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San Luis, en alerta roja por erosión del río Coca

En esta localidad viven 124 familias. El Municipio de El Chaco analiza su reubicación. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

En esta localidad viven 124 familias. El Municipio de El Chaco analiza su reubicación. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

La ventaja que ofrecía habitar en el barrio San Luis, en el cantón El Chaco, por la proximidad con la central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, la más grande del país, se ha transformado ahora en una amenaza.

Desde febrero pasado, tras el colapso de la cascada San Rafael, los moradores que habitan en este pequeño poblado, ubicado a un costado del río Coca, han sido testigos de cómo la erosión regresiva que se presenta en este afluente se ha ido “comiendo” parte del terreno que los protegía.

Adriana Carranza, quien ha vivido en este sector durante sus 30 años, regresa a diario su mirada hacia el norte para ver si la tierra se ha movido. Para guiarse tomaba como referencia las plantas, los picos formados en el borde de la ladera y una roca, pero el río se los llevó. Su referencia ahora es un árbol con flores lilas que está en la punta más pronunciada del socavón. “Pensaba que el volcán Reventador sería el que nos sacaría de aquí. Nunca imaginé que sería un socavón causado por el río Coca”.

La superficie que separaba a San Luis del río, antes de que se produjera la erosión del Coca, era de alrededor de 500 metros. Pero en la temporada lluviosa de este año se redujo a 120 metros, según información del Municipio de El Chaco.

La tierra se ha caído, porque tras el colapso de la cascada San Rafael, el lecho del río se hundió y afectó a los costados de este afluente. En este punto, por ejemplo, el socavón tiene aproximadamente unos 100 metros de profundidad. Esto provocó que el barrio sea declarado en alerta roja, en julio pasado, por la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR) .

Pablo Uyaguari, presidente de San Luis, refiere que la erosión también amenaza a los tanques de agua que abastecen al sector y al kilómetro 60 de la vía Baeza-Lago Agrio. La distancia de estas infraestructuras del precipicio es de unos 50 metros (ver infografía).

Uyaguari recorrió el pasado jueves la zona donde se encuentra el precipicio. Él siente temor de que la época lluviosa, que empieza en febrero próximo, complique más la situación de las 124 familias que habitan en este barrio.

La tierra de los costados del río se desmorona con facilidad cuando se presentan precipitaciones y cuando el cauce del Coca crece, porque el terreno está conformado por un material frágil, refiere Ricardo Buitrón, ingeniero hidráulico.

Nancy Chicaiza, quien dejó hace 10 años el barrio de San Pedro, en la zona céntrica del El Chaco, para vivir en San Luis, menciona que es común escuchar cómo la tierra se desprende y cae. El sonido es parecido a un rugido.

Esta situación ha hecho que Chicaiza reconsidere su decisión de seguir en este sector junto a sus cuatro hijas y nieta. Por esto, aunque aún no conoce con precisión cuáles son los planes que tiene el Municipio ante el riesgo que representa el socavón para los habitantes de San Luis, ella ha pensado en retornar a su antiguo barrio.

Carranza ha empezado también a consultar el costo de los arriendos en El Chaco. Teme que si el socavón avanza se lleve sus cultivos y su casa, que es una de las que más cerca se encuentra al barranco.

Gildo Velasco, concejal del Municipio de El Chaco, explica que la amenaza del socavón para San Luis está llegando al nivel tres, de cuatro. Cuando esté a menos de 50 metros será necesario reubicar a los pobladores. Para esto se ha identificado un terreno en el barrio Marcial Oña, en la parroquia de Santa Rosa. Este se halla a unos 40 minutos de San Luis.

Pero como la capacidad de respuesta del Municipio ha sido rebasada por este problema se ha solicitado el apoyo del Gobierno Nacional, para que construya viviendas para los habitantes de San Luis.

El sistema de agua del barrio también ha sido declarado en emergencia. Esto ha permitido, según el funcionario, empezar a construir una variante para dotar de líquido vital a los pobladores, en caso de que los tanques se pierdan por el avance del fenómeno natural.

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