Corte IDH estudia caso sobre destitución arbitraria …
Lasso se reúne con su Gabinete de ministros por prim…
Intento de falsificación de vacunas contra covid-19 …
Couriers y usuarios se alistan para cambios en compr…
Un catálogo digital para adquirir los dulces de Corp…
Un policía asesinado y otro herido en un ataque arma…
Una marcha por la paz se cumplió en Telimbela, Bolívar
El Municipio de Guayaquil entrega audífonos a niños …

Nancy Guevara es una abuela de Riobamba que lucha tras el crimen de su pequeña Emilia; un hombre está preso

Plantón en los exteriores del Juzgado Penal en Riobamba donde se sentenció al femicida que tenía dos identidades. Foto: Cortesía

Plantón en los exteriores del Juzgado Penal en Riobamba donde se sentenció al femicida que tenía dos identidades. Foto: Cortesía

Glenda Giacometti/ El Comercio
Nancy Guevara, abuela de Emilia, muestra las fotografías de la pequeña niña.

La última vez que Nancy Guevara vio con vida a su pequeña nieta Emilia, ella le preguntó por su papá. Trató de explicarle, le dijo que se fue al cielo, pero que siempre la cuidaría.

Las preguntas eran frecuentes desde el 15 de julio, cuando el covid-19 terminó con la vida de José Guevara.

“Desde que mi hijo falleció todo cambió. Mi nieta se fue a vivir con la mamá, pero sufría mucho, porque apenas le enterramos al papá, ella se unió a otra persona. Él la golpeaba hasta que mi niña murió”, relata la abuelita. Toma las fotos de la niña que están en un álbum. Mira una por una. Llora.

Emilia falleció el 28 de octubre del 2020 en una habitación del hospital pediátrico Baca Ortiz de Quito. Allá había llegado desde el Alfonso Villagómez, el centro asistencial de Riobamba a donde ingresó cuatro días antes.

Según un parte policial, el conviviente de su madre la llevó a emergencias inconsciente. En el documento se detalla que el hombre dijo a los médicos que se cayó y se golpeó la cabeza. Pero su relato no coincidía con el nivel de lesiones. El personal llamó a los agentes y fue arrestado. Con la madre ocurrió igual.

Tras un proceso de investigación, hace una semana él fue condenado a 34 años y ocho meses de cárcel por el delito de femicidio. La mamá fue declarada inocente.

Plantón en los exteriores del Juzgado Penal en Riobamba donde se sentenció al femicida que tenía dos identidades. Foto: Cortesía

La Fiscalía de Chimborazo la había vinculado al caso por una supuesta complicidad, pero su abogado presentó como evidencia las grabaciones de la cámara de seguridad de su sitio de trabajo. Con eso comprobó que no se encontraba en su casa cuando su conviviente golpeaba a la niña.

Los parientes de la menor presentarán nuevas denuncias en contra de la mujer.

Como evidencias entregarán el informe de la autopsia médico legal que reveló que Emilia tenía lesiones causadas semanas antes de su muerte.

Cristian Cordero, abogado que patrocina el caso, dice que las diligencias seguirán hasta que se compruebe la responsabilidad de la madre en el maltrato.

“Ha sido muy duro todo esto”, asegura Nancy Guevara. En su casa quedaron los zapatos rojos que Emilia olvidó en su última visita. También están los osos de peluche y cubos de plástico con los que jugaba con otros niños.

Sentada en su sala, la abuela recuerda los momentos que pasó desde que internaron a su nieta, en Riobamba. “Un familiar de la mamá de la niña me llamó al celular y me dijo que mi nieta tenía un tumor en el cabeza y que debo ir al hospital”. Asegura que salió enseguida, que intentó entrar al hospital, pero que no pudo.

Había restricciones por el covid-19 e indica que debió realizarse una prueba.
Cuando al fin pudo verla, dice que la encontró inconsciente, con la cara visiblemente lastimada y con moretones en todo el cuerpo, más en su pierna derecha.

“Las enfermeras me dijeron que llegó toda sucia, en muy malas condiciones, y que tuvieron que darle un baño de esponja. Una de ellas me entregó una fundita de vinchas que le había comprado, pero cuando quise peinarla todo su cabello se desprendió”.

Guevara recuerda que se quedó con ella toda la noche. Los médicos le informaron que la situación era grave y que debía ser fuerte.

Horas después, por la gravedad de su caso, la trasladaron al Hospital Baca Ortiz. Viajó en la ambulancia solo acompañada por una enfermera.

El día del fallecimiento, ella y el resto de familiares se preparaban para viajar a Quito, visitarla y saber cómo estaba.

Pero cuando estaban por salir, uno de los allegados recibió una llamada. El personal del Baca Ortiz se comunicó para decir que la pequeña había muerto.

La abuela recuerda que se quedó en blanco. Poco a poco se ha recuperado y quiere que todos los culpables sean sancionados. Hoy la visita en el cementerio. Emilia está sepultada junto a su papá.