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En Quito, consumo de agua sube en 43% en medio de un déficit

En el sector Caspigasí, en la Mitad del Mundo, los moradores se quejan porque el agua potable llega por horas y a veces no. Foto: Foto: Patricio Terán / El Comercio

Todas las casas tienen tanques azules en el techo, lavacaras enormes en el patio o cisternas bajo tierra. En Caspigasí, La Marca y Alcantarillas, o se busca la forma de guardar agua o se muere de la sed. Estos tres barrios están ubicados en San Antonio de Pichincha, en el norte de Quito, y tienen algo en común: conviven en un clima polvoriento y el agua les llega casi siempre a cuentagotas.

Desde las casas grandes de tres pisos y enormes patios, hasta las mediaguas de un solo cuarto, las familias tienen que buscar la forma de abastecerse del líquido.

María Chimba, de 53 años, vive a un kilómetro del monumento a la Mitad del Mundo, el lugar más visitado por los turistas que llegan a la capital, y ha aprendido a vivir con la escasez de agua.

Sabe que apenas le llega el servicio, debe poner a remojar la ropa que se arruma en el tanque de cemento de su patio para que el sucio salga más fácil y pueda ocupar menos líquido. Aquí no se cumple eso de que, por salud, una persona debe tomar dos litros de agua al día.

A lo mucho, consume el agua con el que toman el café del desayuno; tampoco es posible bañarse a diario. Durante todo septiembre, les dieron agua únicamente 10 días, recuerdan los moradores.

María camina en medio de la neblina de la tarde y abre la llave del patio para evidenciar que la tubería está seca. No sale ni una sola gota. Por eso, cuando llueve, aprovechan para tender ollas y tinas y recolectar lo que puedan.

A un kilómetro de su casa vive Rosalía López, en La Marca. Asegura que este año ha sido el menos grave de los últimos cinco.

Han recibido agua tres o cuatro veces a la semana. Los años anteriores, el agua dejaba de venir hasta por 15 días. A ella no le quedaba más opción que ir a bañarse y a traer agua de la casa de su mamá, que vive en Monteserrín.

Apenas se mudó, en agosto del 2017, pasó dos semanas sin agua. Tuvo que pagar la renta del departamento anterior donde vivía por un mes más, para poder tomar agua y llevarla a su nueva casa.

Debió adquirir un tanque de 1 000 litros, pero solo le alcanza para un día para su familia de cuatro miembros. Debe ayudarse con botellones de agua; cada uno cuesta USD 2. Hay un detalle más: la cuenta que paga al Municipio nunca baja. Cancela casi todos los meses USD 15, haya o no haya agua.

Cuenta que las personas que viven en la zona por más de 10 años recuerdan que antes solo tenían agua en invierno. Esta semana, el Municipio les dijo que se está llevando a cabo un proyecto para mejorar el servicio, pero tardará al menos tres años en empezar a funcionar. ¿Y mientras tanto?

Otras zonas

En Quito hay al menos ocho zonas que tienen problemas con el abastecimiento de agua, sobre todo en la época de verano.

Juan Esteban Espinoza, gerente de Operaciones de Agua de Quito, explica que el consumo de agua en la capital es alto. No debería llegar ni a los 120 litros al día, pero supera los 210 por cada habitante.

Además, en el verano han identificado que el consumo aumenta en un 15% y dice que el alza se da porque, como no llueve, hay zonas rurales donde ocupan el agua potable para riego de cultivos.

Entre las zonas donde hay escasez en esta época están, además de Caspigasí, Carcelén, Calacalí, La Merced, Alangasí, Guayllabamba, Puembo y Tumbaco.

Las parroquias orientales forman parte de ese grupo, en especial los barrios ubicados en las zonas altas. Hasta esta semana, la empresa tenía una capacidad máxima de 500 litros por segundo con la planta antigua de Paluguillo, pero hay una nueva infraestructura que está empezando a operar con la que triplicarán el caudal, alcanzando los 1 600 litros por segundo. “Es la cantidad suficiente -dice Espinoza- para amortiguar todos estos incidentes”.

La nueva planta comenzó a operar el lunes y están afinando detalles para enviar el líquido a la línea de distribución del servicio.

En La Merced y Alangasí están haciendo los estudios para una nueva red de abastecimiento. Una vez que se tengan los reportes definitivos, se podrá saber cuál será el cronograma de ese proyecto.

Sobre el problema de San Antonio, Espinoza explica que se tiene la nueva línea de Calderón y que están en proceso de retomar su construcción para incrementar la cantidad de agua en la zona.

Su avance se detuvo porque es un proyecto que entró en revisiones legales, pero, según el Gerente, están trabajando para ponerlo a funcionar. Sin embargo, no precisó fechas. Mientras eso ocurre están optimizando las redes hidráulicas.

120 litros de agua debería ocupar una persona para saciar todas sus necesidades, pero hay sectores donde se duplica.