25 de February de 2011 00:00

Una nueva organización delictiva comenzó a operar en Solanda

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Desde la ventana de su casa, ubicada en una de las calles de Solanda (sur de Quito), Washington T. observa todos los días cómo se vende droga al menudeo y cómo los desconocidos asaltan a los transeúntes.

Él vive en ese barrio desde hace 25 años. Cuenta que allí la delincuencia ha estado presente desde siempre. “Había (robos y asaltos), pero no actuaban de forma avezada como ahora. Antes se conocía donde vivían los delincuentes. Una vez los sacamos del barrio entre todos”.Añade que en Solanda existe una banda dedicada a actividades delictivas como robo a personas, asaltos, venta de droga.

Los vecinos dicen que se trata de una red y que siembra temor entre los moradores y comerciantes. Cuentan que la agrupación es liderada por 10 cabecillas.

“Ellos operan en una camioneta doble cabina Chevrolet ploma. Yo les he visto que se comunican por celular y dicen: “Mira acá está un carro estacionado y lo vamos a desvalijar. El rato preciso salen y se llevan las cosas”, cuenta.

Señala que también son arranchadores y roban casas. Precisamente, el Observatorio Metropolitano de Seguridad Ciudadana reportó 7 515 robos a casas en Quito, de enero a octubre del 2010. Las zonas más vulnerables son la norte con 489 denuncias. En el sur, Quitumbe y Eloy Alfaro tienen 167 y 277; en ese orden.

Alicia Chiriboga, jefa de la zona II de Solanda, desconoce la existencia de esa banda delictiva. A su juicio, los problemas del sector son el consumo de drogas y de licor en lugares públicos.

Los moradores de la calle Michelena ( Atahualpa- sur de Quito) señalan que los robos han disminuido luego de la Marcha de las Antorchas, realizada el 10 de febrero pasado. En esta se invitó a la gente a dibujar pancartas con las leyendas: “Fuera ladrones”, “Fuera consumidores”, “Fuera la droga”, “Queremos vivir en paz”.

Los vecinos dicen que la situación ha mejorado luego de la manifestación. Sin embargo, admiten que por las noches todavía se producen asaltos.

Agregan que los patrullajes realizados en conjunto entre policías y militares han contribuido a la tranquilidad del sector. Pero, “los vendedores de droga venden de forma intermitente por las noches”, dice una moradora.

Estadísticas de la Dirección Antinarcóticos de Pichincha señalan que, hasta el 21 de enero del 2010, se incautaron de 70 566 gramos de cocaína, 122 732 de marihuana y 13 de heroína.

Además, 136 personas fueron aprehendidas. 15 son extranjeros y 104 ecuatorianos. A estos se suman 17 adolescentes. También decomisaron cinco armas de fuego , 13 vehículos y tres motos.

Además, a inicios de este mes la Policía Antinarcóticos hizo varios operativos en otros barrios del sur como la Villa Flora, Barrionuevo, Guamaní, El Calzado, San Bartolo, donde fueron detenidos algunos sospechosos. En la ciudadela Atahualpa, los vendedores de droga esconden los alcaloides en los bordes de los parques, debajo de las casetas de los guardias y en las aceras que tienen plantas.

La venta de estupefacientes causa preocupación a los moradores de la ciudadela Ibarra (Quitumbe-sur). Dicen que en el parque Las Orquídeas se reúnen desconocidos para consumir drogas desde las 14:00. “Vienen unas 15 personas de otros barrios en patinetas y existen problemas”, cuenta una mujer de ese sector.

En la mitad de ese parque hay un agujero en forma de túnel rodeado de césped. Los vecinos dicen que ciudadanos extranjeros venden alcaloides en ese sitio.

Dos vehículos, una camioneta y un taxi se dedican al expendio de drogas todas las tardes. “Ellos aparecen hasta los domingos. Solo están allí dos horas y se van”, dice una mujer. Los asaltos son frecuentes. Las personas que viven cerca del parque dicen que los delincuentes operan en el lado occidental de este. “Asaltan en ese lugar porque existe un sitio por el que pueden escaparse. Otros sitios peligrosos son el barrio Martha Bucaram, la ciudadela Espejo y la ciudadela 2 de Febrero. Yo creo que de esos sitios viene la gente que asalta acá”, manifiesta.

Para Millián Castillo, policía de la Unidad de Policía Comunitaria de la ciudadela Ibarra, las personas que delinquen en ese sector provienen de otros barrios del centro de Quito. Señala que los asaltos y robos a casas son poco frecuentes. “Lo que más tenemos acá son problemas de violencia intrafamiliar”.

Testimonio

Beatriz Moposita

Víctima de la inseguridad

‘No me di cuenta que me robaron mi celular y USD 160’Me movilizaba en un bus urbano desde la ciudadela El Dorado en dirección al centro de Ambato. En verdad no me di cuenta cuando me robaron mi celular y USD 160 en efectivo que guardaba en uno de los bolsillos de mi ropa.

El colectivo se encontraba casi lleno, como suele ocurrir en esa zona. Sin otra alternativa me subí.

Era un viernes por la tarde y ya se notaba el ambiente de fin de semana con el trajín de la gente.

Recuerdo que guardé el celular en el bolsillo derecho de mi chaqueta. Lo miré por última vez antes de ingresar al bus y el dinero lo puse en el bolsillo del pantalón.

Había personas amontonadas cerca a la puerta. Se apretaban. Los ladrones viajaban en los últimos asientos. Desde allí podían ver a las próximas víctimas.

Tenía la precaución de no acercarme demasiado a ese grupo y cuidaba mis pertenencias con las dos manos. Ese fue mi error. Los delincuentes se dieron cuenta de que protegía algo. Eran un hombre y una mujer muy jóvenes, de unos 18 años aproximadamente.

Ellos se bajaron en una parada próxima a un centro comercial. En el trayecto empujaban a las personas con el pretexto de bajarse. La gente no decía nada y les daban paso sin protestar. En el instante que pasaron junto a mí, uno de ellos se colocó delante y el otro quedó atrás. Para distraerme, ella extendió su brazo a mi cara y por instinto de protección moví mi mano. Eso fue todo. Rápidamente se apoderaron de mis pertenecías y no me di cuenta.

Luego descendieron aprisa del bus y se marcharon caminando como si nada. Allí registré mis bolsillos y estaban vacíos. Descompuesto, como si me hubieran atropellado, mi cuerpo experimentó como un desmayo. Una mezcla de desesperación e impotencia.

Repasé las imágenes de los últimos minutos en mi mente. Los únicos que se bajaron fueron ellos. Acudí al conductor para que parara y bajé. Grité fuerte para que alguien los detuviera. ¡Cojan a los ladrones, agárrenlos! Pero ambos corrieron y se desaparecieron con todo.

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