29 de August de 2012 00:02

6 policías condenados por crimen están recluidos en cárcel de Quito

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La mujer vive en el noreste de Manta. Es madre de Luis Jaramillo, el joven de 21 años que fue encontrado muerto el 18 de octubre del 2011. No estaba solo. Junto a él también apareció el cuerpo de su amigo Danilo Bowen.

Los cadáveres de los jóvenes fueron hallados por un agricultor en las canteras en Picoazá, Portoviejo-Manabí. Por estas muertes fueron involucrados seis policías.

Según testigos, la madruga del 16 de octubre los uniformados se llevaron a los jóvenes en el balde de una camioneta doble cabina.

La noche del lunes, el Sexto Tribunal Penal de Manabí los declaró culpables. La madre estuvo en el Palacio de Justicia de Manta.

Allí un judicial leyó el dictamen que los jueces tardaron 45 minutos en elaborarlo. “Son culpables, al fin se hará justicia”, gritaba la mujer entre sollozos.

Ayer, por la mañana, ella estaba en su casa arrendada, con paredes de caña guadúa y techo de zinc. La puerta de acceso a la casa, elaborada con pedazos de madera, sonaba por la fuerza del viento. Apenas unos clavos de media pulgada presionan las bisagras.

A través de una ventana de 45 centímetros de ancho por 55 de largo ingresaba la brisa que refrescó el calor sofocante en el interior de la vivienda. La mamá vestía una camiseta café oscuro, en el pecho estaba estampada la imagen de Luis. Ella dijo que desde el cielo su hijo le dio fortaleza para seguir con el caso.

“Al fin se hizo justicia, pues a mi Luis lo mataron policías después de 13 años, cuando su padre Carlos Enrique Jaramillo Mera también fue asesinado por policías en 1999. Ese fue el caso donde Pedro Baque quedó herido y le dieron por muerto”, recuerda.

La noche del 16 de octubre del 2011 acompañó a su hijo a comer un encebollado en la zona del mercado de Tarqui (centro de Manta). Allí se encontró con Danilo. Después ambos se fueron en la motocicleta y no lo volvieron a ver más con vida.

“El 17 de octubre, junto a varios familiares y amigos de mi hijo fuimos a gritar en los exteriores del Comando de la Policía en Manta que nos devolvieran a los chicos. El 18 de octubre encontré a mi hijo en la morgue del cementerio de Portoviejo. Su cuerpo estaba lleno de gusanos”, comenta.

La indagación para determinar que seis policías estaban implicados en la desaparición de los jóvenes se inició con el análisis del GPS del patrullero, una camioneta doble cabina. Así lo dijo en su momento la fiscal Sonia Barcia quien estuvo encargada del caso.

El GPS determinó que la camioneta estuvo a las 03:45 del 16 de octubre en la zona de Las Cumbres. Además, ese mismo vehículo llegó a las canteras de Picoazá 12 minutos después concluyó la investigación policial y de la Fiscalía. Así lo comentó un abogado de los familiares de Luis y Danilo. Otro argumento contundente para que los declaren culpables a los policías -según los abogados de Jaramillo y Bowen- fue la prueba de luminol.

Esta consiste en rociar una sustancia química en el balde de la camioneta, donde fueron transportados los cuerpos de los jóvenes. Allí se encontraron sustancias de hierro, que es “un compuesto de la sangre”.

“La sangre encontrada en la camioneta fue sometida a pruebas con el ADN de las madres de los jóvenes y dio positivo 99,9% que eran sus hijos”, señaló el abogado de la parte acusadora. “Esperamos la pena máxima en este caso”, manifestó uno de los abogados. Podrían ser 25 años.

En el Comando de la Policía de Manta el ambiente es tenso. Rafael Pérez está encargado del cuartel. “Estamos un tanto golpeados. Son policías que apenas empezaban su carrera. Tienen entre 20 y 23 años”. El gendarme comenta que colaboraron desde el momento en que se arrestó a los seis policías. “Se revisaron los registros del GPS de los patrulleros que circularon esa noche y la información se entregó a las autoridades judiciales”, enfatizó.

Después de la audiencia de juzgamiento, los seis policías fueron conducidos hacia el Comando de la Policía, en el noreste de Manta.

Allí se bañaron, luego se cambiaron de ropa, conversaron con sus familiares y de inmediato fueron llevados a una cárcel en Quito. En la casa de la madre de Luis, una pared con pedazos de tela divide el espacio de 25 metros.

Su hijo menor acostado en una cama de madera dice, “mi mami va a demandar al Gobierno”.

Ella cuenta que para costearse varios viajes a Quito tuvo que hacer bingos. “Familiares, amigos y vecinos nos apoyaron. Soy pobre, no tengo dinero, agradezco a los abogados que no me cobraron un centavo, ahora vamos a las cortes internacionales pues este es un crimen de Estado”.

La madre no tiene temores. En el mercado tiene un puesto donde vende maní. Ese era el trabajo al cual se dedicaba su hijo. En uno de los viajes a Quito, fue recibida por el ministro del Interior, José Serrano. “Me prometió que me ayudaría para que me entreguen una casa, hasta ahora espero su ofrecimiento”. Cuando camina por las calles de la plaza, la gente la saluda. Todos la felicitan por “su lucha” y le dan valor para que siga adelante en el caso.

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Las investigaciones

La audiencia de juzgamiento empezó la semana pasada. Allí hubo estricto resguardo policial.

En el Comando de la institución uniformada, en Manta, poco se comenta sobre la sentencia de los seis policías.

La autopsia realizada a Jaramillo determinó que fue asesinado con disparos en la espalda, Bowen presentaba impactos de bala en la cabeza.

La madre de Luis dice que ahora sí podrá “dormir tranquila”, pues  asegura que  “al fin” se hizo justicia. Esto en relación a la muerte de su esposo en 1999 y ahora  la de su hijo.  Ella siempre ha permanecido “en la lucha” para conseguir sentencias.

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