24 de September de 2009 00:00

Un restaurante cambia la vida de 4 chicos

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Redacción Quito 

En los bajos del coliseo Julio César Hidalgo, ubicado en la calle Olmedo, en el centro, hay dos pancartas grandes. En las gigantografías se puede leer un menú extenso de comida que oferta la cafetería y restaurante Julio César: el primer restaurante, donde trabajan cuatro personas con discapacidades auditivas en la capital.

Los hermanos María y Orlando Changoluisa, Mayra Chorlango y Yahir Yumi aprenden las técnicas de cocina. El local se abrió hace 11 días. Este plan piloto es la primera parte de un proyecto para ayudar a los chicos del Instituto Nacional de Audio y Lenguaje.

Oswaldo Noriega, coordinador del plan, dice que la iniciativa salió luego de que hubo varias reuniones, hace tres meses, con los chicos y los padres de familia.

Noriega asistió a la cita porque tiene un pariente no audiente.“Había padres que se quejaban porque la sociedad no les da espacio a estos chicos. Les limita a trabajar y les rechaza. Se decidió empezar con un negocio para que  trabajen  y tengan recursos”.

Así salió la iniciativa de abrir el restaurante y se escogió a cuatro muchachos con buenas aptitudes para aprender a manipular alimentos, a congelar, a cocinar, a servir, a lavar platos y a aprender a administrar el negocio.

En la primera fase del proyecto se invirtieron USD 13 000. El dinero sirvió para comprar congeladores, cocinas industriales, mesas, sillas... y para instalar el negocio. La Concentración Deportiva de Pichincha facilitó el local.

Los chicos aprenden a cocinar con la asesoría de María Méndez y Amparo Zumárraga. Desde muy temprano, a las 07:00, se dedican a pelar papas, picar cebolla, zanahorias, lechugas... Luego ayudan a preparar el arroz, las guatitas, el pollo asado, las papas fritas y otros platos que se ofertan en desayunos y almuerzos.

Noriega manifiesta que lo más difícil ha sido la adaptación de los muchachos a su nueva vida laboral. Ellos, antes, se dedicaban a otra cosa o pasaban encerrados en su casa.

Sin embargo, con su lenguaje de manos, Mayra Chorlango levanta su pulgar y dice que se siente bien en su nueva tarea. Ellos serán capacitados para abrir otras sucursales en la ciudad.

En los primeros días la venta de comida ha sido alta. Han llegado a preparar hasta 150 almuerzos diarios a pesar de la falta de vajillas. En los próximos días será la inauguración del local.

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