8 de julio de 2019 00:00

De 97 rutas de transporte público en Quito, solamente 3 son transversales

Un bus del circuito este-oeste puede trasladar hasta 1 000 pasajeros diariamente. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO.

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Betty Beltrán
Coordinadora (I)

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Solo es cuestión de mirar. Quito es una ciudad asfixiada con rutas de buses urbanos que van de norte a sur y viceversa, pero casi ninguna es transversal. Escasamente, en el norte de la ciudad se encuentran dos ejemplos de ese último sentido, y en el Centro, uno más.

La primera conecta, hace 14 años, Atucucho con el Comité del Pueblo. Recorre 24 kilómetros y sus 13 unidades casi nunca están vacías; la frecuencia es cada minuto en hora pico.

Otra ruta que pretende armonizar la movilidad de la parte oriente-occidente es Rancho San Antonio-Cotocollao-Cristiania, creada hace dos años. Tiene 27 kilómetros y cuenta con 16 unidades; la salida de los buses es cada dos minutos cuando hay demanda.

A estos dos recorridos, los usuarios y los conductores los denominan rutas maravillas. Porque ambos salen ganando: se movilizan sin escalas en una ruta que cruza esa parte de la ciudad, lo que le vuelve útil para el pasajero y rentable para el operador de transporte.

El circuito Tola-San Roque, del Centro, sale del molde. Las seis unidades que trabajan en este tramo suelen estar vacías. Todo por la competencia de los taxis que, por USD 0,25, suben y bajan por los barrios Tola Alta y Colonial. Si no fuera por eso, la cantidad de viajeros sería igual a la que tienen sus pares en el norte de Quito: al día, cada uno de esos buses traslada hasta 1 000 pasajeros.

Así las cosas, ¿por qué no hay rutas transversales si la demanda de usuarios es alta? La respuesta es de Guillermo Abad, secretario Metropolitano de Movilidad: “El Estado es el dueño de las rutas y frecuencias y, por ende, debe decidir a dónde ir; sin embargo, en la práctica son las operadoras las encargadas de aquello”. Eso genera que ciertos destinos estén sobreofertados y otros, desolados o sin atención.

Quito tiene 243 rutas entre urbanas, rurales-combinadas y alimentadoras. Del primer grupo suman 97 y de ese total 75 van de norte a sur, 19 son diagonales y tres, transversales. Ante esa realidad, la Secretaría planea una reestructuración total que genere una mayor cobertura y rentabilidad al operador del transporte.

Una propuesta que, según Jorge Yánez, presidente de la Unión de Operadores de Transporte Urbano de Quito, la realizó hace siete años. Lo hizo porque muchos de los circuitos “fueron hechos según determinadas amistades y sin contemplar la técnica”.

Esa sobresaturación de buses de norte a sur tiene otra explicación para Juan Pablo Rosales, presidente de la Asociación de Peatones de Quito. Según él, es por la configuración de la urbe, que tiene 51 kilómetros de largo y 11 de ancho.

Los problemas como la planificación de la ciudad y la propiedad de la tierra también contribuyen a la falta de servicio transversal, admite el especialista. Recuerda que siempre se reclamó el eje de la Mariana de Jesús, pero la avenida se detiene en la Amazonas.

Pero esas rutas a lo ancho de Quito son vitales, según Ney Jiménez, gerente del Corredor Central Norte. Cree que con la implementación del Metro la totalidad de los actuales recorridos se modificará o se acortará para dar un sentido racional a la movilidad.

Con ello se armarán tramos transversales, longitudinales y diametrales para que la ciudadanía pueda moverse en cualquier sentido de la ciudad. Antes habrá que hacer las integraciones fijas y tarifarias en los corredores exclusivos (Trole, Ecovía y Corredor Central).

De una u otra forma, asegura Abad, será la autoridad quien decida, a través de un estudio de la oferta y demanda, a dónde tiene que ir el servicio de transporte urbano. Y en ese plan habrían varios modelos de gestión: unas rutas según la demanda de pasajeros y otras trasversales que podrían ser pagados por el Estado y por kilómetro recorrido.

La propuesta surge porque es necesario cuadricular a la urbe. Y Yánez está dispuesto a dar un servicio transversal, pero con autos que puedan maniobrarse en los sectores altos.

Por ejemplo, para el Oriente Quiteño, La Argelia, Toctiuco Alto…, ha solicitado microbuses porque “es imposible que los buses de 12 metros puedan virar en calles que tienen giros de hasta 40 grados”.

Jiménez apuntala el tema y considera que las rutas deberán recorrer máximo cuatro kilómetros, más cuando estas entren a formar parte de un sistema integrado. Y dar ese servicio a todos los barrios, no solo a los más populares.

Por ese lado está la solución, jamás en hacer más vías, porque viene la demanda inducida, según el especialista Rosales. A eso hay que sumar, agrega, el tema de la educación y apuntalar el concepto de comunidad. Algo que “Quito lo ha perdido hace tiempo”.

De ahí que considera urgente que aparezca un nuevo Evaristo y empiece a educar a la gente para que privilegie el transporte colectivo, también la bicicleta y la caminata aunque sea en trechos cortos.

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