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El amor de Quito a los vehículos le pasa factura

Una de las cicleadas en conmemoración del Día Mundial sin Auto se realizó desde la Orellana hasta el Bicentenario. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Sí, el 22 de septiembre se conmemoró el Día Mundial sin Auto. Quito no lo celebró.

En las calles se sintieron la misma congestión y el mismo ruido de motores y bocinas que siempre hay. Solo dos pequeñas caravanas con ciclistas, organizadas por entidades de control, recorrieron un tramo de la ciudad e hicieron un llamado a la gente para que dejara el auto en casa.

El miércoles 22 de septiembre, las ciclovías no se llenaron. Las calles y avenidas, sí.

En Quito hay más de los 500 000 vehículos que dice el Municipio. Cristóbal Buendía, director del Observatorio Ciudadano de Movilidad, detalla que a esa cantidad se deben sumar los carros que llegan de otras provincias y que están de paso, por lo que fácilmente superan los 700 000.

El mensaje de los beneficios que tiene guardar el carro y moverse en un medio alternativo ha intentado hacerse eco en la ciudad desde hace más de 10 años, pero no lo ha logrado.

Al comparar el impacto de movilizarse en auto, bus, bicicleta y escúter (que se ha hecho popular desde el inicio de la pandemia, en marzo del 2020), los resultados saltan a la vista.

El análisis coteja los cuatro tipos de vehículos cubriendo un mismo trayecto: desde el parque Bicentenario hasta la Colón, y pone en escena el impacto que tienen en cuanto a tiempo de traslado, costo, salud y contaminación.

Para Alfredo Viteri, experto en movilidad, contrario a lo que mucha gente piensa, movilizarse en medios alternativos como bicicletas o escúteres es más rápido que ir en auto o en bus; da un ejemplo: cruzar un viernes a las 18:00 unas 10 cuadras de la av. Amazonas, en el sector de la Naciones Unidas, puede tomar 25 minutos. En bici toma menos de cinco.

Mientras el tráfico es caótico en los carriles tradicionales, en la ciclovía todo fluye con envidiable rapidez. Las temidas horas pico (de 07:00 a 09:30 y de 17:30 a 20:00), que colapsan la ciudad, no afectan a la circulación de estos medios alternativos.

Viteri reconoce que no todo es color de rosa cuando se va en bicicleta. Aún hacen falta carriles exclusivos, infraestructura vial, señalización y respeto a los ciclistas por parte de los conductores.

Además, advierte que debido a la geografía de Quito, hay moradores de zonas alejadas, como Calderón o San Antonio de Pichincha, o de sectores ubicados en lomas, como San Juan, Pisulí, La Libertad y la Ferroviaria, que difícilmente podrían usar la bicicleta para ir al trabajo, a la universidad o a hacer sus trámites.

Los cuatro tipos de ve­hículos con los que se hizo este ­ejercicio también tienen un impacto diferente en el bolsillo de los usuarios.

El costo para mover un auto, por ejemplo, no solo se limita al combustible (el galón de gasolina extra está en USD 2,39 y va al alza), sino que también guarda relación con el desgaste de llantas, depreciación del auto, repuestos, entre otros.
Según los estudios a los que hace referencia Buendía, mover un bus un kilómetro cuesta en promedio USD 4,6. Mover esa misma distancia un auto cuesta menos de la mitad: USD 2. Pero hay que tomar en cuenta que en la capital, cada bus tiene capacidad para llevar 90 pasajeros (por la pandemia trabajan al 50% ), mientras que en un auto viajan una o dos personas en promedio.

Poner en movimiento una bici o un escúter cuesta menos de un centavo por kilómetro.

Disminuir la contaminación es uno de los argumentos más fuertes de quienes impulsan la idea de dejar el auto en casa. Carlos Páez, profesor del departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Politécnica Nacional, ayuda a entender ese impacto.

Explica que para saber la incidencia del auto en el ambiente se deben medir factores de emisión que varían dependiendo del tipo de carro, del tamaño, del combustible que utilice, e incluso del año de fabricación. Mientras más viejos y grandes, contaminan más.

Hay que tomar en cuenta que los vehículos no solo emiten contaminantes por el tubo de escape, sino por la abrasión de las ruedas con el pavimento y de los frenos contra los discos.

La contaminación más fuerte se da por lo que los expertos llaman material particulado fino. Se trata de partículas muy pequeñas que contaminan el aire y que tienen una mayor agresividad sobre la salud de las personas. Ese contaminante se la llama PM2,5.

Como su tamaño es 40 veces menor que una partícula de polvo, tiene la capacidad de ingresar por las vellosidades de la nariz hasta los pulmones.

Páez explica que en el caso de Quito, las emisiones de ese elemento de cada auto son de 0,0304 gramos por cada kilómetro que recorre. Puede parecer poco, pero al año cada auto circula unos 15 000 km. Es decir emite casi una libra del contaminante en ese tiempo.

Eso, multiplicado por los autos sedán que hay en la capital (sin tomar en cuenta camionetas, motos y taxis), da un total de 137 toneladas de ese contaminante al año. Es decir, unas 11 volquetas repletas de ese polvo minúsculo y dañino.
Haciendo el mismo ejercicio, pero con el transporte público, sale a la luz que los 3 000 buses que hay en Quito emiten en un año más de 29 toneladas de ese contaminante.

Los tres expertos coinciden en que para que la gente deje el auto en casa no basta con organizar una cicleada, se debe fortalecer el transporte público, respetar al pasajero, que no haya correteos, tener un pasaje justo, dar buen trato al usuario y que el servicio llegue hasta las zonas más alejadas.

Y algo fundamental: que las personas que usan bicicleta u otro sistema alternativo se sientan seguras en las vías.
Caso contrario, la relación de dependencia entre Quito y el auto seguirá siendo tóxica.

El #DíaMundialSinAuto 🚙❌ , una oportunidad para dar respiro a nuestro planeta. ¡Hay buenos motivos para dejar tu vehículo en casa! 😌💚🚲🚶🚶‍♀️ » https://bit.ly/3i0nfJ0

Posted by El Comercio on Wednesday, September 22, 2021

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