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Agresores de mujeres, sometidos a terapia

El jueves, hombres que reciben tratamiento en Las Tres Manuelas hicieron un trabajo grupal. Foto: EL COMERCIO

El jueves, hombres que reciben tratamiento en Las Tres Manuelas hicieron un trabajo grupal. Foto: EL COMERCIO

El jueves, hombres que reciben tratamiento en Las Tres Manuelas hicieron un trabajo grupal. Foto: EL COMERCIO

Llegan en grupos de dos o tres. Es jueves. Un poco antes de las 08:00 ingresan a un salón, saludan, se abrazan, se estrechan las manos y conversan en voz baja. Son 18 hombres. Todos están allí luego de que un juez les ordenara someterse a un tratamiento psicológico tras agredir a sus parejas.

En Las Tres Manuelas, un centro de apoyo que funciona en el centro de Quito, están Pedro, Marco y Francisco. Mauricio dice que llegó a hace dos meses. Su mujer, con la que estuvo casado 21 años, lo denunció por violencia física y psicológica. Entonces, una jueza ordenó que asistiera a terapias.

Él asegura que nunca agredió ni física ni psicológicamente a su pareja, aunque reconoce que las discusiones se agravaron cuando ella salía a trabajar y él se quedaba al cuidado de tres hijos y de la casa.

“Ella se olvidó del hogar y por eso peleábamos”. Pero cree que eso no es agresión.

La jueza vio en este caso un riesgo y otorgó a ella una boleta de auxilio. Además, dispuso que él saliera de casa.

Pedro también fue denunciado hace cuatro meses. Su exesposa lo acusó de violentarla psicológicamente, de amenazarla de muerte y de dejarla encerrada en el departamento. Él niega todo. “Cómo voy a atentar contra la madre de mis cuatro hijos”.

Ahora está en tratamiento. Quienes deciden asistir deben pasar cinco meses con psicólogo y con terapeuta familiar.

Hacen meditación, hablan de las diferencias entre hombre y macho, de los roles asignados socialmente a los hombres.

Recuerdan hechos violentos de su infancia, aprenden el significado de equidad y les enseñan que hombres y mujeres tienen los mismos derechos.

El año pasado, los jueces ordenaron que 83 hombres fueran a Las Tres Manuelas, el único centro público que atiende este tipo de personas en Quito (en el resto de ciudades acuden a los psicólogos de los centros de salud del Estado). Ese año, solamente asistieron 50 y dos reincidieron.

En el Código Penal (art. 558) hay 12 medidas para proteger a las víctimas de la violencia de género. Una es precisamente la atención psicológica a los agresores y dependerá del juez si le otorga o no este beneficio.

A otros se les prohíbe acercarse a la víctima, volver a la casa donde está la afectada o acudir a sus reuniones.

De hecho, en el 2018, a escala nacional se reportaron 2 272 denuncias por agresiones físicas. En enero de este año, las oficinas fiscales del país recibieron 2 086 quejas por violencia psicológica.

Entre ese mes y febrero de este año, los jueces ordenaron que en Quito 32 hombres denunciados se sometieran a una terapia en Las Tres Manuelas y apenas asistieron 18.

En caso de no acudir, los abogados de las víctimas notifican a los jueces que el agresor no está en terapias y se puede ordenar la captura por el delito de incumplimiento de decisiones legítimas. En el COIP (art.282), ese ilícito es penado con cárcel de uno a tres años.

El año pasado, solo tres de los 33 incumplimientos fueron notificados judicialmente y fueron arrestados. En el resto de casos, los defensores no denuncian y tampoco hay un seguimiento de las órdenes que emiten los magistrados.

Marco tiene 26 años. El jueves llegó a Las Tres Manuelas, luego de que su exnovia le acusara ante un juez por violencia psicológica. Con ella tenía cuatro años de relación. “Crecí en un hogar donde mi padre le pegaba a mi mamá y aprendí eso”.

Durante los dos meses que lleva en la terapia dice que aprendió a controlar su carácter y que “las mujeres no tienen que someterse al hombre”.

El jueves, el tratamiento duró cuatro horas. En ese tiempo, hicieron dos grupos de trabajo. El terapeuta que dirigió la sesión hizo que escribieran en carteles el significado de ser hombre y luego construyeron un muñeco de cartón.

En esa figura colocaron lo que ellos consideraron son las características positivas de un ser humano: valentía, respeto, solidaridad, responsabilidad, amor y trabajo.

Al finalizar la sesión, los hombres volvieron a ponerse en círculo y cada uno dijo qué aprendió durante ella.

En contexto

Hace dos meses, Diana Carolina fue apuñalada por su pareja en una calle de Ibarra. En febrero, un caso similar ocurrió en Quito. Su expareja la apuñaló frente a los vecinos. Ella tenía boleta de auxilio que no la protegió.