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En Quito, clavar o pintar el tronco de un árbol podrá ser sancionado

El sector de La Carolina es uno de los espacios de la ciudad que cuenta con árboles nativos y también patrimoniales. Foto: Julio Estrella / El Comercio

La relación de los quiteños con el árbol es un asunto complejo. Mientras que unos defienden su permanencia debido a sus beneficios ambientales, otros simplemente deciden podarlos para que no dañen el frente de sus casas. Pero esto podría cambiar con la nueva normativa aprobada esta semana por el Concejo Metropolitano.

Con 15 votos a favor, el cuerpo edilicio dio paso a la Ordenanza metropolitana de protección, fomento y preservación del arbolado urbano en el marco de la Red Verde Urbana. En sus 45 artículos se encara la necesidad de trabajar desde tres frentes: la protección, la educación y la sanción.

El concejal Juan Manuel Carrión explica que este es el resultado de tres años de diálogos entre autoridades municipales y defensores del medioambiente. Él sostiene que “el árbol es un ser vivo sujeto de derechos de la naturaleza”, pero que esto no se reflejaba en las actuales leyes de la ciudad.

Para Cecilia Pacheco, secretaria de Ambiente de Quito, detrás de toda esta propuesta hay una idea de ‘naturizar’ el espacio público. Y la ordenanza es clara al respecto: “se declara protegido al arbolado patrimonial inventariado y a todos los árboles en suelo urbano”. Esto implica que estos han obtenido una protección especial que incentivaría su utilización.

Las implicaciones

Justamente en esta semana, Juan Oñate estaba buscando un jardinero para que le ayude a podar un árbol que se encuentra en el patio trasero de su casa, en el sector de Miraflores (centro-norte). No sabe cuántos años lleva allí este tilo, pero para él es parte del hogar.

Al preguntarle sobre si conoce la normativa del arbolado urbano de la ciudad, él responde que no. Le tomó por sorpresa el hecho que no todos los jardineros de Quito están capacitados para manipular a este tipo de plantas y que su mala poda puede incurrir en sanciones.

En efecto, la nueva ordenanza contempla hasta 25 tipos de infracciones por el mal manejo de los árboles de la ciudad, tanto en el espacio público y privado. Por ejemplo, poner un clavo en el tallo podría devenir en una sanción de 0,5 Salarios Básicos Unificados (SBU). Se tomó esta medida porque esta puede ser la entrada de microorganismos que puedan enfermar gravemente al ejemplar.

Asimismo, una práctica común y que estará restringida es pintar el tronco de árboles, arbustos y todo tipo de vegetación. Esto tapona las lenticelas, que ayudan al intercambio de gases entre el interior y exterior de la planta.
Otra medida es la poda. Las acciones de este tipo que se realicen en el espacio público y privado y que no cuenten con la respectiva autorización podrán ser sancionadas con cinco SBU. Pero si se talan árboles sin un informe técnico, las multas son de cinco SBU por cada ejemplar afectado.

Ahora también estará prohibida permanentemente la tala y poda de nueve especies y subespecies: guaba (Inga insignis), arrayán (Myrcianthes sp.), mimosa (Mimosa quitensis), cedro (Cedrela sp.), nogal (Juglans neotropica), quishuar (Buddleja sp.) y algarrobo (Vachellia macracantha) y de las exóticas como la araucaria.

En esta misma línea, los viveros municipales deberán cambiar su estrategia para producir prioritariamente las especies de árboles nativos y emblemáticos. Sin embargo, este será un reto para la ciudad que tendrá resultados en el mediano y largo plazo.

De acuerdo con un estudio publicado en 2020 por el Centro de Información Urbana de Quito y realizado en 13 zonas del centro, norte y sur de la urbe, en promedio uno de cada cuatro árboles era nativo en los sitios analizados, con excepción de los sectores de La Portugal y San Blas donde predominan el arupo rosado y el tilo.

Nuevos retos para la ciudad

Juan Javier Nicholls fue uno de los participantes en la creación de esta normativa. Él es miembro de la Asociación Ecuatoriana de Arboricultura y Biodiversidad y autor de la investigación ‘La ciudad y sus árboles: Estudio de caso de dos barrios quiteños a través de sus imaginarios’.

A su criterio, los quiteños tienden a ver al árbol desde criterios estéticos y de seguridad. Si es para el hogar, se prefieren especies vistosas, mas no necesariamente nativas o con las condiciones técnicas para crecer en la ciudad. Y si se trata de diseñar las calles, la gente tiende a ver a estos elementos como potenciales focos de inseguridad bajo la mala percepción de que allí se esconden los ladrones.

Nicholls hace énfasis en que lo aprobado por el Concejo debe repotenciarse mediante campañas de educación ambiental. “Los árboles tienen que servir para hacer hábitat”, enfatiza al respecto.

La necesidad de árboles es una necesidad real para gente como María Luz Ainaguano. Ella vive en Quitumbe, sur de Quito, cerca de la plataforma gubernamental, pero todos los días viaja hacia el sector de La Carolina, donde trabaja. Para ella es notoria la diferencia entre ambos polos de la ciudad.

En los días soleados, al salir del trabajo prefiere caminar unas cuadras resguardada por los árboles. Eso no suele hacerlo en su sector, donde la única sombra es la que se proyecta de las casas de dos y tres pisos. Para ella, una calle arbolada mejoraría su calidad de vida.

‘Lo más importante es que se está revalorizando el árbol nativo’ Nicolás Cuvi, biólogo, docente e investigador

Hay una idea traída por los conquistadores de importar árboles que estaban en Europa y que podían traer un paisaje que les recordaba aquello que se consideraba “civilizado”. Ahora, lo más importante es que se está revalorizando el árbol nativo y es positivo por la complejidad alrededor de este: los frutos son comidos por aves nativas; las flores son polinizadas, etc. El árbol nativo provee de hábitat a otras especies y ahí hay una riqueza que va más allá del valor que pueda tener por sus funciones ecológicas.

‘Mantener una red verde en una ciudad va a ser importantísimo’ Verónica Arias, ambientalista y directora de CC35

Quito es relativamente verde, en el sentido de que está dentro de los estándares y parámetros de la Organización Mundial de la Salud, pero porque tenemos todo el distrito metropolitano con áreas verdes, no tanto porque tenga un arbolado urbano. Si estamos hablando de una situación climática como la actual, justamente el mantener una red verde en una ciudad va a ser importantísimo por temas de regulación de temperatura, para evitar deslizamientos, mantener la biodiversidad y la polinización.