19 de September de 2009 00:00

S.O.S.

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Carlos Jaramillo Abarca

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Hace algún tiempo se hacía alarde de que Quito era “ciudad para vivir”. Ahora debe precisarse que es ciudad para vivir… ¡aterrados! En las reuniones sociales es tema obligado el de la inseguridad y, por lo general, se llega a la conclusión de que no hay familia en la que por lo menos uno de sus miembros haya sido víctima de algún robo o intimidación.

La Policía Nacional presenta estadísticas, con las que trata de demostrar que ha disminuido el índice delictivo, pero es evidente que muchas víctimas ni siquiera presentan una denuncia formal, porque no confían en los resultados de la acción policial y, peor aún, en la Administración de Justicia, cuya labor muchas veces se ve coartada por la  benignidad de las leyes, por lo que son puestos en libertad, con suma facilidad, avezados malhechores, que de inmediato reinciden en lo único o en lo que mejor saben hacer:  delinquir.

No hay seguridad en la calle ni en la casa. Se han denunciado asaltos y robos hasta en templos, salas de velaciones, restaurantes, buses, residencias, etc. No hay lugar seguro. En plena calle Guayaquil o en la avenida Diez de Agosto se han registrado asaltos a mediodía, a vista y paciencia de decenas de testigos, que temen intervenir.

No se puede endilgar toda la culpa de la inseguridad a la institución policial, ya que dado el elevado número de delincuentes, del más variado género o especialidad, a la ingenuidad y falta de precaución de muchos ciudadanos e insuficiente colaboración y solidaridad de los vecinos, resulta muy difícil prevenir y evitar tanto asalto y robo.

Para ello sería necesaria la presencia permanente de guardias en cada cuadra o en cada casa y, al mismo tiempo, unos cuantos agentes para que controlen a sus compañeros, pues, son  algunos los casos en los que han resultado involucrados miembros del respetable organismo del orden. Pero indudablemente hay insuficiente protección policial en las calles, parques, etc.

Debe hacerse una campaña sistemática para recomendar a los ciudadanos que eviten transitar solos, especialmente en horas de la noche, por calles apartadas y obscuras y, peor aún, llevar dinero u objetos valiosos y, así mismo, estacionar vehículos en esos lugares. 

Los flamantes personeros y funcionarios del Municipio Metropolitano ya tienen que afrontar tan grave problema y emprender una acción conjunta con la Policía Nacional para defender a la ciudadanía de las hordas delictivas, que están ganando la batalla y mantienen en zozobra e indefensa a la ciudadanía. 

Por su parte, el Gobierno de la Revolución Ciudadana también tiene que poner el hombro y bajar, en lo posible, la tremenda falta de empleo, que es una de las causas del auge delictivo, que día a día extiende sus tentáculos en el país, especialmente en Quito y Guayaquil.

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