3 de abril de 2019 11:51

Dos jóvenes denuncian intento de secuestro en la zona comercial del norte de Quito

Imagen referecial. El hecho sucedió minutos antes de las 20:30 del martes 2 de abril, en las avenidas República del Salvador y De los Shyris, en el norte de Quito. Foto: Archivo / EL COMERCIO

Imagen referencial. El hecho sucedió minutos antes de las 20:30 del martes 2 de abril, en las avenidas República del Salvador y De los Shyris, en el norte de Quito. Foto: Archivo / EL COMERCIO

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Redacción Elcomercio.com

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Cristina de 25 y Ana de 26 años denunciaron la mañana de este miércoles 3 de abril del 2019 cerca de las 10:30 en la Fiscalía una nueva modalidad de secuestro que les quisieron realizar en Quito.

El hecho sucedió minutos antes de las 20:30 del martes 2 de abril, en las avenidas República del Salvador y De los Shyris, en el norte de Quito.  Según el relato de Cristina, que compartió la cronología de lo sucedido en su cuenta de Facebook.

A continuación el testimonio de Cristina sobre el intento de secuestro


Estábamos caminando por la avenida De los Shyris a unos 20 pasos de los shawarmas de la República del Salvador. Un señor y una señora simulaban discutir en la vía pública junto a un taxi, cerca de un charco de agua. La señora, que se hacía pasar como una clienta insatisfecha reclamaba al supuesto taxista porque se había parado en el charco y que por su culpa se había empapado los pies.

Las dos caminamos cerca de los señores y cuando menos lo pensamos el hombre tomó a mi amiga por los brazos y la lanzó contra la pared. Sacó un cuchillo de su manga y se lo puso en el cuello. Mientras tanto la señora trató de hacer lo mismo conmigo pero no logró atraparme. Vi el cuchillo en el cuello de Ana y me dio terror tratar de forcejear con el señor porque sabía que en un solo movimiento podría cortarle el cuello y matarle. Me asusté tanto que solo empecé a correr gritando y pidiendo ayuda.

Corrí hacia la Eloy Alfaro en busca de ayuda pero nadie salió. Dije nadie va ayudarnos y regresé corriendo por media calle hasta donde estaba Ana con estas personas. Vi cuando los señores trataban de meter a Ana en el taxi. Un auto amarillo aparentemente con todos los permisos de ley. Varios carros pasaban a mi lado pero nadie se paraba para ayudarnos.

Yo grité tanto y me puse en media calle casi que en donde podían atropellarme para llamar la atención. Algunos carros empezaron a pitar y la gente empezó a salir de los edificios. Estos señores soltaron a Ana, se subieron al taxi y dieron la vuelta en contravía y huyeron por la República del Salvador.

Cuando el taxi aceleró yo corrí atrás. Pasaron varios carros y a pesar de que la gente me veía correr atrás del taxi y gritar desesperada, nadie trató ni si quiera de cruzar al taxi para detenerlo.

Iba a seguir corriendo atrás del taxi pero pensé que habían acuchillado a Ana y paré, regresé a ver cómo estaba ella. Gracias a Dios Ana estaba bien. La golpearon muchísimo pero no pasó a mayores. Después de estos unas dos personas que hacían deporte en el sector nos ayudaron también varias señoras bajaron de los edificios para ver cómo estábamos.

Unos 15 minutos después una pareja llegó en un auto, nos contó que al verme gritar decidieron seguir al taxi porque sabían que algo malo había pasado pero luego los perdieron. Ellos pudieron tomar el número de placa y regresaron a ver para ver cómo estábamos.

Esta pareja, un joven alto y delgado, no tenía cabello era calvo, y una chica con el cabello rizado, ambos vestidos con chompas de cuero negras, llamaron al 911, luego de unos 10 minutos llegó la policía habló con los guardias de sector, ellos dijeron que no podían hacer nada, eso nos indignó. Porque un guardia estaba prácticamente frente a nosotros, en la República del Salvador, y no hizo nada para ayudarnos. Los policías nos acompañaron a la casa, luego llegaron unos familiares. Ahora estamos bien aunque adoloridas y asustadas.

A las personas que nos ayudaron, especialmente a la pareja, que por la conmoción ni les pregunté el nombre, les agradezco con mi vida entera por poner su grano de arena para cuidarnos entre todos.

Tengo indignación de saber que muchas personas me veían desesperada pero no pudo o no quiso ayudar.

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