18 de September de 2011 00:01

Ellos predican el evangelio por las calles de la capital

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Al caminar por las calles de Quito es común ver a personas que dedican parte de su tiempo a evangelizar a los transeúntes.

A algunos se los reconoce por su vestimenta. Elder Estrada y Elder Arias, misioneros mormones, visten un pantalón de tela negro, camisa blanca de manga corta y corbata. Tienen un distintivo con su nombre en la parte derecha de su camisa. Otros, como Luis Pacheco, testigo de Jehová, siempre llevan un maletín y en la mano una revista Atalaya.

A Hólger Molineros, pastor evangelista, en su parroquia natal Yaruquí, los vecinos lo reconocen por las visitas diarias que realiza a los diferentes hogares de ese sector y por su labor en la guardería Buen Pastor.

A las 11:00 del pasado jueves, los misioneros Estrada, nicaragüense, y Arias, peruano, salían de la oficina administrativa de la iglesia Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, ubicada en las calles Robles 640 y Amazonas, en el norte de la ciudad. Los jóvenes de mediana estatura, ambos de 21 años, tomaron una mochila negra, se la pusieron sobre el hombro y salieron a predicar.

Estrada comenta que la labor de difundir el Evangelio la realizan a diario. Un día determinado visitan todas las casas de un sector. Los jueves se dedican a conversar con personas que transitan por la calle. Luz María Cando y su esposo Luis Andrade permanecían sentados sobre las gradas del edificio de un banco, en la calle Robles. Los misioneros se acercaron a ellos, después de saludarlos cordialmente e identificarse, les preguntaron: ¿Creen en Dios?

Los esposos se miraron y contestaron que sí. Estrada sacó de su mochila la Biblia y el libro de Mormón y empezó a predicar.

En otro sector de la ciudad, en las calles Mariscal Sucre y Calderón, en el sur, está ubicada la ferretería de Luis Pacheco.

Él abrió su negocio hace 25 años, en ese entonces estudiaba la palabra de Dios, después de un proceso de evangelización se hizo predicador y ahora es anciano de su congregación.

Pacheco, de 60 años, predica las buenas nuevas del reino de Dios, puerta a puerta, en su barrio los miércoles y sábados. A más de eso aprovecha cada visita que los vecinos o transeúntes hacen a su negocio para conversar con ellos acerca de Jehová.

Ismael Calle, morador del sector, llegó a la Ferretería de Pacheco en busca de un juego de destornilladores. Mientras Pacheco buscaba el pedido, le hizo la misma pregunta que los misioneros mormones plantearon a los esposos Andrade Cando. ¿Cree en Dios?, sí respondió Calle.

Inmediatamente, Pacheco tomó de la vitrina la Biblia y una revista Atalaya titulada ‘Cinco mentiras acerca de Dios’. La mostró a Calle e iniciaron una conversación. El primer paso para evangelizar, según Pacheco, es acercarse, y si la persona muestra interés como lo hizo Calle, se le puede visitar en su casa una vez por semana, para enseñarle el estudio del Evangelio e invitarle a las reuniones que se realizan los fines de semana, en el Salón del Reino. “Hay uno en cada zona de la ciudad”, asegura Pacheco.

A una hora y media de Quito está la parroquia rural Yaruquí. Ahí funciona la guardería Buen Pastor. De lunes a viernes, desde las 07:45 llegan 120 niños de entre 6 meses y cinco años.

El pastor evangélico Hólger Molineros los recibe con entusiasmo. Para él, la prioridad es iniciar el Evangelio con los niños. A más de sus visitas diarias vespertinas por los hogares de la parroquia, dirige la guardería Buen Pastor.

Todos los lunes, los niños asisten al templo, que queda junto a la guardería. Escuchan la palabra de Dios, pasan a sus aulas y con la ayuda de la profesora de educación cristiana reflexionan sobre las lecturas.

Con ellos, la inducción del Evangelio se realiza a través de colores. Por ejemplo, la semana pasada, la profesora Sandra Castillo enseñó a los niños de 2 y 3 años el color amarillo y su relación con la salvación. Toda el aula estaba decorada de ese color.

Castillo colocó en la pizarra una cartulina con la imagen de un templo pintado de amarillo. Cantó con los niños una canción referente al tema, les dijo que el camino a la salvación es Cristo Jesús y finalizó con el relato de una historia bíblica, la de Jonás.

Molineros informa que para los jóvenes también siguen un proceso de evangelización. Ellos lo hacen mediante actividades artísticas y culturales. Como la elaboración de murales en las paredes de la parroquia.

Otros sitios


En la Plaza Grande,  los fines de semana se reúnen  integrantes  de la Iglesia Evangélica, para  compartir la palabra de Dios. Se ayudan de un megáfono.
A otros predicadores  también se los encuentra en los buses convencionales o en los articulados del trolebús.
En la Iglesia Cristiana,  la difusión del Evangelio se lo hace  mediante grupos   de estudio conocidos como células. Cada una admite hasta 15 personas.

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