11 de June de 2009 00:00

Salinas cambió con las asambleas

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Redacción Ibarra

La mañana es calurosa. Israel Pavón, como de costumbre, se acomoda en la esquina de la calle Eloy Alfaro, en el centro de la parroquia Salinas (Imbabura).  

Desde allí contempla el trajín de los turistas, mientras bajan del autoferro y caminan con dirección a los negocios comunitarios. Es martes 9 de junio y los locales lucen renovados.  



Un medio comunitario
La radio comunitaria de Salinas saldrá al aire en agosto. En ese mes también se abrirá la escuela de liderazgo.
Hoy, alrededor de 100 familias afrodescendientes obtienen ingresos con el proyecto turístico comunitario Palenque. Este consiste en atender a los turistas que llegan en autoferro.
Esta actividad se refuerza con una oficina de información turística. Los martes, miércoles, viernes, sábados y domingos atiende a más de 60 turistas, quienes llegan en autoferros y en  buses interprovinciales.
Salinas está asentada a un costado de la vía Ibarra-San Lorenzo. Desde allí, la conexión es fácil con otros sitios turísticos.  Hasta hace un lustro, esta parroquia era solo una zona de paso de los turistas que iban en autoferro a San Lorenzo, Lita, Chachimbiro... Pocos eran los visitantes que se detenían en el lugar.

Esa realidad cambió desde hace dos años, con la ejecución de un plan de desarrollo. La iniciativa fue impulsada desde la Junta Parroquial. El objetivo fue recuperar el esplendor que tuvo esa zona durante la Colonia. En esa época era considerada una de las más ricas, por la abundante producción de sal. 

Raúl Maldonado, presidente de la Junta Parroquial, asegura que el éxito se debe a la participación comunitaria en la toma de decisiones. El Proyecto de Desarrollo Turístico 2020 fue aprobado por los vecinos, en asambleas. 

“A todas las propuestas les dimos un eje de identidad. Es decir, si resolvíamos abrir una microempresa tenía que ser sobre algo relacionado con los negros. Aquí, el 90% de los 2 000 habitantes es de esa etnia”.

Una vez que la asamblea escogió los proyectos más viables, la Junta Parroquial exigió al Municipio la entrega de recursos y buscó financiamiento en organismos internacionales. La principal carta de presentación fue la organización comunitaria.

Los recursos empezaron a fluir para adoquinar las calles, construir sistemas de agua potable y alcantarillado y edificar el museo de la sal, el centro gastronómico y la oficina de información turística. También se dio prioridad a la capacitación y a la integración de grupos de danza, música y de la banda juvenil.

Para consolidar el proyecto de desarrollo, según la vocal Carmen Pavón, se realizaron 30 asambleas comunitarias. Además, talleres y foros. En estos últimos se informó sobre los detalles de cada proyecto y las alternativas de financiamiento.  

“En las reuniones se escuchan las críticas, los aciertos en el trabajo y las gestiones emprendidas”.

Con la ejecución de las obras, se consiguió el arribo de 300 turistas cada semana. Ellos llegan en tren y visitan los sitios turísticos, conocen la historia de la sal y disfrutan de la gastronomía.

Para habilitar la línea férrea, la Junta Parroquial articuló una alianza entre el Municipio de Ibarra, organismos no gubernamentales de Bélgica y de Alemania, y la empresa privada. 

El tramo recuperado fue de 45 km y costó USD 85 000. Juan Manuel Mantilla, gerente regional de la Empresa de Ferrocarriles Ecuatorianos, reconoce que la iniciativa comunitaria fue fundamental para concretar otras obras. Entre las que se destacan está el Centro Étnico Gastronómico Palenque.

Fue inaugurado el 23 de junio pasado y tiene un chef internacional, quien también capacita a los nativos en cómo mejorar la preparación de los platos típicos.

Daniela Pozo es parte de ese equipo y de la Fundación de Fortalecimiento Organizativo de Salinas Sembrando Nuestro Futuro. Esta organización local se encarga de administrar el negocio, con la Junta Parroquial.

“Su capacidad es para 200 personas. Atendemos ininterrumpidamente todos los fines de semana”, explica Pozo.

Mientras los turistas comen, tienen la oportunidad de admirar el arte ancestral afrodescendiente de los grupos Crazy, Migvi, Cananga y Yemayá. Luego visitan el museo de la sal, en  donde Campusine Torres extrae el mineral  de las tradicionales tolas del lugar, con los aparejos que utilizaban sus ancestros.

La gestión local para materializar obras de infraestructura consiguió aumentar el presupuesto de 2008, de USD 226 000 a más de USD 1 millón.

Los dirigentes parroquiales dicen que eso fue posible con la ‘minga financiera’. Es decir, con las mingas comunitarias y con las donaciones de organismos no gubernamentales.

 Ya es cerca del mediodía e Israel Pavón no se cansa de mirar el movimiento de los turistas nacionales y extranjeros. Para él, tan importante como la ejecución de obras es la actitud de la gente.

“Esta es una parroquia limpia, de a poco se fue eliminando la costumbre de botar basura en las calles. Eso era desagradable”.

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