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Iván Saquicela: ‘Ni politizar la justicia ni judicializar la política’

Iván Saquicela Rodas, presidente de la Corte Nacional de Justicia. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Iván Saquicela Rodas, presidente de la Corte Nacional de Justicia. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Iván Saquicela Rodas, presidente de la Corte Nacional de Justicia. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Entrevista a Iván Saquicela Rodas, presidente de la Corte Nacional

¿Hacia dónde enfocará su trabajo como presidente de la Corte Nacional?

Hemos planteado como un aspecto fundamental la independencia judicial. Hemos manifestado que esa independencia de ninguna manera es un privilegio para el juez. La independencia es una garantía para los ciudadanos.

¿Ese mensaje es solo para los jueces nacionales?

Yo no solo soy el presidente de la Corte, soy el representante de la Función Judicial del Ecuador. En ese contexto, hago un llamado a todos los funcionarios para que trabajen con independencia, con transparencia y con eficiencia, tomando en cuenta que el Ecuador espera mucho de nosotros.

En años pasados ha existido persecución y censura hacia los jueces. ¿Qué lecciones le dejó ese tiempo?

Debería ser una lección no solo para los jueces sino para todo el país, sobre la importancia de que se respete la independencia de las funciones. Nosotros no pretendemos interferir en ninguna en ellas y, por lo tanto, también esperamos que se cumpla con la Constitución y la ley.

Siempre ha habido intentos y algunos han logrado controlar la justicia. ¿Cree que eso se repetirá con el nuevo gobierno?

Yo no creería que debo pronunciarme sobre aquello porque estamos en una etapa electoral. Y nosotros, los jueces, debemos ser muy cuidadosos con nuestras expresiones. Habrá su momento, dependerá de las circunstancias y del contexto, en el que debamos expresarnos. Pero los conceptos están claros: defendemos la independencia judicial. Yo soy de los que cree que es importante hacer realidad esta sentencia: ni la politización de la justicia ni la judicialización de la política.

Pero hay un grupo de quienes supuestamente apoyan al expresidente Rafael Correa, y que de llegar al poder ya han hablado sobre una especie de revancha por haberle condenado. Le dicen el juez del influjo psíquico. ¿Cree que eso es una amenaza?

Quienes están en la política que hagan política, yo no tengo nada que responder. Como juez, mi actuación ha sido estrictamente en derecho. Tengo la absoluta certeza, y no solo yo, sino todos quienes hemos intervenido en tantos casos de corrupción, que nuestra actuación ha sido en derecho. Ahora mi rol es de presidente de la Corte. En ese sentido serán mis actuaciones.

¿Cuáles son las metas concretas que quiere alcanzar con esta Corte?

Hay dos aspectos. El pri­mero es la jurisprudencia. ­Una alta Corte debe trabajar en la jurisprudencia para uniformizar criterios en todo el sistema jurídico.

¿Por qué al ciudadano le debería importar la jurisprudencia?

En cualquier país, las normas se pueden prestar a diversas interpretaciones. Cuando existe jurisprudencia se unifica y se da luz sobre el entendimiento correcto de la norma. Es decir, si todos los jueces del país entendemos y aplicamos de la misma manera dichas normas, eso da seguridad jurídica y nos acerca a la justicia.

Y, ¿su segundo objetivo?

Existe la preocupación sobre el despacho de las causas. Quisiéramos hacerlo más rápido y con más eficiencia, pero necesitamos el personal suficiente y capacitado.

¿Tiene alguna meta personal?

Mi principal meta es dejar un mejor sistema de justicia, una mejor Corte Nacional. Quiero cumplir de la mejor manera, y al servicio de la justicia y del Ecuador, mi cargo como presidente.

¿Cuál es su criterio sobre las evaluaciones a los jueces? Siempre que hay una evaluación saltan polémicas por los mecanismos, por cómo se mide la eficiencia, si por el número de resoluciones o por la calidad de las sentencias…

Sobre eso ya hay una reforma al Código Orgánico de la Función Judicial, en donde se determinan los aspectos que deben evaluarse. Y sobre los jueces de la Corte Nacional dice que la evaluación no tiene como resultado el cese de sus funciones.

La crítica es que la evaluación ha sido una herramienta para controlar a los jueces.

Como funcionarios no debemos negarnos a ser evaluados, pero eso no puede tener un fin de persecución ni debe tener un objetivo de entrar a cuestionar las decisiones jurisdiccionales, porque eso afecta a la independencia.

Hablemos de usted. ¿Su meta siempre fue ser presidente de la Corte?

Yo realmente siempre quise ser abogado. Desde muy temprano descubrí mi vocación. Puedo decir que desde los 7 años ya quería ser abogado.

¿Qué pasó a esa edad?

Tenía un profesor que nos pegaba. Yo recuerdo que estaba en segundo grado de la escuela y fue el supervisor a nuestra aula. Preguntó cómo nos iba con el profesor y todos dijeron perfecto. Pero yo alcé la mano y dije que él nos jalaba de las patillas. Se hizo un problema, llamaron al profesor, a mis padres, al rector. Al final, al profesor no se lo sancionó porque llegaron a un acuerdo con mis padres de que ellos no presentarían ninguna queja, siempre que se comprometiera a cambiar su actitud. Y a partir de allí, en toda la escuela nunca más se agredió a ningún niño.

Formación. Tiene 45 años y es doctor en Jurisprudencia por la Universidad de Cuenca. Tiene una maestría en Ciencias Penales y Criminológicas por la Universidad Regional Autónoma de los Andes. Es especialista en justicia indígena.

Trayectoria. Ingresó como conjuez penal a la CNJ. Se desempeñó como Fiscal de Cuenca. Fue vicepresidente del Consejo de Tránsito del Azuay. También fue miembro y secretario nacional de Amnistía Internacional.

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