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Personas que viven en las inmediaciones del Hospital del Sur palpan el dolor de los familiares de los pacientes con covid-19

Los moradores y comerciantes de las calles Enrique Garcés y Chilibulo, en el sur de Quito, han sido visto el drama y dolor de familiares de pacientes covid-19. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Desde las ventanas de sus viviendas o las puertas de sus negocios, los moradores y comerciantes de las calles Enrique Garcés y Chilibulo han sido testigos del drama y dolor de los familiares de los pacientes con covid-19 que fueron ingresados al Hospital del Sur

Han visto lo que se abrazan, gritan y lloran desesperadamente tras enterarse que un pariente murió. “Algunas personas han tratado de quitarse la vida arrojándose a los vehículos que circulan por la calle tras conocer el deceso”, contó Franklin Álvarez, un cuidador de carros que trabaja en ese sector desde hace tres años.

La mañana de este jueves, 13 de mayo del 2021, se vivió un ambiente de calma en ese sector que se caracteriza por la presencia de restaurantes, tiendas, bazares y demás locales que comercializan toda clase de productos. Los allegados de los pacientes se sentaron sobre la acera y esperaban en las afueras de la zona de emergencias respiratorias. 

Los vecinos salían a caminar con sus mascotas y utilizaban mascarillas, no hubo aglomeraciones ni desorden en los accesos del hospital.

Los taxistas que brindan servicio en ese barrio aseguran que al principio de la emergencia sanitaria, la cual comenzó en marzo del 2020, la situación era muy delicada por el incremento de contagios. “Era triste ver a la gente que llegaba ahogándose, desesperada, acompañada de sus allegados”, relató el chofer Luis Pozo, de la cooperativa Santiago.

Recordó que hubo casos de pacientes que se recuperaron y los llevó a su casa tras salir del centro asistencial. Mientras los transportaba a sus hogares -acotó el conductor- ellos le contaron sus vivencias y la atención médica que recibieron, también lo que otros internos se quejaban porque no podían respirar y pedían ayuda, principalmente por las noches.

Miguel Córdova es empleado de la funeraria Guerrero que se ubica frente al Hospital del Sur. Lo más difícil para él ha sido ver que algunos familiares de pacientes no tienen un sitio para descansar y, a veces, se quedan esperando bajo la lluvia sin importarles que puedan contraer un resfriado. Otros aguantan el fuerte sol del mediodía. “Todo es caótico (…) Algunos duermen en la calle”.

Quienes tienen posibilidades económicas pernoctan en sus vehículos, lo cual es peligroso por la inseguridad. Cada semana, la funeraria atiende un promedio de tres personas cuyos familiares fallecieron por covid-19. Algunos viven una situación económica precaria, no tienen para cubrir los gastos exequiales y en ese establecimiento se les ofrece facilidades a precios módicos, manifestó Córdova.

Los vecinos contaron que, a veces, grupos religiosos se juntan a rezar en las afueras del hospital por las personas que se encuentran internas por coronavirus. No tienen un día fijo u horario para hacerlo, simplemente llegan a cualquier momento y se van.

Selmira Jaramillo comercializa insumos médicos. Ha observado que ocho personas han muerto en la calle cuando iban a ser hospitalizadas. “Los familiares le dieron la mano a una mujer para que se bajara del carro y pueda ingresar al hospital, pero en ese momento se desplomó”. 

Recordó el caso de una señora que se cayó y su hijo trató de ayudarla dándole respiración boca a boca. El joven no pudo salvarla y gritaba en la calle pidiendo ayuda

Con su familia se cuida del coronavirus y siempre utiliza traje de bioseguridad, guantes y no se saca la mascarilla. “Todos los días trabajo con allegados de pacientes de coronavirus que vienen a mi local. Les vendemos alcohol, mascarillas, batas desechables, cubrezapatos quirúrgicos”. 

Al principio de la pandemia, ella trabajaba asustada y se le caía el cabello por el estrés. Utilizaba formol para limpiar el piso de su negocio y la piel de las manos se le peló por untarse alcohol todo el tiempo. Ahora, conoce los protocolos de bioseguridad a la perfección y se cuida. Cree que ahora es más fuerte, ya no se quiebra emocionalmente al ver un paciente muerto por covid-19 como le pasaba al principio de la emergencia sanitaria.

El martes 11 de mayo, la secretaria de Salud, Ximena Abarca, indicó que hasta el 9 de mayo del 2021 hubo 130 073 personas con diagnóstico positivo de covid-19. Se realizaron 472 255 muestras y se registraron 2 529 fallecidos.

La edad en la que se presenta el mayor número de contagios es de 20 a 49 años con el 62,13%. Le siguen de 50 a 64 con el 20,50% y personas de más de 65 con el 11,18%. Por su lado, los menores de 19 representan el 3,2 %. El 23 de abril se registró el pico más alto de contagios con 2 466.

Según el número de habitantes, la parroquia con más casos es Cotocollao. Luego están Iñaquito, Chillogallo, La Magdalena, Chimbacalle, Chavezpamba, Tababela, Guamaní, Belisario Quevedo y Centro Histórico.

La Secretaria de Salud indicó que hay 135 pacientes en espera de una cama UCI y 135 requieren cama general.

#ATENCIÓN | Labor social por incumplir toque de queda en Manabi » https://bit.ly/3fpnkEj

Posted by El Comercio on Tuesday, May 11, 2021