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Así se controla la droga en el aeropuerto Mariscal Sucre de Quito

Personal de unidades especializadas de la Policía Nacional realiza controles en la terminal aérea de Quito. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Personal de unidades especializadas de la Policía Nacional realiza controles en la terminal aérea de Quito. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Personal de unidades especializadas de la Policía Nacional realiza controles en la terminal aérea de Quito. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Uno tras otro, los pasajeros pasan a la zona de preembarque del Mariscal Sucre, el aeropuerto internacional de ­Quito que opera en Tababela. ­Para llegar allí deben atravesar la banda para el equipaje de mano y el escáner para el control de metales. Todo es observado por agentes antinarcóticos que permanecen detrás de vidrios tipo espejo. Desde allí nadie puede verlos.

El rastreo empieza cuando los viajeros llegan a la terminal aérea. Las operaciones las ejecutan dos grupos: la Unidad Nacional de Investigación de Puertos y Aeropuerto (Unipa) y la Unidad Nacional de Adiestramiento Canino (UNAC). Este Diario estuvo con el personal en todos los filtros. Se ­observa el mínimo gesto que active cualquier alerta: nerviosismo, estrés, angustia o sudoración excesiva.

Las sospechas aumentan si viajan solos, si las maletas son nuevas y están semivacías o si evitan tomar agua. Este último comportamiento es muy común entre quienes portan cápsulas con droga en sus estómagos. Ellos no pueden ingerir líquidos, pues de hacerlo podrían expulsar lo ingerido.
Estos indicios se cruzan con el destino de los viajeros: España, Países Bajos, Alemania, Panamá y México.

En el 2020, cinco personas fueron descubiertas, pues pretendían llevar a México cocaína camuflada en su organismo.

En el aeropuerto también se ha encontrado droga oculta en productos de exportación y mulas que llevan sustancias en sus maletas.

En la oficina Antidrogas, uno de los cinco funcionarios que está de turno revisa las listas entregadas por las aerolíneas.

Con resaltador subraya los nombres de pasajeros de “alto riesgo”. En un vuelo hacia Panamá, los funcionarios ubican a tres jóvenes con comportamientos extraños: viajan por primera vez. Esperan que obtengan sus boletos de preembarque para llevarlos a una oficina de 3 metros cuadrados.

Adentro solo hay una mesa y una silla. Uno de ellos se sienta, los otros dos esperan afuera.

Un investigador pide permiso para abrir la maleta. Otro revuelve las pertenencias, hace preguntas: ¿hacia dónde va?, ¿por qué motivo?, ¿cuántos días?, ¿quién les recibe?, ¿en dónde se alojará?

Las preguntas son las mismas para todos. Mientras esperan, los tres pasan con la mirada en el celular. Al final, los policías no encuentran inconsistencias. En el 2020 fueron detenidas 22 personas por esconder cocaína en sus maletas.

La llevaban en dobles fondos o camuflada en otras sustancias, como talco o champú.

En octubre pasado fueron descubiertos 22 kilos de droga que pretendían salir hacia México. Estaba oculta en fundas de leche en polvo.

La operación se denominó La Vaquita. Hubo tres detenidos. Uno era un policía que pertenecía a ese grupo. La primera alerta se dio cuando los uniformados notaron el nerviosismo de dos pasajeros.

Dos sospechosos fueron llevados a una segunda oficina de Antinarcóticos. Allí van los que en la entrevista se contradicen o muestran nerviosismo. En ese lugar hay una máquina de rayos X, un aparato de 2 metros de alto por 1 metro de largo que escanea todo el cuerpo.

La última vez que se usó la máquina fue en diciembre pasado, cuando se detectó que una persona viajaba a México con droga en su estómago.

En la operación La Vaquita no fue necesario emplear la máquina. Los agentes dicen que uno de los detenidos, quien estaba más nervioso, les reveló el plan. Dijo que en la zona de preembarque un policía le iba a entregar dos mochilas llenas de cocaína.

Felipe Coba, jefe de la Unipa, y otros dos uniformados montaron un operativo para detener a su compañero. “Al principio no conocíamos quién era, pero sabíamos que la entrega sería en el baño y estuvimos cerca de allí esperándolo”.

Coba aún recuerda el rostro del agente al verse descubierto. Luego fue llevado con las autoridades judiciales.