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Coronel Alexander Levoyer: ‘Disparamos cohetes cerca de Alberto Fujimori’

Alexander Levoyer Director de la Academia de Guerra

Alexander Levoyer Director de la Academia de Guerra

Alexander Levoyer Director de la Academia de Guerra

La estrategia aérea de Perú quedó anulada. Todos los helicópteros que nos enviaban los derribábamos. En 1995, durante el conflicto, era capitán y comandé la Batería de Artillería Antiaérea. Con la autorización de los generales (Paco) Moncayo, y (Luis) Hernández planifiqué el empleo de los proyectiles para derribar aeronaves en los frente del río Cenepa y Santiago. Dejé 60 misiles en diferentes destacamentos desde diciembre de 1994 y en enero estaba todo listo.

Los primeros días teníamos restricción de no atacar los helicópteros, aunque había muy buenas oportunidades. Una vez que empezaron las operaciones (el conflicto), los pilotos peruanos comenzaron a volar y se nos autorizó abrir fuego.

Primero usamos la artillería antiaérea. El 29 de enero de 1995, justo en la fecha que se recordaba un aniversario más del protocolo de Río de Janeiro, derribamos dos helicópteros. Uno cayó cerca del destacamento Teniente Hugo Ortiz y el otro en Coangos.

Las operaciones peruanas siguieron y había ataques en diversos sectores. Continuaban usando aeronaves. El 7 de febrero nuevamente derribamos dos helicópteros en los sectores de Twintza y La Y con los misiles antiaéreos denominados Igla que eran fáciles de transportar. Un solo soldado podía ponerse al hombro ese tubo por donde sale el misil. En definitiva, derribamos cuatro helicópteros.

Pero también usamos artillería de campo. Son proyectiles tierra a tierra. Metimos a la selva cañones de 75 milímetros que no tuvieron buen alcance. Esa artillería estaba empleada (instalada) en Loja y en El Oro y teníamos que sacar poco a poco para llevarla a Morona Santiago.

Insistimos al mando militar y luego trajimos el material Oto Melara que es artillería italiana de montaña. Se puede desarmar en 7 partes y podíamos embarcar en helicópteros para trasladarlos a la selva. El problema era la munición. En un vuelo se meten las piezas y 200 o 400 granadas. Eso era pesado y difícil de transportar. Esos proyectiles tienen un alcance de 11 kilómetros. Los peruanos también tenían y los usaban.

La sorpresa estratégica la dimos nosotros cuando logramos activar unos camiones con lanzadores de cohetes. Tiene 40 tubos, 40 bocas de fuego y se pueden disparar a una distancia de 20 kilómetros. No está registrado el empleo generalizado de esta arma, porque para usarla se tenía que crear condiciones previamente. Lo bueno es que en 1981, las Fuerzas Armadas construimos caminos para meter este material. Esas vías servían para comunidades y destacamentos. Pero los peruanos no las tenían. Y aunque poseían las mismas baterías no podían llevarlas a la selva.

El arma se llama BM-21. Es soviética. Nosotros las compramos a Nicaragua a buen precio. Es poderosa. Arrasa con zonas y no solo con un punto específico como lo hacen las otras armas que le comenté. El poder destructivo es de 4 hectáreas o más de cuatro canchas de fútbol profesional.

Por las repercusiones estratégicas y las bajas que causaba, solo podía disparar por orden del general Moncayo. Nunca tuvimos ese carácter ofensivo, como le había comentado. Constantemente hostigábamos al enemigo. Las usamos durante 16 días. Tuvimos confirmación que acertamos en 9 misiones: destruimos artillería enemiga, un helicóptero en tierra y a personal de grupos contrasubversivos.

Hay una anécdota importante. Esto sucede después del ‘Miércoles Negro’, en el que mueren 13 soldados ecuatorianos, porque Perú no respetó el cese al fuego.

Ese día, el presidente peruano (Alberto Fujimori) había estado en el puesto Soldado Pástor. Nosotros no sabíamos, en la selva no había televisión para conocer que estaba en una visita. Estábamos en guerra.

Como represalia al ataque a nuestros soldados, a las 20:00 del 22 de febrero de 1995 nos autorizan que lancemos una misión de fuego de 80 cohetes. A las 04:00 volvimos a disparar otros 80.

Luego nos enteramos que el presidente peruano sintió ese bombardeo que cayó cerca de su posición. Después del primer ataque, él había amenazado con generalizar la guerra. Pero como no sabíamos de la advertencia, lanzamos el segundo más fuerte. Fue como haberle dados dos cachetadas. Al otro día, inteligencia militar nos informó que tuvieron 60 vuelos para evacuar heridos, cuerpos y para fortalecer sus posiciones. Pocos días después se declaró un cese de hostilidades.

Actualmente soy coronel de Estado Mayor y Director de la Academia de Guerra del Ejército. Tengo 54 años.

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