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Informe revela fallas en 10 cárceles del país

La Penitenciaría de Guayaquil es una de las cárceles con más problemas estructurales. Los presos mantienen el control de los pabellones. En esta semana hubo enfrentamientos. Foto: EL COMERCIO

El arsenal estaba listo para ingresar a la Penitenciaría de Guayaquil. Eran más de 1 000 municiones de grueso calibre, dos fusiles de asalto, 50 tacos de dinamita y varias granadas.

La Policía ayer (viernes 12 de noviembre del 2021) interceptó a tres presos que intentaban escabullirse por los perímetros para llevar este material bélico hasta las celdas.

Los informes policiales señalan que bandas delictivas como Los Choneros, Tiguerones y Lagartos activaron a sus células en las calles para que los abastezcan de armamento. Estas organizaciones mantienen enfrentamientos desde el domingo pasado. Las dos últimas noches, en la Penitenciaría se ha escuchado por horas el cruce de balas.

Policías y militares han reforzado sus controles en los perímetros de la cárcel y zonas cercanas. Así han logrado incautarse de otros dos arsenales que estaban dirigidos a la prisión.

En tanto, dentro de los pabellones, el control aún no se ha restablecido. Pero esto no es nuevo. El reciente informe de la Comisión de Soberanía de la Asamblea Nacional revela que el Estado ha perdido progresivamente el control de las cárceles del país desde hace seis años.

La falta de recursos y políticas de seguridad han agudizado esta crisis. El presupuesto para rehabilitación social pasó de USD 164 millones en el 2015 a USD 108 millones en el 2021.

La investigación legislativa detalla las fallas más representativas en nueve cárceles del país y el incremento de la violencia dentro de estos centros. La falta de atención estatal, que recoge el informe oficial, señala que en lo que va del año 250 presos han perdido la vida en prisión.

15 246 internos tiene Guayaquil

Guayaquil concentra el mayor número de cárceles juntas. En total son cinco y su población penitenciaria tiene un hacinamiento superior al 40%. Es decir, su capacidad es de 10 890 internos y actualmente hay 15 246. Pero ese no es el mayor problema. Datos oficiales señalan que en estas cárceles tienen el personal suficiente para resguardar a los presos. Hay 238 agentes. Es decir, 1 por cada 108 presos. De allí que se indica que servicios como la alimentación no se garantiza que lleguen a todos. Los guías han señalado que solo “Dios sabe lo que pase adentro de los pabellones”. Además, se conoce hay personas con tuberculosis. En el centro femenino, las mujeres de un pabellón señalaron “que hace mucho tiempo que no les permiten salir a tomar sol o “tener patio”. También afirman que a este grupo se le castiga sin acceso al economato.

Precaridad en cotopaxi

Los Lobos son la banda delictiva que mantiene el control en la cárcel de Cotopaxi. Informes que llegaron a la Asamblea detallan que desde la masacre de julio pasado esta organización ejerció su poder contra Los Choneros. Las múltiples batallas en este recinto han generado graves daños en su estructura. De las 667 cámaras de seguridad que existían, 545 fueron destruidas este año. Además, el personal de seguridad solo cuenta con cuatro escudos antibalísticos y no tiene armamento disuasivo. Hay 180 agentes de seguridad penitenciaria y se requeriría al menos de 540. Las condiciones de vida son precarias. “No existe acceso permanente de agua potable y tienen un médico general y un especialista para la atención de 5 400 privados de libertad”. Esto pese a que existen 40 personas con enfermedades catastróficas.

Presos del turi, las llaves

La lista de fallas en la seguridad de la cárcel del Turi es larga. Un informe oficial revela que el primer y segundo filtro de seguridad no son automatizados. El tercero, en cambio, tiene componentes que no funcionan “desde hace muchos meses”. Por ejemplo, no están activos los sensores, el escáner de objetos, ni el corporal. Tampoco funciona el escáner de vehículos. Además, “es imposible ingresar a los pabellones porque están controlados por las organizaciones criminales”. Con respecto a las cámaras “se encuentra dañado todo el sistema de videovigilancia del interior de pabellones, desde los amotinamientos de febrero”. Las llaves de las celdas las tienen los presos que controlan cada pabellón. De hecho, autoridades de ese centro manifestaron que no negocian con los detenidos, pero no hay un control en los 9 pabellones.

Chimborazo, un solo chaleco

Esta cárcel tiene un hacinamiento de 102,8%. Su capacidad máxima es de 250 personas. Sin embargo, en la actualidad existen 507 presos. Pero este no es el único problema. Los datos legislativos señalan que es una cárcel muy antigua. Su estructura comenzó a construirse en 1976. En la actualidad presenta fugas de agua, humedad, paredes no seguras, afectaciones graves que por falta de presupuesto no se pueden mejorar. Además, la Policía ha detectado que por la calidad de las paredes externas se lanzan desde las afueras botellas de alcohol o droga. En cuanto a la seguridad, existen siete cámaras de vigilancia, de las cuales cuatro están en funcionamiento y otras tres son muy antiguas para repararlas. Hay 27 guías penitenciarios en tres turnos. Es decir, uno por cada pabellón. Ellos tienen un solo chaleco antibalas.

La cárcel 4 no tiene escáner

La cárcel 4 de Quito es uno de los pocos centros que no mantiene un hacinamiento. Pero su utilización ha sido cuestionada en los últimos años por las personas que están inmersas dentro de esta cárcel. Políticos, directivos de fútbol, empresarios, policías y acusados por actos de corrupción son los principales presos. Pero las condiciones de seguridad no son las adecuadas. En una visita que realizó un grupo de asambleístas se constató que “no cuenta con escáner de ningún tipo en ninguno de los filtros”. Además, se advierte la existencia de un sistema de cámaras, pero por la infraestructura (casa adaptada) resta su eficacia. Tampoco existen criterios de separación de los privados de libertad. Se considera que todos los internos del centro son de mínima seguridad. En esta cárcel estuvo detenido el exvicepresidente Jorge Glas.

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