28 de junio de 2020 00:00

El riesgo en la cascada San Rafael se advirtió en 1985

Cascada de Agoyán en 1989. Esta caída de agua sufrió un proceso de desplazamiento.

Cascada de Agoyán en 1989. Esta caída de agua sufrió un proceso de desplazamiento. Foto: Archivo EL COMERCIO

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Mayra Pacheco
Redactora (I)

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Hace 35 años, cuando la actual Central Hidroeléctrica Coca-Codo Sinclair (CCS) se hallaba aún en etapa de estudios, un informe técnico advirtió ya la amenaza que representaba la cascada San Rafael para el desarrollo de una obra sobre el cauce del río Coca.

Esta información consta en un estudio técnico sobre la cascada Agoyán realizado por Jorge Sevilla, exfuncionario del ex-Instituto Ecuatoriano de Electrificación (Inecel), que en ese entonces estaba a cargo del sector eléctrico.

Este informe, que data de 1985, señala que el ejemplo de la cascada Agoyán, ubicada en Tungurahua, debe llamar “enormemente” la atención en los proyectos de aprovechamiento de agua en los que se encuentran inmersas otras cascadas, como es el caso de San Rafael en el río Coca, ubicada en el nororiente del país.

El sustento para esta alerta fue que la cascada Agoyán, que estaba en esa época a 1 500 metros de la represa de la Hidroeléctrica Agoyán -en plena construcción en la década de los años 80- había sufrido un fenómeno de retroceso en el pasado.

Es decir, el lecho del río se hundió y provocó que la cascada se desplazara aguas arriba desde su ubicación inicial. Ese proceso fue lento y ocurrió durante varias décadas.

Las fotografías aéreas e información histórica recabadas por Sevilla evidenciaron que esa caída de agua se había movido aguas arriba, alrededor de 800 metros, entre 1956 y 1959. Gran parte de este desplazamiento habría ocurrido incluso en una sola noche, por las intensas lluvias.

“Hacia junio o julio de 1956, con ocasión de lluvias excepcionales que afectaron a la provincia, la cascada retrocedió 400 metros en una sola noche, destruyendo los campos, una hacienda y la carretera existente”, según el documento.

Posteriormente, hasta 1959 se movió unos 400 metros más. Y entre 1972 y 1976, la cascada retrocedió alrededor de 50 metros adicionales.

Considerando esos antecedentes, los técnicos del ex-Inecel se anticiparon a los posibles efectos y propusieron obras de protección para evitar que este fenómeno afectase a la central Agoyán, que entró en funcionamiento años más tarde, en septiembre de 1987.

Para la implementación de estas obras de mitigación se elaboraron estudios adicionales. Los trabajos de estabilización se ejecutaron en 1995.

Entre las obras levantadas estuvieron la construcción de un muro de hormigón de 30 metros de longitud, que está en la margen izquierda del río Pastaza. Esta infraestructura sirvió para reforzar un tramo en el que se unían dos tipos de rocas, que permitía la filtración de agua e incidía en el desplazamiento de la cascada, refirió Ricardo Buitrón, exfuncionario del Inecel, quien trabajó en la coordinación de las obras de protección en la zona.

Si bien el retroceso sigue, las obras permitieron que el proceso sea más lento, reconocieron Sevilla y Buitrón. “Esto muestra que las cascadas no tienen una vida permanente, sino que siempre retrocederán hasta desaparecer. Eso pasa con la mayoría de cascadas en el mundo”, dijo Sevilla.

Los procesos de desplazamiento de las quebradas y de erosión regresiva en los ríos son fenómenos naturales que se cumplen, regularmente, de manera lenta. Se mueven milímetros en determinados períodos, explicó Carolina Bernal, docente de la Escuela Politécnica Nacional (EPN) y PhD en Geomorfología e Hidrosedimentología.

Ahora, la cascada Agoyán está ya a alrededor de 1 450 metros de la presa de la Central Hidroeléctrica Agoyán. Es decir, ha recorrido unos 50 metros en más de 30 años.

En cambio, el proceso de erosión regresiva del río Coca -que provocó el colapso de la cascada San Rafael en febrero pasado- avanza a un ritmo acelerado, que resulta inusual.

En cuatro meses este afluente ha recorrido ya 2 850 metros aguas arriba. Ahora está a 15 kilómetros del embalse de la hidroeléctrica Coca-Codo Sinclair, que está sobre este río.

Para analizar este fenómeno y proponer posibles obras de mitigación que protejan esta hidroeléctrica, que se construyó entre el 2010 y el 2016, la Corporación Eléctrica del Ecuador (Celec) contrató en mayo pasado a tres empresas. Está previsto que los resultados de esos estudios se conozcan a finales del próximo mes.

La medida tomada en este año por la Celec se produjo luego de que hace más de tres décadas el estudio de Sevilla alertara ya de la amenaza que representaba la cascada San Rafael para las obras que estaban planificadas desarrollar en la cuenca del río Coca.

Frente a ese tema, la Celec informó que fueron varias las alternativas que se desarrollaron y estudiaron para implementar una hidroeléctrica que aprovechase el caudal del Coca. Por ejemplo, inicialmente estaba previsto construir un embalse en la zona de la desaparecida cascada San Rafael. Pero con el paso de los años se cambió el modelo proyecto.

Finalmente, la entidad decidió implementar un “túnel de desvío”, que está 19 kilómetros arriba de la anterior cascada.

Por esta razón, la Celec precisó que no se consideró el estudio del comportamiento del río aguas abajo de las obras de captación hasta la cascada San Rafael, puesto que en la zona no existe infraestructura de la central hidroeléctrica.

Cronología

1970

El ex-Inecel inició los estudios para construir un proyecto de generación que aprovechara el caudal del río Coca. Se realizaron estudios de geología, geofísica, vulcanología y otros.

1985

Un informe técnico de un funcionario del ex-Inecel advirtió la amenaza que representaba la cascada San Rafael para el desarrollo de una obra en el cauce del río Coca.

1992

Los estudios de prefactibilidad de la central Coca-Codo Sinclair fueron actualizados a nivel de factibilidad en 1992, hasta llegar a los diseños definitivos y de detalle en el 2009.

2010

Comienza oficialmente la construcción de esta hidroeléctrica con el acta firmada entre la firma china Sinohydro y la empresa Coca Sinclair S.A. La obra entró en operación el 2016.

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