21 de September de 2010 00:00

El peatón camina entre el peligro

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Redacción Quito

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Son las 10:05 del lunes y el sonido intermitente del semáforo peatonal alerta en la avenida Gran Colombia y Sodiro.

10 transeúntes inician su cruce sobre el paso cebra. Cuando llegan a la mitad de la vía, abruptamente deben detenerse.

fakeFCKRemoveUn vehículo Mazda plomo, sin placas, que iba por la Sodiro en sentido occidente-oriente, gira hacia el sur en esta intersección. Esta maniobra interrumpe el paso de los transeúntes.

Entre ellos está Luis Aníbal Iza, un morador del barrio La Argentina, ubicado entre El Dorado y La Tola, en el centro oriente de la urbe. El hombre, de 71 años, frunce el ceño y levanta su mano derecha. “Es el paso para nosotros”, le dice al conductor del Mazda, mientras su dedo señala uno de los siete semáforos peatonales que hay en el lugar.

Esta intersección es una de las 1 031 que se encuentran semaforizadas en la ciudad. Sin embargo, el peatón enfrenta obstáculos, pese a los semáforos.

Para Iza, este cruce le genera confusión, pese a la señalización sobre el pavimento. “Aquí no hay respeto. Los buses recogen pasajeros en cualquier sitio, la parada más cercana está a 50 metros, frente al Eugenio Espejo. Los peatones queremos pasar y no podemos, a pesar del semáforo”.

Luego de que los transeúntes logran cruzar, la luz verde da paso a los choferes de los buses, que van de norte a sur por la Gran Colombia. Una mujer, con una niña de unos 6 años en brazos, pasa rápidamente y se detiene en la mitad de la calle, junto a una malla metálica, pintada de verde. Tras estirar su mano hacia el bus de la cooperativa 6 de Diciembre, con registro municipal 0620, su conductor se detiene.

El cabo segundo Mauricio Silva, del Grupo de Tránsito, no alcanza a mirar esta infracción, porque está a unos 15 metros del lugar. Tomar pasajeros en zona prohibida impone a un chofer una multa de USD 30 y la reducción de 4,5 puntos en la licencia de conducir.

Los peatones también deberían ser sancionados, pero son pocas las amonestaciones impuestas. Silva lo admite. “Si llego a sancionar a uno, debo hacerlo con todos los que cruzan cuando el semáforo está en verde para los buses y aquí se armaría un caos”.

Según el uniformado, en un día ha llegado a sancionar a 25 conductores y máximo a tres peatones. “Eso cuando han estado a punto de causar un accidente”.

Las estadísticas de la Dirección Nacional de Tránsito muestran que en Quito, 1 070 personas fueron sancionadas en el 2009 por no transitar por las aceras o zonas de seguridad.

Luis Tello, de 48 años, es otro de los transeúntes. Para él, la responsabilidad no recae en el peatón sino en la mala organización del tránsito en las calles.

“Esto es un peligro. Hay carriles en cuatro direcciones y los buses de la Ecovía circulan junto con los automóviles y no debería ser así. En medio de eso, los peatones queremos pasar”.

En el lado occidental de la Gran Colombia, los transeúntes también esquivan puntas de ocho varillas de hierro, que están incrustadas en el cemento.

Además, frente a la Maternidad Isidro Ayora, un poste verde, de más de 5 metros, se encuentra tendido sobre la acera. Metros más al norte, la vereda tiene el asfalto irregular y huecos que dejan ver la tierra.

La falta de sincronía del semáforo de la Sodiro con los que están en la Piedrahíta y en la Juan Montalvo, a la altura de la Asamblea Nacional, tornan el tráfico lento. Los peatones se suben a los buses en cualquier sitio y los conductores de los automotores de servicio público no ponen reparo.

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