9 de February de 2011 00:00

Las mujeres no denuncian el acoso verbal en la calle

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Reinita, ¿le acompaño?, se escucha desde el tercer piso de una construcción, en la calle Wilson y 12 de Octubre.

Mientras un obrero colocaba cemento, arena y agua en una mezcladora, Laura Paz, estudiante de Parvularia, caminaba presurosa por la calle Wilson con dirección a la 12 de Octubre. “Todas las mañanas paso por aquí para ir a la universidad, prefiero cruzar la vereda para no escuchar los silbidos y groserías que me dicen los trabajadores”.Uno a uno, los audaces albañiles van pronunciando los piropos. “Una miradita para este ciego de amor” y “Mamacita, pareces una sardina enlatada y aquí está tu abre latas”, son algunas de las frases con las cuales pretenden llamar la atención de las chicas. Mientras Paz ingresaba a la Universidad Salesiana, Lina Cruz esperaba un bus de la Cooperativa Alborada.

El controlador iba colgado de la puerta y gritando: “Al Estadio, El Inca, Comité por toda la 6'”. Cruz extendió su brazo y la unidad paró. El controlador se bajó, se le acercó al oído y le dijo “Con esa delantera, de seguro el Barcelona, por fin, queda campeón”. Con el pretexto de ayudarla a subir, la tomó de la cintura. Ella le miró con sorpresa y él, enseguida, ensayó otra frase: “ Siga preciosura, atrás hay espacio o si quiere siéntese a mi lado”.

Por el Quicentro Shopping, un hombre de unos 40 años se sentó junto a ella, en la tercera fila. Le preguntó si el bus pasaba por el Colegio Shyris. Con indiferencia, respondió que no sabía.

Cruz seguía revisando los mensajes en su celular y el desconocido intentó otra vez entablar una conversación. “¿Hasta dónde vas? Ella lo ignoró. La situación se volvió incómoda cuando él empezó a acercarse, rozando su pierna con la de ella.

Al llegar a El Inca, Cruz se bajó. Al pagar el pasaje, el controlador la sujeto de la mano. “Chao mi amor, mañana la espero en la parada para traerla”.

Casos como este son frecuentes en Quito. El Municipio presentará el 8 de marzo la campaña de educación ciudadana ‘Quito sin buitres’. Según el concejal Norman Wray, el propósito es erradicar el acoso verbal y físico a las mujeres en espacios públicos. La campaña se iniciará en los sistemas de trasporte masivo y en las paradas.

En la estación La Y del Trolebús permanecían Luisa Briones y Julia Oña, ambas estudiantes de Psicología de la Universidad Central. A las 15:30, las unidades llegaban llenas, las jóvenes lograron subir por la primera puerta.

En la parada Estadio ingresó al trole un hombre de unos 30 años. Se abrió paso entre las personas que ocupaban el pasillo y se acercó a Briones. Ella buscaba la forma de alejarse, pero le era difícil. “Para las mujeres es complicado movilizarse en el transporte público. Aparte de estar pendiente de tus pertenencias, debes cuidarte para que no te manden mano”.

Para evitarlo, Briones tiene su propia estrategia. Coloca sus cartera o mochila sobre su pecho y busca en el bus un lugar para arrimarse de espaldas.

“Así mantienes tus pertenencias seguras, te cubres si tienes algún escote y evitas que te pasen la mano”.

En la Defensoría del Pueblo no se ha registrado ninguna denuncia por acoso en la vía pública.

Según Patricio Benalcázar, director nacional de Protección en la Defensoría, la ausencia de denuncias se debe a que algunas mujeres no consideran como acoso a un piropo o grosería que un desconocido le diga en la vía.

“Sin embargo, actos de morbo o el manoseo atentan contra su derecho de mantener una vida libre de violencia”.

Paz, Cruz, Briones y Oña desconocen que se pueda denunciar a una persona por acoso en la vía pública. “Si en el bus o en la calle te mandan mano te asustas, te retiras o le insultas, pero nada más. No existe un policía a quien puedas acudir”, dice Oña.

Ella y Briones salen de clases a las 21:30. A esa hora, la calle Bolivia está desolada. Mientras caminaban con dirección a la parada del bus, desde un Chevrolet Corsa, alguien grita “En esa cola sí me formo”. Las dos aceleran el paso y el auto les sigue hasta la av. Universitaria. El chofer y su acompañante, insistían en invitarlas a subir.

Para Briones, lo de la campaña es bueno, pero cree que primero se debe trabajar en temas de educación y respeto a los demás.

En la 12 de Octubre y Wilson, pasado el mediodía, los trabajadores se reúnen en los rincones de la construcción que dan a la calle. Lo hacen para almorzar y no desaprovechan la mínima oportunidad para molestar a las chicas que circulan por la acera.

“Ps, ps, hola guapa, por qué tan sola”. La joven, que luce un terno impecable, regresa a ver y con un gesto expresa su molestia. El trabajador suelta una carcajada y la responde: “Mamacita, háblame en concreto”. Ella acelera el paso y ya no regresa su mirada.

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