24 de February de 2011 00:00

‘Las drogas llevan consigo violencia a la cárcel’

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Entrevista a James Haimes, experto británico en materia penitenciaria.

En Ecuador no se logran superar los problemas del sistema de rehabilitación social. ¿Cómo lograr un viraje completo en esta materia?

Aquí hay varias cosas importantes. Primero, es lo que se ofrece dentro de las cárceles en cuanto a capacitación; y segundo, las oportunidades en la comunidad. Los otros elementos son la familia y el empleo. Si no cambiamos ese ambiente, el privado de libertad saldrá a vivir en las mismas condiciones y no hemos tocado la reinserción. Dentro de las cárceles es importante ofrecer capacitación y educación apropiada. Afuera, en cambio, establecer oportunidades de empleo que reduzcan la posibilidad de que vuelvan a ser detenidos. Es un proceso largo, que no solo toca el sistema penitenciario, sino el social.

¿Cómo lograr ese objetivo?Primero, buscar las causas de la delincuencia. Estas son variables. En Inglaterra, por ejemplo, se nota que el 70% de los condenados esta allí por drogas. La gran mayoría de robos tiene que ver con la necesidad de pagar el consumo de alcaloides. En este caso, si se quiere rehabilitar lo importante es establecer políticas para enfrentar el consumo de drogas en la sociedad. Y ya en la cárcel se puede ofrecer programas de desintoxicación.

Pero un tratamiento a los presos no existe en Ecuador.

No existe en muchos países. Lo que todos buscamos es esa vinculación. Para eso hay que anticipar oportunidades.

Otro problema en los centros penitenciarios es el paso de drogas y armas para los internos. ¿De qué manera se puede controlar aquello?

El ingreso de drogas lleva consigo una violencia, porque todo el negocio de drogas adentro está vinculado con una imposición o mercado cautivo de consumidores. Es importante controlar. La manera para hacerlo será difícil, porque una vez descubierta una manera de introducir se inventan otra. En Inglaterra, el problema es grave. Por eso hemos introducido leyes incluso para detener a aquellas personas que ingresan celulares a las prisiones. Estos aparatos permiten controlar el ingreso de los estupefacientes.

¿La persona que ingresa celulares comete delito?

Sí, pero siempre van buscando formas para comercializar las drogas. Por ejemplo, descubrimos que tomaban una paloma muerta y la llenaban con droga, luego la lanzaban por encima de la muralla y nadie sospechaba de eso. También utilizaban una pelota de tenis repleta de droga o lanzaban el producto con una lanza y una flecha.

En cuanto al hacinamiento, ¿Inglaterra tiene el mismo problema que Ecuador?

Allí tenemos 140 cárceles con 83 000 privados de libertad. Es un poco escondido el hacinamiento, pues esto se puede esconder redefiniendo el cupo de las celdas. Si tengo una individual, el director dice esto tiene cupo para dos personas. Entonces, teóricamente no tenemos hacinamiento, porque dicen que se ocupa el 98% de los cupos.

¿Qué ocurre en la práctica?

Allá tenemos una sobrepoblación del 115%.

¿Cómo superar eso?

Depende de la causa. En la región de América se nota que el problema es de prisión preventiva, porque la mayoría de privados de libertad se trata de procesados y no de condenados. Y hay que considerar si se trata de la demora del proceso, del acceso a la defensa pública o de a la actuación de los fiscales. En muchos países de Europa se ve que el problema de hacinamiento depende de políticas de penas largas.

Bajo esta consideración, ¿usted está de acuerdo con el aumento de penas?

Es poco difícil. La falta de rehabilitación es un efecto del hacinamiento. Con esto se reduce la posibilidad de rehabilitarse. En cuanto al endurecimiento de penas, en nuestro caso tenemos las penas indeterminadas. Y corremos el peligro de que si uno no sabe cuándo va salir, tampoco sabe cómo rehabilitarse.

En Ecuador se habla de otro riesgo: mientras mayor sea el tiempo de permanencia en la cárcel, los internos se perfeccionan en actos delincuenciales.

En varios casos se nota que la cárcel puede ser como una escuela de aprendizaje de la delincuencia y en particular entre los jóvenes. Por eso es importante que ofrezcamos otra visión de rehabilitación, otros talleres, otra capacitación, según las necesidades.

¿Qué opina de que la Policía se haga cargo de las cárceles y de que estas sean militarizadas en el exterior?

Yo dependo de instrumentos y de convenios internacionales. En estos se ha determinado que la cárcel es un servicio civil.

¿Cuál es el riesgo de militarizar y de poner policías?

Puede haber un conflicto de intereses si las cárceles dependen de los policías, porque ellos tienen otro papel, como es la investigación del delito. Es decir, al mismo tiempo investigan y vigilan los lugares de detención.

Pero ¿qué hacer con guías penitenciarios con falta de capacitación?

Es necesario que el personal penitenciario sea apropiado para el papel que debe cumplir. Aquí en Ecuador hablé con dos guías y me dijeron que ellos han pasado seis meses en formación inicial. Eso es bueno. En este tiempo sí se puede ofrecer una formación humana y psicológica.

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