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El apoyo psicológico es una mano amiga durante la pandemia

Una intervención grupal en el Sipaq, ubicado en la calle Guayaquil y Morales, sector de La Ronda, en Quito. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Las marcas del maltrato que sufrió en la infancia aún son visibles en sus brazos y piernas. El dolor por la violencia de todo tipo ha acompañado a Julia (nombre protegido) toda su vida. No fue sino hasta febrero, en medio de la pandemia, que decidió buscar ayuda.

La mujer, de 58 años y enfermera de profesión, es una de las 43 052 personas que ha recibido apoyo del Sistema Integral de Prevención de Adicciones de Quito (Sipaq), ente municipal, entre marzo del 2020 y abril de este año.

Julia es de Los Ríos, sufre de depresión y tiene presente los múltiples hogares por los que pasó en su infancia. Su madre la dejó cuando era una bebé y su padre la encargaba con familiares y un padrino. Este último llegó a quemarle la piel con leña. Y cuando volvió a la casa de su padre, una noche, bajo el efecto del alcohol, la persiguió con un cuchillo.

La violencia se replicó con su exesposo, quien, en copas, varias veces intentó agredirla con una pistola.
En esta emergencia, Julia encontró una mano amiga. “Es la primera vez que logro contar lo que viví”. Hoy, ella trabaja cuidando a un paciente a domicilio y su hijo tiene 30 años.

Su voz se entrecorta al recordar y, a la par, agradece la atención gratuita, pues sus ingresos no le permiten costear una terapia particular.

Maribel Romero, coordinadora del proyecto de atención, da cuenta de que a partir de marzo del 2020, cuando arrancó la emergencia, se evidenció la necesidad de brindar intervenciones, para proteger la salud mental y evitar el aparecimiento de adicciones. Trabajan con la comunidad desde hace dos años.

Se implantaron varias estrategias, como ‘Quito escucha’: primeros auxilios psicológicos vía telefónica, así como ‘Escucha más, conversa más’, para apoyar a estudiantes.

Se trata de planes completos, no solo de atenciones individuales. Para acceder al servicio se puede llamar al 098 483 1128.

Eduardo C., de 24 años, es una de las personas que buscó ayuda. El encierro en la pandemia, reconoce, agravó su dependencia al alcohol. Pasó de beber una vez por semana a dos y hasta tres. Lo hacía con un amigo del barrio, en Chillogallo, en el sur.

Eduardo, conductor profesional y padre de un niño, empezó el consumo a los 17 años. Para él, era un pasatiempo. Con los años se convirtió en una enfermedad que, incluso, lo llevó a la cárcel por conducir en estado etílico.

En esta emergencia incluso agredió a su hermano y fue ahí que se convenció de que necesitaba ayuda profesional.

Empezó a averiguar sobre grupos de apoyo hasta que dio con el servicio municipal, al que asiste desde enero.

Para el joven, la atención, como dice, le ha permitido recuperarse a sí mismo. Había perdido la capacidad de relacionarse con las personas. Y se aferró a su fe en Dios.

Andrea Córdova es psicóloga clínica y parte del equipo municipal. Durante la emergencia, ella ha sido testigo del temor, miedo, ansiedad, depresión y duelo de las personas que acuden.

No han quedado fuera los sentimientos de culpa de varios usuarios por haber contagiado a un familiar y los problemas en la convivencia diaria. Han trabajado con habitantes de calle, adolescentes infractores y estudiantes.

La profesional comparte que se sostienen como equipo y buscan espacios para descargarse. Ella debe afrontar el cuidado de sus padres a través de una ventana, para prevenir cualquier riesgo. Su perra Kyra, a la que adoptó hace un mes, es su compañera.

Del mismo modo, Andy Camacho y Bryan Villacrés, ambos psicólogos clínicos, emprendieron la ruta de ayudar a la comunidad. En el 2020, se juntaron para abrir el Centro de Salud Psicológica PsicoNova C.V., en la Ulloa y Acuña, centronorte de Quito.

La meta: salvaguardar la salud mental y apoyar con capacitación al personal del área.

Los psicólogos, en el afán de apoyar a gente de escasos recursos, implementaron un programa gratuito, mediante una evaluación previa de la situación de cada persona. Ofrecen, además, psicoeducación por medio de conferencias web, por redes sociales.

Para el resto de atenciones, en la misma línea de que más personas accedan a la atención, fijaron un precio módico, ya sea presencial o virtual.

Camacho detalla que asisten a unos 40 pacientes semanales de forma presencial y a 50 de modo virtual. Ansiedad y depresión son los casos más frecuentes. La comunidad puede comunicarse al 02 510 4874 o al 099 841 5889.

Otro frente que no ha quedado solo en la pandemia es el apoyo a las denominadas madres de brazos vacíos. Tania Acosta y Pamela Saud, quienes atravesaron por un duelo gestacional, formaron la Fundación Abrazando Esperanzas, en febrero.

Las madres reciben terapias grupales e individuales. Actualmente, 35 mujeres tienen atención psicológica. Cuentan con grupos de soporte a través de las plataformas digitales.

La comunidad se puede contactar con este servicio a través de Facebook: Fundacion­ Abrazando Esperanzas y por Instagram: fundacionabrazandoesperanzasec.