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El Consejo de 4 generales

 En la resaca, tras el 30 de septiembre, no se meditó mucho sobre la decisión del Gobierno de dejar fuera de la Policía a seis generales; tampoco respecto al hecho de que la Fuerza solo se quedara con cuatro oficiales de ese rango -están por cumplir un año en esa jerarquía-.

Pero ese relevo, que no sorprende en un sistema político como el ecuatoriano -que históricamente ha delegado el Mando de la Fuerza Pública a personas de confianza de los gobernantes-, dejó a la Policía sin Consejo de Generales.

Desde el 6 de octubre de 1995 ha estado vigente una norma que puntualiza que el Consejo se conforma al menos con cinco generales.

Con apenas cuatro oficiales de ese grado activos desde el 1 de octubre del 2010, la Policía corría el riesgo de quedar acéfala. ¿Por qué? Porque sin el Consejo no se pueden nombrar generales: calificación de coroneles para el ascenso. Por ello, es oportuna la reforma del Ejecutivo (22 de octubre último) al reglamento de 1995, para permitir que ese cuerpo pueda actuar con los cuatro generales y tres votos.

Es oportuna porque otra de las competencias del Consejo de Generales es depurar la Policía: dar de baja a los efectivos que incurren en faltas.

Ojalá que la reforma que dio piso al Consejo de cuatro generales sea “indispensable” (la palabra reza en el Decreto 521) no solo para evaluar la conducta de los agentes investigados por los hechos del 30-S. Que sirva también para revisar las supuestas faltas de policías en los 1 500 casos que reposan en Asuntos Internos, como el de la selección de cadetes durante el 2009.

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