 6 km están las unidades educativas República de Francia, Nicolás Gómez y Alessandro Volta, respectivamente.

Los alumnos de estos y de otros planteles retornaron a las clases presenciales, pero por la crisis carcelaria regresaron a la educación en línea. Dentro de ese mismo perímetro también están el Centro de Detención Provisional, tres iglesias, el Cuerpo de Bomberos, un supermercado y la Corporación Nacional de Telecomunicación del sector Santa Martha. 

El jefe de los bomberos, Hugo Parra, asegura que si bien para esta entidad es clave su ubicación en relación con la cárcel, para sus habitantes es motivo de permanente tensión. En la última masacre, los moradores no durmieron y pedían auxilio por la presencia de extraños en los patios. Tan solo ese 9 de mayo, el

ECU-911 recibió 2 123 alertas relacionadas con la revuelta carcelaria; el doble que el día anterior. Las autoridades no han considerado la construcción de una nueva cárcel. Se priorizan otras acciones, como traslados, intervenciones por daños, mejoras, correcciones, reducción del hacinamiento, actividades de distracción, entre otras.