Operadores del ECU 911 viven de cerca la realidad de la pandemia

Los operadores del ECU 911 saben que no pueden darse el abrazo por fin de año mientras atienden las llamadas, pero aprovecharán los 10 minutos que tienen de pausas activas para celebrar la llegada del 2021. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Los operadores del ECU 911 saben que no pueden darse el abrazo por fin de año mientras atienden las llamadas, pero aprovecharán los 10 minutos que tienen de pausas activas para celebrar la llegada del 2021. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Los operadores del ECU 911 saben que no pueden darse el abrazo por fin de año mientras atienden las llamadas, pero aprovecharán los 10 minutos que tienen de pausas activas para celebrar la llegada del 2021. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

La llamada dejó perpleja a Carolina Vega, una de los 130 operadores del ECU 911 que trabajan en turnos rotativos durante las 24 horas. Por el auricular escuchó la voz de un niño que lloraba y pedía ayuda desesperadamente. Su padre tenía problemas respiratorios y se desplomó inconsciente al interior de su casa en Quito.

El hecho ocurrió a los pocos meses que comenzó la emergencia sanitaria por el covid-19. La joven quiteña, de 27 años, se comunicó con un familiar del infante que se encontraba en la misma vivienda para pedirle los datos del paciente.

Minutos después, una ambulancia fue despachada rápidamente para brindar asistencia al hombre, quien fue trasladado a un centro asistencial público y logró recuperarse.

En medio de la pandemia, ese tipo de alertas han sido recurrentes entre quienes laboran en la sala de operaciones del ECU 911. Ahora, ellos saben que se acerca la noche de fin de año y deben estar preparados para atender una cantidad mayor de alertas por heridos, siniestros viales, agresiones físicas, etc. A esto se sumarán libadores, aglomeraciones, escándalos y reuniones clandestinas en el Distrito Metropolitano.

La ciudad se encuentra vigilada por 1 000 cámaras de seguridad, explica Juan Zapata, director del ECU 911. Asegura que con el estado de excepción, vigente desde el 21 de este mes, se han logrado reducir las alertas por incumplimiento de las normas de bioseguridad hasta el 28 de diciembre del presente año.

En ese periodo se reportaron 1 925 alertas por concentraciones de personas. También 1 361 por personas que consumen licor en el espacio público y 139 por fiestas clandestinas. “Para las fiestas de fin de año las dinámicas cambiaron. En Navidad nos preocupábamos de las reuniones en las casas con familiares o amigos. Ahora son los gentíos producidos por las viudas o gente que sale desordenadamente a la calle a pasearse”, dice el funcionario.

Las zonas más sensibles a las aglomeraciones son el Centro Histórico y San Roque, la calle J de Solanda y Guamaní (sur), Cotocollao y Comité del Pueblo (norte). Solamente en el Casco Colonial se movilizaron 68 000 personas el último fin de semana.

Otro inconveniente son las alertas de intentos de suicidios que se han producido en medio de la emergencia sanitaria. Desde marzo hasta el 14 de diciembre se reportaron 54 en la capital. Los sectores con mayor número de casos son Las Cuadras, Chillogallo, La Ecuatoriana y San Juan de Calderón.

“Evitar que una persona se quite la vida es lo más gratificante que nos puede suceder en este trabajo”, indica Vega. Lo mismo opina su compañero, Pedro Vinces, quien labora desde hace cinco años en la sala de operaciones del ECU 911.

Ambos trabajarán la noche del 31 de diciembre. Para el joven de 33 años, estar lejos de su familia en Guayaquil va a ser difícil, pero le reconforta servir a la comunidad. Recuerda que en años anteriores atendió llamadas a las 00:00 del 1 de enero.

“Generalmente han sido riñas o agresiones entre personas”, cuenta. En otras ocasiones se encargó de auxiliar graves accidentes de tránsito en los que hubo fallecidos o heridos con múltiples lesiones.

Como parte del manual de atención de emergencias, cada operador debe realizar cuatro preguntas a quienes se comunican: ¿Cuál es su problema?; ¿De qué dirección está llamando?; ¿Existen heridos? y ¿Cuál es su nombre? Según las autoridades de esa entidad, esas interrogantes responden a un protocolo que se debe seguir al pie de la letra para brindar la ayuda que cada auxilio requiere.

Para Vega, uno de los momentos más críticos ocurrió la tarde del 31 de diciembre del 2018 cuando un joven disfrazado de viuda murió tras caerse de un camión en el valle de Los Chillos.

Por las fiestas de diciembre, los puestos de atención en la sala de operaciones fueron adornados con guirnaldas de colores. Un pequeño árbol de Navidad llama la atención en medio de las mesas blancas en donde se ubican las computadoras y los cristales que dividen cada bloque de mesas.

Los operadores saben que no pueden darse el abrazo por fin de año mientras atienden las llamadas. Aprovecharán los 10 minutos que tienen de pausas activas para celebrar la llegada del 2021.