25 de September de 2011 00:01

Los próceres dan identidad a los espacios públicos de la ciudad

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Un busto de bronce está ubicado en el ingreso a la Biblioteca de la Facultad de Medicina de la Universidad Central, en el sector de El Dorado. Es el de Eugenio de Santa Cruz y Espejo.

En la placa se afirma que fue un prominente investigador científico, médico, escritor, abogado, periodista e ideólogo político.

Para Juan González, quien cursa el cuarto semestre de Medicina, Espejo fue una persona inteligente que se destacó en todo lo que hizo. “Llama la atención que un indígena en esa época se haya preparado. Es un referente histórico para todos los ecuatorianos, en especial para los médicos”.

Se utilizó su nombre para la biblioteca, porque además fue el primer bibliotecario que tuvo el país, según la directora del centro, Victoria Gavilanes. “Espejo es un referente para los estudiantes”.

Esta biblioteca, ubicada en el IV Pabellón del Centro de Convenciones también llamado Eugenio Espejo, es uno de los espacios de la ciudad que enaltecen a hombres y mujeres reconocidos por sus acciones a favor de la colectividad. La biblioteca es visitada por unos 500 usuarios al día.

El aporte en el campo de la Medicina le mereció que el único hospital de especialidades de Quito también lleve su nombre.

En el patio frontal de la casa de salud se levantó un busto en su honor. La mayoría de pacientes pasa indiferente frente al busto, que no tiene placa. Pocos se detienen a observarlo y siguen su camino.

En el campo de la Educación también es reconocido. Es patrono de la unidad educativa municipal, ubicada en Pusuquí, en donde se educan 1 800 alumnos.

Que los espacios públicos en la ciudad sean bautizados con nombres de hombres y mujeres insignes es importante porque permite preservar la historia, explica Héctor Guerrero, rector de la Unidad Educativa Experimental Antonio José de Sucre.

Este plantel es el más antiguo del subsistema metropolitano de educación, tiene 117 años de vida institucional. Allí se educan 3 000 estudiantes, en los niveles básicos y de bachillerato.

Según Guerrero, la filosofía de la institución fue tener un patrono que haya trascendido en el tiempo y en el espacio. “Sucre demostró valores como gallardía y ética, que hasta la actualidad nadie ha podido reemplazarlo como el Gran Mariscal”.

Esa trascendencia de patriotismo se inculca en los estudiantes del plantel. El pensamiento del Mariscal Sucre está inscrito en cada espacio del establecimiento.

En un mural, quizá el más grande, se resalta la frase: “La más halagüeña de todas las recompensas, es la de haber servido fiel y útilmente a la patria, a la cual la misma vida, es un justo sacrificio que le tributan sus hijos”. Desde la puerta de ingreso se observan pinturas del Mariscal.

Para Guerrero, los personajes históricos son los pilares fundamentales para formar futuros líderes. Las hazañas y situaciones célebres permiten inculcar valores a las nuevas generaciones.

Una de las vías más grandes de la capital, que cruza de norte a sur, desde El Condado hasta Chillogallo, también lleva el nombre de Mariscal Sucre.

Esta vía tuvo varios nombres anteriores, entre ellos Vencedores de Pichincha y Occidental. Otros espacios públicos bautizados con su nombre son el aeropuerto y la zona céntrica de La Mariscal, que incluye una parada del trolebús.

En el sur de la capital también se recogió el nombre de una mujer reconocida por sus obras sociales, la Marquesa de Solanda. En los terrenos de lo que fue su quinta se levantó el barrio que lleva su nombre, gracias a la donación de la propiedad. Varios espacios replican el nombre de la marquesa, entre ellos el mercado central y una de las vías principales.

Punto de vista

Juan Valdano / Historiador

'Hay nombres que no deben estar'

Nombrar calles o lugares públicos con personajes ilustres y próceres que se destacaron por la ciudad o el país, es reconocer y honrar la gesta de ellos.

La Municipalidad debería recoger los nombres de los quiteños, por lo menos, en los espacios del Centro Histórico. Esta es una forma de reencontrarnos con nosotros mismos, a través de nuestra cultura e historia.

Hay algunos nombres de personajes extranjeros que no deberían estar presentes en la ciudad.

Por ejemplo, Reina Victoria o Mariscal Foch. Ellos no trabajaron por el bien de la ciudad o el país ni fueron parte de su historia. La ciudad, por lo menos, el Centro Histórico debe llevar los nombres de hombres y mujeres quiteños que se destacaron por el bien colectivo.

En los barrios también se debería tomar en cuenta a gente que vivió y trabajó por su sector.

Los personajes históricos dan identidad a un pueblo, la ciudad debe reconocerlos y recordarlos.


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