24 de enero de 2020 00:00

San Luis, en alerta por el volcán Sangay

El sector denominado Playas de San Luis, en el río Upano, es una de las zonas críticas por acumulación de materiales provenientes del volcán. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

El sector denominado Playas de San Luis, en el río Upano, es una de las zonas críticas por acumulación de materiales provenientes del volcán. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

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Lineida Castillo
Redactora (I) lcastillo@elcomercio.com

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Las noches son tensas para los 80 habitantes de San Luis, que es el poblado más cercano al volcán Sangay, en Morona Santiago. Está ubicado a 15 kilómetros, que representan dos horas de caminata por la selva.

Les alarma el rugido del coloso y el sonido del río Upano, que de forma permanente arrastra grandes rocas. Menos de 150 metros separan el afluente del pueblo donde hay una pequeña iglesia de hormigón, un inmueble de madera donde funcionó -hasta hace tres años- la escuela unidocente y cuatro viviendas.

Desde este lugar se divisa el volcán, aunque el miércoles pasado estuvo oculto por una densa neblina. La erupción no fue tan fuerte como la del lunes último, que arrojó lava.

En los alrededores de San Luis hay otras 17 casas dispersas, pero el riesgo de que sean alcanzadas por una creciente del Upano es el mismo.

Cada día este afluente gana espacio entre las propiedades y forma nuevos brazos de río. Su trazado no es el mismo desde el 7 de mayo, cuando el Sangay reactivó su proceso de eruptivo. Pasó de 100 metros de ancho hasta 400 y las riberas están socavadas.

En San Luis hay nueve fincas afectadas, entre ellas la de José Duchitanga. Todo esto ocurre porque el Upano recibe los flujos piroclásticos y escombros (palizadas, piedras, troncos), que provienen del Sangay a través del río Volcán.

Luis Castillo, director provincial del Servicio de Gestión de Riesgos, informó sobre la situación en San Luis. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

Luis Castillo, director provincial del Servicio de Gestión de Riesgos, informó sobre la situación en San Luis. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

“El agua es de color cenizo. Hasta antes de la erupción el río era cristalino y había una playa de arena donde nos bañábamos”, dijo la shuar Rosana Stuingue. Señaló un ancho espacio ocupado por piedras y troncos que se han depositado.

“Cuando se vive cerca de un volcán, se debe saber todo lo que puede pasar; cuándo y cómo evacuar en caso de una emergencia. Pero a nosotros solo nos alertan que salgamos cuando hay represamiento del río”, indicó la moradora María Duchitanga.

Entre diciembre y este mes se registraron tres peligrosos represamientos en la confluencia de los ríos Volcán y Upano, pero la misma fuerza natural abrió los diques y el material acumulado siguió su curso. En las tres ocasiones hubo familias evacuadas.

Todos abandonaron sus casas para pernoctar con familiares, pero regresaron luego del descenso del caudal. El alcalde de Morona, Franklin Galarza, admitió que por ahora no pueden reubicarlos, porque no tienen terrenos y deben aprender a convivir con el volcán.

El miércoles pasado, técnicos de instituciones públicas recorrieron San Luis para identificar los problemas y elaborar un plan de contingencia a corto y mediano plazo para estar preparados.

Ellos identificaron cuatro sitios críticos por la creciente del río Upano. También monitorearon a los afluentes Sangay, Guachuco, Sardina y Jurumbuno. Este último es el único que mantiene sus aguas cristalinas, porque nace dentro del Parque Nacional Sangay, pero en otra cordillera.

Al unirse con las aguas del Upano, en San Luis, pierde esa categoría de limpio. En los puntos críticos, la fuerza de los caudales ha hecho que se formen nuevos brazos de río y el agua ingrese por bosques, pastizales y huertas.

Las familias de esta comunidad se dedican a la ganadería lechera y la agricultura; abastecen a los mercados de Macas, capital de Morona Santiago. Venden leche para las empresas de lácteos y siembran lechuga, espinaca, nabos y tomates, principalmente.

Ahora, el ganado pasta en terrenos lodosos, porque también las lluvias hicieron que el Upano se desbordara. En las partes secas, las pisadas por los pastizales levantan el polvo gris de la ceniza que cayó en días anteriores.

“Es otra preocupación”, dijo Antonio Tingüe, quien busca un terreno para trasladar a sus 10 cabezas de ganado. Para identificar todos los problemas, los representantes del Ministerio de Inclusión Económica y Social y el Servicio de Gestión de Riesgos y Emergencias levantaron fichas socioeconómicas de cada una de las familias de San Luis.

Según Luis Castillo, director provincial del Servicio de Riesgos, crearon un comité comunitario con una brigada de primeros auxilios para la evacuación. “Es impredecible lo que pueda ocurrir, no sabemos cuándo se calmará el volcán y debemos estar preparados para cualquier emergencia”, dijo en su exposición en San Luis.

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