22 de June de 2009 00:00

Rumipamba

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Jorge Salvador Lara

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Celebra en estos días el Colegio San José de Rumipamba 100 años de fecunda dedicación a la noble tarea de forjar el espíritu  de la mujer ecuatoriana, desde la niñez y durante la adolescencia, preparando para la vida a niñas y señoritas cuya educación fue confiada a las religiosas de los Sagrados Corazones, congregación fundada durante la convulsa época de la Revolución Francesa, y dedicada a la adoración perpetua de la Eucaristía, la reparación de los males causados por el terror antirreligioso y la forja de almas templadas en la fidelidad a Cristo y María.

Expertas educadoras, se habían extendido por toda Francia y otros países, acreditando sus métodos de enseñanza y ganando prestigio y nombradía. El presidente García Moreno las trajo al Ecuador en 1862 para la educación de la mujer, uno de sus proyectos pioneros, y les entregó en Quito el colonial edificio de la antigua Universidad de Santo Tomás de Aquino, en la Plaza de Santo Domingo, donde hasta ahora funciona el primero de los Colegios de los Sagrados Corazones, luego extendidos a otras ciudades.   

 Hace un siglo, en las afueras de la capital, donde nadie pensaba que podía expandirse la urbe y solo había campos de pan sembrar, aquellas religiosas adquirieron hacia 1894 un amplio terreno conocido con el nombre quichua de Rumipamba (pampa de piedras), sitio hermoso y agreste, verdadero mirador para contemplar toda la cordillera, ubicado con ojo de artista al pie del Pichincha, en una discreta ladera, casi una pampa, que regaba bullicioso torrente bajado desde la Quebrada del Cóndor (Cúnturhuachana).

Debía su nombre a la singular cantidad de piedras allí acumuladas, producto de alguno de los glaciares del volcán en antiguos periodos geológicos. Lentamente la mano humana había ido recogiendo los pedruscos para liberar de ellos las tierras de cultivo, pero todavía quedaban muchos, los más grandes, simulando gigantescas rocas miliarias de algún alud cósmico colosal.

La denominación de Rumipamba se mantiene hasta ahora. La vieja casa de campo, destinada inicialmente a noviciado en 1909, fue luego escuela para las niñas campesinas del sector y después lugar de expansión dominical para las alumnas internas del colegio central.

Allí se fueron construyendo sucesivamente capilla, claustros, patios y, finalmente, cuando la ciudad se expandió, primero se hizo la ampliación en 1934 y después el moderno edificio actual, construido con grandes  esfuerzos y sacrificios en 1959 para celebrar el cincuentenario. 

Allí, a más de jardín de infantes, escuela y colegio secundario -fundado éste en 1966-, se albergan las instalaciones que hoy, de acuerdo a la Ley, constituye la Unidad Educativa Sagrados Corazones de Rumipamba y celebran su año jubilar centenario.

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