13 de September de 2009 00:00

¿Revolución?

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Jaime Costales Peñaherrera

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Habrá verdadera revolución cuando los ciudadanos comprendamos que construir el país que merecemos es una inmensa tarea colectiva y no obra de gobiernos mágicos.

Cuando gobiernen líderes sabios, humildes, pacíficos, dedicados a curar las grandes heridas sociales y a provocar el reencuentro sincero de los ecuatorianos.

Cuando los dirigentes no tengan hambre de poder ni de figuración y se concentren en  sabias soluciones a los dilemas sociales.

Cuando aprendamos a resolver en paz los conflictos y no avivemos el odio.

Cuando seamos tolerantes ante el pensamiento distinto y  la disidencia.

Cuando no aceptemos ser sumisos a ningún dirigente ni a ningún partido ni a ningún grupo. Cuando nos dolamos  del país en los hechos y en lo cotidiano.

Cuando creemos soluciones efectivas por nosotros mismos.

Los primeros que deben exigir que se cumplan las ofertas paradisíacas con las que el Gobierno ha ganado las elecciones son los millones de ciudadanos que, sintiendo sinceramente la urgencia del cambio, lo apoyaron y apoyan, aunque cada vez menos.

No se pueden desconocer las acciones positivas del Régimen en áreas de atención social  y otras iniciativas en los planos de la cultura, justicia, sistema de prisiones, etc. Pero  la buena  obra gubernamental no puede justificar jamás el entronizamiento de una monarquía anticuada y agresiva, que se impone atropellando  todo, incluso la propia Constitución que fabricaron maliciosamente, al instaurar un Gobierno autoritario, de partido único y de verdad única, una secta religiosa fanática de  vergonzoso culto a la personalidad del dirigente, y  lavado de cerebros.

Los valores democráticos y éticos los están despedazando en el camino. Todo aquello por lo que lucharon y murieron nuestros héroes libertarios de hace doscientos años, está siendo abolido y negado por una dictadura con ropajes electorales, gracias a una propaganda masiva, y muy exitosa, que vende un
enjambre de ilusiones.

Las verdaderas revoluciones de nuestro tiempo, se demuestran en la real práctica de las libertades humanas, en la defensa y respeto de los valores éticos superiores: paz,  tolerancia,  justica,  libertad de opinión y prensa,  honestidad,  respeto. ¡Libertad por sobre todo! Y en este plano, los resultados del actual
Régimen son lamentables, a pesar de que ha tenido todo a su favor. No hay democracia auténtica ni libertad ni prosperidad en el Ecuador actual, entonces, ¿de qué revolución hablan?

No estamos viviendo una revolución  sino una involución, una monarquía tropical cursi y díscola que produce mucho daño al país. Otros seremos los encargados de hacer una genuina revolución, no este Régimen intolerante y abusivo. ¡Y por eso es necesario lanzar a voz en cuello un nuevo grito de libertad!
Columnista invitado

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