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Informáticos sortean al covid-19 en cada teleaudiencia judicial

Santiago Cabezas, técnico informático, dice que cuando comenzó la pandemia tuvo miedo de llevar el virus a su casa porque vive con su padre de 65 años. Foto: EL COMERCIO

Santiago Cabezas, técnico informático, dice que cuando comenzó la pandemia tuvo miedo de llevar el virus a su casa porque vive con su padre de 65 años. Foto: EL COMERCIO

Diego Guevara, técnico informático, tiene gel antiséptico y se lo coloca cada vez que manipula los equipos porque no quiere contagiarse. Foto: EL COMERCIO

Dos días después de que estallara la crisis sanitaria, Santiago Cabezas recibió por correo la disposición de dar soporte técnico en una audiencia virtual en la Corte de Pichincha. Los jueces debían resolver la prelibertad de un detenido.

Cabezas trabaja dos años y medio en esa dependencia de la Función Judicial; el 18 de marzo llegó a la Corte a las 09:00.“¿Tuve temor a contagiarme? Claro. Eran días duros y yo vivo con mi padre de 65 años”.

Recuerda que todo era desolado. Las oficinas estaban cerradas. La orden era que se realizara teletrabajo en casa. Pero las audiencias no pararon y debían instalarse telemáticamente.

Eso implicó que los técnicos se mantuvieran activos siempre. El guardia tomó su temperatura, desinfectó su ropa y entró. Dice que “todo cambió de la noche a la mañana”. Recibió una mascarilla y gel antibacterial. “En la sala estuve solo y lo primero que hice fue limpiar bien los equipos”.

Santiago Cabezas, técnico informático, dice que cuando comenzó la pandemia tuvo miedo de llevar el virus a su casa porque vive con su padre de 65 años. Foto: EL COMERCIO

El personal de tecnología cuenta que ha sido nuevo montar operaciones virtuales diarias en las que estén conectados jueces, fiscales, defensores públicos, abogados y procesados.

Aseguran que antes de la pandemia lo hacían, pero de forma esporádica y no se conectaba a todas las partes.

Diego Lagos recuerda que ayudó a instalar una diligencia telemática, pero a los 15 minutos se fue la luz y la Internet en la casa de la magistrada que conocía un caso de violación. Entonces, sobre la marcha ayudó a que la jueza se uniera a la sala virtual a través del celular.

Al inicio, las teleaudiencias se aplicaban solo en casos de delitos flagrantes, violencia de género y en temas relacionados con presos, como el que ayudó a instalar Santiago Cabezas. El resto de procesos judiciales quedaron congelados.

Pero desde el 11 de mayo, las videoaudiencias se aplican en más áreas y se realizan a diario.

Los técnicos ejecutan más operaciones. Indican que han tomado precauciones, pero que hay personal contagiado.

Hasta el 12 de agosto, 122 judiciales contrajeron coronavirus en Pichincha. Unos ya están bien y han regresado.

El 15 de junio, en el edificio donde trabaja Diego Lagos se confirmó que un funcionario de la Sala Penal dio positivo.

19 judiciales, que tuvieron contacto con el paciente, se aislaron 14 días en sus domicilios.

Lagos cuenta que ese día, al regresar a su casa, colocó cloro en los zapatos, roció alcohol en la ropa y el traje de bioseguridad lo llevó a la lavadora. “Mi hijo tiene 6 años. Cuando me vio corrió a abrazarme, pero le dije que no se acercara. Eso es lo más duro de todo esto”.

Diego Lagos, técnico informático, comenta que cuando llega a su casa su de 6 años quiere abrazarlo pero le pide que no lo haga por seguridad. Foto: EL COMERCIO

Algo similar ocurrió con Santiago Cabezas. En abril se confinó, pues tuvo contacto con un funcionario de Archivo que estuvo enfermo. “La coordinadora de la Unidad de Tecnología me llamó a decir que no podía ir al trabajo por una semana. Volví cuando la prueba me dio negativo”.

Hace ocho días murió Javier Tipán. Tenía 57 años y durante 16 trabajó como técnico de audiencias en la Función Judicial.

Las oficinas de Machachi y Rumiñahui fueron los últimos sitios en donde laboró. El 29 de julio fue trasladado a un hospital, pues tenía dificultades para respirar, tos seca y fiebre. La prueba covid-19 dio positivo.

Su cuadro empeoró, entró a terapia intensiva y le intubaron. 10 días después falleció. Su esposa y su hija también resultaron contagiadas.

Para evitar un aumento de casos, la Judicatura dice que entregan periódicamente a los funcionarios mascarillas y gel antibacterial.
Establecieron un protocolo de bioseguridad.

Para ingresar a las oficinas se les toma la temperatura y se desinfecta la vestimenta.

El personal de limpieza sanitiza, cada seis horas, puertas, mesas y equipos electrónicos.

Cuando Diego Guevara acude a la Corte Nacional a dar soporte tecnológico en las videoaudiencias usa traje, mascarilla y guantes. Es parte de las medidas de bioseguridad.

Su tarea es evitar fallas técnicas. Por ejemplo, el 7 de abril, cuando se conoció el fallo en el caso Sobornos, Guevara llamó a Alexis Mera, quien comparecía desde Guayaquil y lo ayudó, porque no podía conectarse a la plataforma digital.

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