21 de September de 2009 00:00

Las remesas no cubren el costo de emigrar

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Redacción Judicial

¿Las ideas del ciudadano del mundo y de romper el control a  la emigración ilegal se podrán  cumplir? 

HOJA DE VIDA
Raúl Delgado Wise

Es el Director Ejecutivo  de la Red Internacional de Migración y Desarrollo (RIM) de México.
Es Doctor en Ciencias  Sociales por la Universidad de Pensilvania;   25 años de experiencia como  investigador económico y  de migración. Publicó  seis libros y 60 ensayos. Estuvo  en las Jornadas Hemisféricas de Migración hechas  en  Quito.

El principal problema que se  afronta es el capitalismo  que vivimos. Lo que hoy mueve el capital es la búsqueda de fuerza de trabajo más barata y el diferencial salarial es un elemento importante para el capitalismo. Mantener esos diferenciales en varias  regiones del mundo es fundamental y eso hace que sea prácticamente imposible que se piense en abrir las fronteras y reducir la ventaja. 

¿Cómo puede comprobar ese fenómeno?

En los procesos de internacionalización de la producción; por ejemplo, las  grandes corporaciones tienen pequeños enclaves en países periféricos  o de América Latina disfrutando de mano de obra barata. Por ejemplo,  en México el diferencial salarial es  de uno a nueve con relación a EE.UU., eso les permite tener ganancias fáciles y casi exentas de impuesto. El otro elemento es que la fuerza de trabajo que emigra, desde la menos calificada hasta más alta, abarata los costos laborales en países como EE.UU.

¿Qué impacto económico tienen esas condiciones?

Voy a dar unos números y luego unas cifras. En México, que  puede ser considerado un ejemplo, hay 12 millones de emigrantes; en EE.UU., hay 30 millones de origen mexicano y la mitad de la comunidad científica está en ese país. Además, hay 55 millones de trabajadores en plantas de grandes corporaciones y 72 millones de emigrantes   trabajan  en los países más desarrollados. Y en esas naciones su  contribución  es grande. Los mexicanos aportan a la economía de EE.UU.  con USD 35 000 millones y al Fisco con 52  000 millones y recibimos por remesas 25 000 millones. En el caso de las plantas,   la transferencia neta de las ganancias, generalmente, está en EE.UU. o   Europa.

Según sus cálculos, las  remesas son inferiores  al dinero que queda en esos países. 

En México, y puede repetirse en países americanos, la emigración cuesta el doble de lo  que recibimos en remesas. Sin contar con rubros que los Estados de origen gastan en educación, salud y otros aspectos. La pregunta es quién subsidia a quién.  El trabajo de los emigrantes se convierte en un subsidio y así es criminalizado.

¿No es una violación  de derechos que puede ser reclamada en cualquier tribunal?

Vivimos una sobreoferta de trabajo.  Con la incorporación de la ex Unión Soviética, China e India al capitalismo y las reformas  neoliberales, la fuerza de trabajo disponible llega a 3 000 millones de personas. Esta sobreoferta permite    bajos sueldos, ganancias fáciles. Además,  hay  países que se venden como sitios de fuerza de trabajo barata.  Filipinas  se define como un país de trabajadores para el mundo, pero ellos solo   hacen visible lo que otros  ocultan.

¿Cómo frenar ese abuso ?

La más importante es tomar conciencia y poner sobre la mesa de discusión pública estos temas. Hay que saber que hay una fuerza que puede ser usada en nuestros países. La cuestión es cómo unir  la diáspora que viven nuestras naciones a un proyecto bien organizado de desarrollo, con políticas claras para los emigrantes.

¿Sería una solución pedir a los emigrantes que regresen o que produzcan allá y envíen más remesas? Su dinero es un pilar para la dolarización ecuatoriana.

Los emigrantes han sido un soporte para la macroeconomía de todas nuestras naciones. Pero no se puede decirles venga no más, necesitamos construir las avenidas para que puedan regresar. Es ilusorio pensar que todos vuelvan de inmediato. Se necesita una economía, política y reconstruir nuestros sistemas de desarrollo.

¿Cómo entender el control más fuerte en los países receptores de emigrantes?

Es una gran hipocresía, la mitad de puestos de trabajo en Estados Unidos, desde 1994 hasta esta fecha,  ha sido ocupada por un emigrante y no se trata de una necesidad sino de una estrategia para ganar más con esa mano de obra. Y en ese sentido la criminalización de la emigración los vuelve vulnerables  y se pueden producir violaciones a sus derechos.

Pero nuestros países   ejecutan políticas más severas para el control migratorio. Por ejemplo, en  México  muchos ecuatorianos han sido víctimas de la violencia.  

México   hace el trabajo sucio para EE.UU.  Damos un trato desdeñable a nuestros hermanos de Centro y Sudamérica que intenta cruzar a  los EE.UU. Las autoridades mexicanas defienden a nuestros emigrantes para que sigan enviando sus remesas, Esa es  la vía más fácil. La Novena Conferencia de Migraciones puede  ser  un foro para plantear propuestas  de políticas  desde la región.

¿Cuál sería esa política?

Los  países receptores de emigrantes dan  dádivas a los emisores. E incluso han tratado absurdamente  de cobrar impuestos por eso. Ya lucran con el tipo de cambio, compañías aéreas, telefónicas y una red de empresas que se teje tras la emigración. Hay que dejar claro y con argumentos que los emigrantes ayudan a los países de destino y tiene un costo enorme para los  de origen que no  cubren  las remesas.

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