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Taxis en Quito reciben desinfección y maximizan su seguridad

Un taxista labora con un traje de protección especial en Quito. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

Un taxista labora con un traje de protección especial en Quito. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

Un taxista labora con un traje de protección especial en Quito. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

Los taxis habilitados para circular durante la restricción de movilidad en Quito son desinfectados a diario. Los transportistas conducen con mascarillas y guantes, tienen gel antibacterial y algunos colocan plásticos para dividir su sección de los pasajeros.

La distribución del material de desinfección está a cargo de la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (Epmaps). La institución ha entregado hasta el momento 1 000 dosis de hipoclorito de sodio para la desinfección de buses, taxis, mercados, distribuidoras de gas, gobiernos parroquiales, entre otros.

Desde una bodega, en la av. Occidental, en el norte de Quito, se reparte el producto a las cooperativas de taxis para que distribuyan a conductores.

Juan Fernando Robalino, gerente de Operaciones de la Epmaps, explica que la entidad no controla los procesos, tras la entrega del material se espera que los beneficiados lo usen adecuadamente. La desinfección de las unidades se realiza a través de los centros de revisión vehicular en Carapungo (norte) y Guamaní (sur).

La limpieza se hace a diario y el desinfectante se coloca en todo el vehículo. Esta decisión se tomó con el fin de que personal especializado haga la limpieza, antes estaba a cargo de los mismos transportistas.

Carlos Brunis, presidente de la Unión de Taxistas de Pichincha, añade que en caso de que no puedan acudir a los centros de revisión, la esterilización hace cada compañía y para esto han adquirido bombas y suministros para la asepsia.

El lavado de manos, la limpieza permanente de unidades y no elevar los precios de las carreras también ha sido una exigencia a los conductores.

Sin embargo, estas disposiciones no se cumplen en su totalidad. En operativos realizados, entre el 17 de marzo y el 10 de abril, se revisaron 6 705 taxis y se sancionó a 50 por mal uso del taxímetro, incumplir medidas de bioseguridad y otras infracciones.

Otra regla es no transportar pasajeros sin guantes, mascarilla y que no ocupen el asiento delantero para mantener la distancia. Si presentan síntomas relacionados con covid-19 se ha pedido a las cooperativas que alerten de inmediato. Según Brunis, hay un contagiado en el gremio y se encuentra recibiendo atención médica.

Cada día Sandra Artieda utiliza entre 2 y 3 veces el servicio para ir a su casa y trabajo. Dice que no todas las unidades usan taxímetro y que algunos choferes no se protegen con mascarillas o guantes. Cuenta que en ciertos días es más difícil encontrar taxis por las restricciones de movilidad y a veces ha debido tomar taxis informales.

Este Diario constató que en algunos taxis se colocaron plásticos para separar a los asientos delanteros de los posteriores. El objetivo es no exponerse y también proteger a los pasajeros. Asimismo, llevan una botella de alcohol o gel antiséptico y se lavan las manos con frecuencia.

La mayoría de taxistas porta mascarillas; pocos se ponen guantes de látex. En muy pocos casos visten trajes de bioseguridad. Al mediodía del jueves 9 de abril, un conductor utilizaba uno mientras trabajaba a la altura de las calles José Peralta y Delfín Treviño del barrio El Camal, en el sur. En otros sectores, los taxistas sellaron con plásticos únicamente el asiento del conductor.

El 19 de marzo, Brunis exhortó a los socios del gremio a no circular y a permanecer en sus casas; sin embargo, no existe restricción para que estos desempeñen su trabajo, siempre y cuando respeten el pico y placa. De las 30 000 unidades disponibles en Quito, están operando unas 3 000.

Luis Cuenca, taxista, cuenta que en su cooperativa suspendieron el servicio durante la emergencia, pues la mayoría de transportistas son de la tercera edad. Reconoce que su economía se ha afectado, pero prefiere eso a arriesgar su vida y la de su familia.

En el caso de ‘apps’, como Cabify, da servicio para abastecimiento de productos, emergencias de salud o trabajo en los sectores autorizados y no incumplen el toque de queda.

Los conductores que presenten síntomas por covid-19 son desconectados de la aplicación de forma temporal, hasta que su salud no represente un riesgo para los usuarios.

Patricio Andrango, conductor de este servicio, cuenta que usa guantes, mascarilla y gafas, además desinfecta su vehículo con alcohol luego de transportar a pasajeros.

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