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Fiscalía verifica datos revelados por agentes en caso Balda

Diego Chimbo (izq.), abogado de Raúl Chicaiza y Diana Falcón, junto a la defensa de los otros vinculados en el caso. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO.

Diego Chimbo (izq.), abogado de Raúl Chicaiza y Diana Falcón, junto a la defensa de los otros vinculados en el caso. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO.

Diego Chimbo (izq.), abogado de Raúl Chicaiza y Diana Falcón, junto a la defensa de los otros vinculados en el caso. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO.

El expediente judicial sobre el caso Balda arroja más datos respecto a los policías capturados por el secuestro del exlegislador, en el 2012. Raúl Chicaiza, Diana Falcón y Jorge Espinoza cumplen hoy (25 de junio del 2018)  96 días en prisión preventiva.

¿Quiénes son y qué funciones cumplían estos agentes antes de su vinculación en esta causa? Chicaiza tiene 43 años y llegó a obtener el grado de sargento primero de la Policía.

Antes de ser asignado para viajar a Bogotá y organizar el plagio, había pasado, por ejemplo, por la Dirección General de Inteligencia de la Policía (DGI). En su testimonio entregado en la Corte contó que allí trabajó hasta el 2010 y que luego lo trasladaron a la Secretaría Nacional de Inteligencia (Senain), creada en el 2009.

En los expedientes judiciales se detalla que la llegada de Chicaiza a la Senain coincidió con la creación de la denominada Unidad de Barridos Electrónicos, que a decir del agente funcionaba en el piso 17 del edificio Benalcázar 1 000, en Quito.

En esa unidad manejaba aparatos que permitían verificar si en los ministerios o en las entidades del Estado se habían colocado cámaras de espionaje, sistemas de captación de datos o escuchas telefónicas.

El uniformado declaró ante la jueza Daniela Camacho que le encargaron capacitar a 24 policías en el uso de este tipo de tecnología. Luego de esa formación, los agentes fueron asignados a la DGI, a la Senain y a la Unidad de Gestión de Seguridad Interna de la Presidencia de la República (UGSI).

Un año después (2011), cuando Pablo Romero asumió la Subsecretaría Nacional de Inteligencia, recibió una nueva tarea: identificar en redes sociales a todos los que se expresaban contra el Gobierno central y en especial contra el presidente Rafael Correa.

Pero el 30 de mayo del 2012 recibió la orden de Romero de viajar a Colombia para localizar a Fernando Balda y allí se inició la operación denominada ‘Wilson’, relató Chicaiza.

Esos datos los entregó como parte de la cooperación con la justicia, con la intención de beneficiarse de una reducción de la pena cuando se dicte sentencia. Ahora, esos datos son verificados por Fiscalía.

Diana Falcón, en cambio, es cabo segundo. Ingresó a la Policía el 22 de julio del 2010 y en su currículum policial se dice que cumplió funciones en la DGI hasta mayo del 2013.

Ella mencionó que trabajaba para la Unidad de Barridos Electrónicos, pero eso no consta en su hoja de vida.

Declaró que en junio del 2012 recibió una llamada de Raúl Chicaiza. Él era su jefe inmediato y le había pedido ir a las oficinas de la Senain, porque allí le esperaba Romero, quien para esa fecha ya dirigía esa Secretaría. También debía estar el director de Inteligencia, Fausto Tamayo.

En esa reunión le comentaron que iba a participar en una operación. “El señor Romero me preguntó si ya había hecho alguna operación de Inteligencia y le dije que no. Le pregunté de qué se trataba y me dijo que solo debía ver que mi compañero se encontrara bien”.

Según Falcón, en ese momento no sabía quién era Balda y tampoco conocía sobre la operación ‘Wilson’.

De Jorge Espinoza, el tercer agente procesado, no se tiene mayor información. Su hoja de vida revela que es suboficial y que desde el 2016 trabajó en el Servicio de Inteligencia.

Chicaiza aseguró en la Corte que su compañero no tuvo participación en la operación.

Los movimientos migratorios del agente muestran que el 10 de agosto del 2012 viajó a Bogotá y retornó tres días después. Chicaiza explicó que días antes de que él viajara para traer a Balda al Ecuador se encontró “coincidencialmente” con Espinoza.

Este último le habría contado que en el feriado viajaría a Bogotá. “Yo le ofrecí comprar los pasajes y quedamos en que luego me pagaba”, narró Chicaiza. Ese sería un primer elemento que involucró a Espinoza en el caso de secuestro.

Otro elemento que lo relaciona es el pago de una cena de las personas que iban a perpetrar el secuestro de Balda y que aparece en su tarjeta de crédito.

Este tercer agente ha permanecido en silencio y decidió no cooperar con la justicia, como sí lo hicieron los otros dos.