12 de marzo de 2019 00:05

San José del Tambo, en Bolívar, fue destruida por el río

La moradora Zoila Revelo, de la comunidad  Chontayaku, perdió su vivienda y parte su cultivo de cacao por un deslizamiento de tierra.

La moradora Zoila Revelo, de la comunidad Chontayaku, perdió su vivienda y parte su cultivo de cacao por un deslizamiento de tierra. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

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Cristina Márquez
Redactora (I)

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El caudal del río Changuil Dulcepamba descendió, pero los efectos de la creciente de la semana pasada aún se sienten en San José del Tambo, una parroquia situada a dos horas de Chillanes, en Bolívar.

Esa provincia es una de las seis del país que han resultado más afectadas por el invierno.

Colchones, pedazos de muebles, prendas de vestir y una gran cantidad de escombros permanecen en las riberas del río, que evidencian la fuerza del caudal que destruyó siete viviendas, afectó a un coliseo y dejó a 12 comunidades incomunicadas por la inundación de las carreteras y la destrucción de un puente.

La torrencial lluvia que causó la creciente el pasado 26 de febrero, también provocó deslizamientos de tierra y la pérdida de cultivos de cacao, limón, naranja y caña de azúcar.

San José de Tambo


“Ya pasó una semana y no hemos podido recuperarnos. Hemos subsistido gracias a la bondad de los vecinos, porque ya ni siquiera tenemos alimentos”, contó Zoila Revelo.

El viernes pasado la mujer, de 35 años, removía los escombros de su casa destruida para encontrar ropa y rescatar los pocos enseres que no se dañaron. Su casa, en la comunidad Chontayaku, se vino abajo por un deslizamiento de tierra que la dejó atrapada junto con sus dos hijos, por cinco horas.

Ella calcula que sus pérdidas suman USD 2 000, ya que también se destruyó más de la mitad de su huerta de cacao injerto, que estaba listo para la cosecha de este año.

La comunidad San Gabriel, en la parroquia San José del Tambo, es una de las más perjudicadas por el desbordamiento del río Changuil Dulcepamba.

La comunidad San Gabriel, en la parroquia San José del Tambo, es una de las más perjudicadas por el desbordamiento del río Changuil Dulcepamba. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO


La semana pasada, técnicos del Ministerio de Agricultura y Ganadería de Bolívar (MAG) recorrieron algunas de las comunidades afectadas. Aunque aún no hay datos oficiales, ellos calculan que las pérdidas suman 150 hectáreas.

Aún no se ha podido llegar a todas las comunidades porque las vías de acceso continúan cerradas, contó Mariana Calero, directora del MAG en Bolívar. Sin embargo, llegaron a pie hasta las tierras de varios agricultores. Ahí la situación es triste, porque hay una gran cantidad de cultivos con pérdidas totales.

Ella explicó que debido a la gravedad de la situación de San José de Tambo, 20 técnicos que trabajan en toda la provincia se concentrarán en esa parroquia para levantar información y asesorar a los agricultores que reportaron pérdidas parciales. En esa parroquia, el movimiento económico depende de la agricultura.

San Gabriel, una comunidad situada a cinco minutos de la cabecera parroquial, es una de las más afectadas. Allí viven 50 personas que se dedican a la siembra de cacao y banano.

“Fue una noche de terror. Vimos cómo el río se llevó las casas como si fueran cajas de fósforos”, describió José Mendoza. Por primera vez en la historia de la comunidad, el río se desbordó y el caudal ingresó al poblado, arrastrando casas y enseres domésticos. “Solo tuvimos tiempo de correr, no alcanzamos a salvar nada”, contó Eduardo Quinatoa.

Él y su familia perdieron todo lo que tenían y ahora permanecen asilados en un hogar acogiente, mientras consiguen materiales para volver a construir su casa. A pesar de que el Servicio Nacional de Gestión de Riesgos y Emergencias (Sngre) determinó que el peligro es inminente, Quinatoa y los otros afectados volverán a construir en los mismos sitios.

Los técnicos explicaron que esta es una zona de riesgo y que la única solución será reubicarnos. “Solo pueden ayudar a los que tienen escrituras de sus propiedades y nosotros no tenemos, así que no tenemos otra opción”, dijo Isabel Mendoza, otra afectada.

En el informe que el Sngre entregó al Comité de Operaciones de Emergencia, alrededor de 60 casas están edificadas en las riberas del río.

Las lluvias del invierno causan crecidas frecuentes del caudal y deslizamientos en los taludes debido a que se trata de suelos no compactados.
La comunidad San Pablo de Amalí también está afectada. La única vía de acceso está totalmente cerrada por un deslizamiento de gran magnitud. La única manera de salir es a través de un estrecho sendero y una caminata que les toma al menos una hora.

No pueden salir con los productos. “Las naranjas se pudren en las bodegas y dependemos de la venta para poder subsistir esta temporada”, comentó Magdalena Quinatoa.

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