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Gabriela Núñez: ‘Sicarios arrebataron la vida de Anyi y pedimos sanciones’

Gabriela habló por teléfono desde Venezuela y mostró la fotografía de Anyi, que está colocada en un altar armado por la familia. Foto: Cortesía

‘Dos disparos le arrebataron la vida a mi hermana. Anyi (Núñez) vivía en Guayaquil desde el 2018. Llegó después de dejar nuestra natal Venezuela. La crisis la obligó a migrar para poder salvar la vida de Maxi, el menor de sus dos hijos.

Él tiene 4 años y padece una discapacidad visual y una parálisis cerebral que no le permite moverse.

A diario necesita cuatro terapias y para costearlas Anyi decidió ir a Ecuador. No le importó dejar su profesión de abogada, especialista en protección al menor, y se marchó en busca de recursos económicos.

Todos los días hablaba con sus pequeños. Hacía videollamadas y les enviaba audios. La mañana del 29 de abril me dijo que en diciembre regresaría a Venezuela definitivamente. Todos nos pusimos felices por su decisión, pero la alegría se desvaneció ese mismo día cuando nos avisaron que dos sicarios la atacaron.

Nos preguntamos todo. ¿Qué pasó? ¿Quién fue? ¿Por qué lo hicieron? Pero 16 días después de su muerte todavía no tenemos respuestas.

Lo único que sabemos es que dos hombres en una moto llegaron al negocio de repuestos de carros, en donde ella trabajaba, y le dispararon.

La autopsia indica que la primera bala le mata a mi hermana, pues le perforó el pulmón y el corazón.

El segundo disparo fue directo a la frente. Los policías dijeron a mi primo que vive en Quito que esa precisión de los sicarios denota que eran profesionales. Nosotros estamos en Venezuela y mi primo es quien se encargó de todos los trámites legales.

Él nos contó que los agentes lo llamaron desde el mismo teléfono de Anyi para avisarle que había muerto.
Acá nos desesperamos. No podíamos creer lo que había pasado y tampoco sabíamos qué hacer.

En las noticias de Ecuador siempre veíamos que en Guayaquil había mucho sicariato, pero jamás nos imaginamos que nos golpearía.

Yo estaba decidida a viajar a Ecuador, pero mi madre es hipertensa y se agravó con la noticia. Tuve que enviar un poder notariado desde acá para que mi familiar pudiera retirar el cadáver de Medicina Legal.

Con ese documento también pudo poner una denuncia, pero hasta ahora no hay detenidos ni sospechosos ni procesados. Yo no sé cómo es la justicia en Ecuador, pero en todo el mundo la vida de una persona es valiosa y no es justo que el asesinato de mi hermana quede en la impunidad.

En un canal de televisión escuchamos que un policía dijo que se investigaba posiblemente problemas sentimentales. Mi hermana tuvo una relación con un hombre, pero lo dejó hace meses. Ella no tenía ni deudas.

Nunca nos habló de algún problema o de enemigos. Lo único que hacía era trabajar y mandar dinero para sus hijos. A nosotros nos tocó hacer un préstamo grande en Venezuela para poder costear la cremación y la repatriación de los restos de mi hermana. Todos fuimos a recibirla al aeropuerto. Llegó seis días después de su muerte. La sepultamos en el cementerio municipal de Tocuyito.

Desde entonces seguimos en la lucha por hallar respuestas. Todos los días paso sentada frente al teléfono llamando a la Fiscalía de Ecuador para que me digan cómo avanza la investigación. Pero el teléfono siempre está ocupado o no responden.

Es muy difícil buscar justicia a miles de kilómetros, pero lo seguiremos haciendo, porque los asesinos de mi hermana aún están libres en las calles y posiblemente haciendo más daño a otras familias.

Mi mamá está devastada, lo único que hace es rezar por mi Anyi. No duerme, pasa el día con medicinas y solo así se tranquiliza. Mis sobrinos están con su padre y lloran mucho. El mayor tiene 8 años y es el que más pregunta por su mamá. A ellos les avisamos de la muerte dos días después, porque extrañaban hablar con su madre, pues les llamaba a diario. Obviamente no les dijimos la forma violenta en que falleció.

Les contamos que dos hombres ingresaron al local donde trabajaba y que le dispararon. Los dos niños están con ayuda psicológica. Nosotros en cambio armamos un pequeño altar con la foto de mi hermana. Eso nos ayuda a tenerla siempre presente.

Lo único que pedimos es que las indagaciones de la Policía y Fiscalía no se queden represadas. Los agentes tienen en su poder el teléfono de mi hermana y deben hacer un peritaje. También deben llamar a declarar a todas las personas que tuvieron contacto con ella en sus últimos días”.

Su vida

Anyi Núñez tenía 28 años cuando fue asesinada en el norte de Guayaquil. Sus familiares dicen que desde su arribo a Ecuador trabajó en una línea de taxis, en un restaurante y en un almacén automotor. En el 2019 regresó a su país para visitar a su familia. En sus redes sociales compartía las fotos de sus dos niños. Difundía las campañas que hacía para recaudar fondos y ayudar a su hijo menor. Ahí también escribía mensajes religiosos.