28 de mayo de 2018 00:00

El predio de la estación La Y del Trolebús se rematará

En la manzana en que opera la estación La Y también se encuentra la plaza de toros Quito,un predio en el que desde el 2016 no hay mayor actividad. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO.

En la manzana en que opera la estación La Y también se encuentra la plaza de toros Quito,un predio en el que desde el 2016 no hay mayor actividad. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO.

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Daniel Romero
Redactor (I)
dromero@elcomercio.com

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A la medianoche de este jueves 31 de mayo del 2018, la última unidad del Sistema Trolebús saldrá de la estación La Y, en el norte de Quito. Después de esto, esa parada que funcionó desde 1996 cerrará sus puertas, hasta que el Municipio defina el mecanismo mediante el cual rematará ese predio.

Desde el 1 de junio, las operaciones del Sistema Trolebús se trasladarán a la Estación Multimodal El Labrador, ubicada 800 metros más al norte de La Y. Está previsto que, a partir de las 05:00 de ese día, desde allí se despachen tanto los articulados como las rutas alimentadoras.

La antigua estación tiene una dimensión de 31 700 m², en los que se asientan la terminal de pasajeros, los patios de maniobras y los estacionamientos, según la Empresa Pública Metropolitana de Transporte de Pasajeros.

Una vez que deje de funcionar como estación de transporte, pasará al inventario de bienes de la ciudad.

Miguel Dávila, administrador del Cabildo, dijo que una vez que se dé el cambio a El Labrador se pensará en el mecanismo para el remate del bien. Mientras tanto, el inmueble permanecerá custodiado por personal de seguridad.

“No queremos que el precio del inmueble baje debido a que se generen inconvenientes o deterioro mientras permanece cerrado”, apuntó Dávila.

Actualmente a la estación La Y llegan, en promedio, 36 000 personas diariamente. A eso se suma la presencia de 200 trabajadores de la Empresa de Pasajeros, que laboran por turnos en esa parada del Sistema Trolebús.

Esa cantidad de personas es la que da movimiento a esa zona, sobre todo en el sector de la 10 de Agosto y Río Cofanes.


Frente a la estación se ubican oficinas, una concesionaria de vehículos y algunos negocios. Hacia el lado norte hay más viviendas y comercios. También colinda con la plaza de toros Quito, un predio que está en desuso desde el 2016 y que, para moradores y comerciantes del sector, genera inseguridad al no tener mayor actividad.

Jacobo Herdoíza, secretario de Territorio, Hábitat y Vivienda, dijo que al Municipio le interesa que en ese sector se propicie un desarrollo inmobiliario. Para esto hay dos escenarios posibles.

El primero es que se subaste el predio. La ventaja de esta opción, según Herdoíza, es que se podría obtener un mayor valor tras la recalificación del suelo que habrá en esa zona.

El terreno de la estación La Y se ubica en el radio de influencia que tendrían las paradas del Metro de Quito de El Labrador y Jipijapa. El Secretario de Territorio explicó que hay un proyecto con el Banco Mundial para la repotenciación urbanística en torno a las paradas del Metro. Según Herdoíza, en esos sectores habrá incentivos para el desarrollo inmobiliario.

Para este proyecto se escogerá una de las 15 estaciones del Metro que aún no se ha definido. Sin embargo, Herdoíza cree que el densificar (crecer en altura) los sectores cercanos a las estaciones, podría estimular el desarrollo inmobiliario en La Y.

La segunda es que sean el Municipio y el sector privado, mediante una alianza, quienes desarrollen un proyecto inmobiliario que combine vivienda, servicios públicos y comercio.

Para el urbanista Hernán Orbea, ese terreno es la posibilidad para intentar nuevos tipos de uso de vivienda que sean polifuncionales. Es decir, que sea un lugar en el que se puedan exponer o realizar emprendimientos relacionados con la cultura y también con propuestas productivas.

“Puede haber desarrollo inmobiliario mediante un parque de vivienda. La infraestructura de esas residencias debería admitir múltiples usos, para que sea posible no solo vivir sino también vender bienes o servicios”, dijo.

Orbea coincide con Dávila en que dejar pasar demasiado tiempo mientras se define la forma en la que se rematará el bien puede generar cierto deterioro. Y esto, a su vez, podría influir y bajar el precio final de venta del predio.

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