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Los negocios de comida se reactivan por la noche en Quito

Personal de un local en la República del Salvador, a la espera de clientes. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Personal de un local en la República del Salvador, a la espera de clientes. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Personal de un local en la República del Salvador, a la espera de clientes. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Los comensales de la noche llevan ropa abrigada, portan mascarillas y cumplen los protocolos del semáforo amarillo en Quito. Negocios de comida estuvieron abiertos, hasta las 20:00 unos y hasta las 21:00 otros (cuando se inicia el toque de queda), este jueves 4 de junio del 2020, tras 78 días sin recibir clientes por la emergencia sanitaria del covid-19.

La afluencia de público tuvo distintos matices. En el norte de Quito, los locales de la calle Floreana, que tiene una variada oferta gastronómica, lucían vacíos. Dos o tres parejas comían al interior de pizzerías, asaderos, parrilladas y marisquerías. En los ventanales o puertas se colocaron letreros con la frase “también se atiende a domicilio”.

El vocero de la Asociación de Restaurantes de Pichincha, Diego Vivero, señaló que la confianza del público para ingresar a los locales crecerá poco a poco. Todavía no tiene cifras sobre la respuesta de los clientes en los locales. Sin embargo, advierte tras una evaluación visual, que no es la que esperaban en el reinicio de las operaciones.

En la avenida Reina Victoria, los locales también lucían vacíos. Aquí hubo movimiento en las cafeterías con terrazas. Esta misma escena se repitió en la República de El Salvador y en la Plaza Foch.

Con la luz en amarillo, otros locales como los que se dedican a la venta de electrodomésticos y las peluquerías abrieron. Ahí se registró mayor movimiento. Este Diario contabilizó hasta cinco clientes a la vez en salones de belleza grandes.

Los negocios informales son los que más movimiento registraron. En un puesto de comida rápida, dentro de un quiosco cercano a la Universidad Salesiana, motociclistas pararon para comprar hot dogs y hamburguesas. Al frente, un bus con destino a los valles esperaba a pasajeros. Tuvo que salir vacío porque a esa hora no hubo más gente en la calle.

El movimiento en la Plaza Foch, la noche de este jueves 4 de junio de 2020. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

El olor a carne asada se percibía en la cuesta de la avenida La Coruña y Guipuzcoa, en el sector de La Floresta. El humo salía de un brasero que colocaron Carmen Ichau y Héctor Pastaza. La clientela llegó. En cinco minutos, la 10 personas se enfilaron.

Ichau daba la vuelta a los pinchos. Ella no estaba muy segura de salir esta noche porque la víspera había vendido solo 20 unidades. En días previos a la pandemia despachaba hasta 300 unidades. Este jueves se sorprendió porque a las 17:30 ya había duplicado las ganancias del miércoles.

El olor a carne asada se percibía en la cuesta de la avenida La Coruña y Guipuzcoa, en el sector de La Floresta. El humo salía de un brasero que colocaron Carmen Ichau y Héctor Pastaza. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Cree que la gente va enterándose de a poco que los pinchos volvieron. El puesto en el que atiende es un carrito que sale durante las noches al parqueadero de una ferretería que funciona en las mañanas. Tres cuadras abajo está el parque Navarro, conocido por venta de comida criolla, entre ellas las tripas. Esta área luce vacía y los comerciantes no han retomado las actividades.

Ichau siente un alivio este jueves. Durante más de 70 días permaneció encerrada y solo hacía pinchos para llevar a domicilio, pero reconoce que no avanzaba para mantener la casa. Tiene cuatro niños que alimentar.

Jóvenes que esperaban su pedido bromeaban entre ellos. Gabriel Martínez extrañaba reunirse con “panas” para conversar un rato mientras comen. Él también siente que el barrio, La Floresta, empieza a recuperar su identidad con el movimiento nocturno de personas.

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