11 de September de 2009 00:00

La rutina cambió cerca de 7 planteles

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Redacción Quito

La principal molestia que tiene Virginia Echeverría de vivir a dos cuadras del Colegio Mejía es la intranquilidad que causan las protestas callejeras de los estudiantes. Ella vive en la calle Venezuela y Galápagos, en el centro.

Esta vecina dice que cuando los estudiantes salen a realizar sus manifestaciones, los moradores del sector son los más afectados. No pueden salir de sus casas por el temor a los gases lacrimógenos, como ha ocurrido en los últimos dos días.



Las molestias
Los moradores dicen que en los alrededores del Colegio Central Técnico, sobre todo en los parques, hace falta más seguridad. El problema empeora cuando hay programas estudiantiles y en las fiestas de la urbe.
Varios vecinos se quejan de la recolección de basura de las calles principales de las instituciones educativas. Tampoco existe un control sobre los desperdicios y a veces los alumnos no botan la basura en su lugar.
Los moradores dicen que las paradas de los corredores viales cercanas a los colegios se llenan  cuando los jóvenes salen de clases.Muchos de los estudiantes -dice Echeverría- se esconden en las calles aledañas a la institución educativa. “Cuando la Policía los persigue, ellos rápidamente buscan sitios en donde ocultarse. A veces ingresan en garajes abiertos o hasta en los locales comerciales”.

Lucía Freire, propietaria de una tienda en la calle Venezuela, dice que en algunas ocasiones ha tenido que cerrar su negocio para que los estudiantes no ingresen en él  cuando los persiguen  los uniformados. Pero no niega  que los muchachos “le dan vida” al sector y  hasta aumentan las ventas en su negocio.

Durante el año lectivo, el panorama de las calles cercanas a los colegios también cambia. Los estudiantes caminan por las aceras, se encuentran con sus parejas o comen en los locales cercanos.

Eso sucede, por ejemplo, en la av. Gaspar de Villarroel. Ahí están  el colegio Theodore Anderson, el Central Técnico y a dos cuadras está La Condamine.

María Dolores Cedeño vive desde hace dos años en la calle Vicente Cárdenas y Japón, a dos cuadras de los tres colegios. La moradora dice que le ha sido difícil acostumbrarse a ver las aceras llenas de jóvenes en las tardes. Además, en la esquina de su casa hay un parque en el que los chicos se reúnen. 

Incluso -sigue Cedeño- los muchachos no tienen cuidado en botar la basura en su lugar. Los problemas empeoran cuando hay actos festivos y durante las fiestas de la ciudad. “Las calles se llenan de chicos que a veces consumen alcohol y dejan los desperdicios en las aceras”. 

Una de las horas más tediosas que deben afrontar los vecinos de los colegios es la del ingreso a clases. Ellos muchas veces  se despiertan con el sonido del Himno Nacional que se pone en los altavoces o con los discursos de  alguna maestra que por medio de un micrófono les pide a los alumnos que se formen.

Ese es el caso de Bekly Espinosa, quien reside en la calle Lizardo García y 6 de Diciembre, frente al Colegio Manuela Cañizares. “En los dos últimos días una señora nos despierta con los consejos que da, por los parlantes, a los estudiantes para el nuevo año de clases”. 

Pero hay personas que se benefician por estar cerca de los colegios. Los comerciantes que realizan sus actividades en locales propios o en ventas ambulantes ven en el ingreso a clases una forma de ganar más dinero.

Blanca Anchatuña, vendedora ambulante de la calle Foch, llega a las 06:30 (hora de entrada del Manuela Cañizares) y se queda hasta las 19:30 (salida de  las estudiantes del Colegio María Angélica Hidrobo). Su sacrificio de 13 horas se debe a que vende “bastante limón con sal y golosinas a las chicas”.

El efecto también se siente el los alrededores del Colegio de América, en la av. El Inca. Allí , según Laura Espinoza, las ventas han hecho crecer a muchos negocios, como el local Fantasías Vera. En el sitio, asegura Espinoza, las jóvenes compran globos, artículos de fiestas... cuando hay programas en el plantel. “Al inicio era una tienda pequeña y ahora tienen un edificio”.

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