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Testimonio: ‘Vi la muerte de una chica de 14 años en su casa’

Wilson Chango luce su uniforme de trabajo en la Empresa Pública Metropolitana de Gestión de Residuos. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Testimonio de Wilson Chango, trabajador de la Emgirs

“Toda mi vida he laborado como reciclador junto a mi familia. Es un trabajo digno, muy noble, del cual me siento orgulloso. Mi padre fue uno de los fundadores de la Asociación Artesanal de Reciclaje Vida Nueva. Con él íbamos a la estación de transferencia en Zámbiza para recolectar papel, cartón, plástico, vidrio y más.

Los técnicos de la Emgirs me conocían por mi desempeño y responsabilidad, por lo que me invitaron a trabajar en esa institución desde el 26 de mayo de 2020, justo cuando la pandemia comenzó a causar estragos en Quito. La verdad es que siempre quise pertenecer a la Emgirs, era como un sueño hecho realidad, pero jamás me imaginé que estaría en la primera línea como fumigador en el levantamiento de cadáveres.

Con mis compañeros hemos colaborado en aproximadamente 150 procedimientos.

El caso que más me impactó fue el de una chica de 14 años, quien falleció en su casa en Chillogallo. Tenía síntomas de coronavirus y de un momento para otro se desplomó mientras caminaba. Sus familiares lloraban mucho, no comprendían qué pasó. En esos momentos, yo no pude contener el llanto y me uní a su dolor.

En esos instantes comprendí que para el covid-19 no hay edad ni condición social. Los padres y hermanos de la adolescente respetaban los protocolos de bioseguridad y eran muy ordenados. No se aglomeraban y siempre se quedaban en la casa. Fumigué el sitio en donde ella cayó tendida mientras escuchaba los llantos. En ese instante me acordé de mis hijas, de 4 y 11 años. Le pedía a Dios que las cuidara y oré.

Al principio de la emergencia sanitaria sentía mucho miedo porque trabajamos casi de forma ininterrumpida las 24 horas. Había momentos en los que me acostaba en la cama luego de llegar a mi casa y en ese instante tenía que salir a trabajar nuevamente, porque se reportaban más decesos. Hubo días en los que apenas dormí unas dos horas.

A veces comenzábamos la jornada a las 07:00 y terminábamos a las 10:00 del otro día. En promedio levantábamos entre ocho y 10 cadáveres diarios. Me cuidaba mucho cuando regresaba a casa. Allí me bañaba y desinfectaba con abundante alcohol. Me daba recelo comer y compartir la mesa con mi esposa e hijas. Al principio, mi señora me dijo que renuncie por precaución, pero al final entendimos que debía seguir por nuestro bienestar.

Ahora se ha tranquilizado la situación. En los dos últimos meses colaboramos en el levantamiento de un solo cadáver; fue en Guamaní, en el sur.

Soy muy creyente en Dios. Siempre rezo para pedirle que me ayude. Estoy seguro que me cuida porque hasta ahora no me he enfermado y mi familia está sana, incluidos mis padres, sobrinos, tíos, primos… Siempre le pido al Señor que me devuelva a casa sano y hasta ahora me ha escuchado.

Gracias a Dios, en Quito la situación no fue tan grave como en Guayaquil; pero los meses más difíciles, con mayor número de contagios, fueron junio y julio de 2020.

Recuerdo que una vez tuvimos la alerta de un fallecido en el subcentro de salud de Chimbacalle y cuando acudimos nos enteramos de que se trataba de un compañero del trabajo. Se llamaba Ignacio Marcaya, pero de cariño le llamábamos ‘Manolo’. Nos llevábamos muy bien y fue doloroso enterarnos que sus dos hijos se quedaron en la orfandad.

Al ver ese tipo de casos aprendí a valorar más la vida. Por eso me indigna que mucha gente organice fiestas y exponga la salud de sus parientes sin importarles que, en algunos casos, sus papás o abuelos son adultos mayores.

Ahora me he convertido en un experto en fumigación de sitios en donde fallecieron personas de covid-19.

Para cada intervención preparo la mezcla con hipoclorito y agua. Utilizo una mascarilla que me cubre toda la cara, traje de bioseguridad, me pongo botas de caucho y cinta adhesiva, entre otros implementos para mi seguridad.

Su vida

Tiene 30 años y colabora en la Emgirs. Es el responsable de realizar todas las tareas de fumigación del lugar luego del levantamiento de cadáveres asociados al covid-19.

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