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Locales de La Mariscal y La Floresta se esfuerzan por recuperar a sus comensales en la nueva realidad

En la calle Isabel la Católica, centro-norte de Quito este 11 de junio del 2020, en una cafetería colocaron muñecos para separar las distancias entre los clientes. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

En la calle Isabel la Católica, centro-norte de Quito este 11 de junio del 2020, en una cafetería colocaron muñecos para separar las distancias entre los clientes. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

En la calle Isabel la Católica, centro-norte de Quito este 11 de junio del 2020, en una cafetería colocaron muñecos para separar las distancias entre los clientes. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Bolívar Rodríguez agita un letrero que invita a los transeúntes a ingresar a un restaurante en la calle Reina Victoria, aledaña a la Plaza Foch este jueves 11 de junio del 2020. A pesar del bajo tránsito de peatones y la nula presencia de clientes en la zona, los empleados del negocio buscan llamar la atención de los comensales. El resto de establecimientos que han logrado reabrir luego del confinamiento para frenar los contagios de covid-19 lucen vacíos o con escasos clientes.

“Ahora se vende el 30% de lo que se vendía antes” menciona Yasiel Pensado, gerente de una pizzería. Antes, la economía del sector se movía más a partir del jueves de cada semana, por la presencia de bares y discotecas. En la Plaza Foch, las pocas personas que se mueven son comerciantes informales que intentan vender cigarrillos.

El lugar, que anteriormente congregaba en multitudes, ahora luce vacío pues muchos establecimientos no están ofreciendo sus servicios y el estacionamiento en plena plaza, que suele tener alta ocupación, esta vez tenía 147 plazas disponibles. En los alrededores solo tres cafeterías y un restaurante estaban abiertos.

En ‘La Zona’ este 11 de junio del 2020, el parqueadero de la Plaza Focho que suele tener alta ocupación, esta vez tenía 147 plazas disponibles. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

En contraste con este panorama solitario en ‘La Zona’, un escenario más esperanzador se apreciaba en La Floresta o en la avenida Isabel La Católica. En estos espacios, donde abundan los restaurantes y cafeterías y la reactivación tras 12 semanas de cierre se empieza a sentir, pues la afluencia de clientes es mayor.

En la mencionada avenida, más de 10 negocios han reabierto con protocolos de seguridad y distanciamiento social. Es común la señalética en el ingreso de los locales, con información sobre el aforo y las medidas de bioseguridad, así como las bandejas desinfectantes para el calzado. Pero hay locales que buscaron formas más creativas par concienciar a la población sobre la distancia social y la necesidad de cumplir con las normas preventivas.

En una cafetería, el personal colocó monigotes en algunas de sus mesas, para señalar los espacios que pueden no pueden ser ocupados y dejar libres los que sí. Para Joselyn Loayza, gerente del lugar, es alentador atender a una pareja que consumía bebidas y postres, pues lo ve como una muestra de que la población se va acoplando a las nuevas dinámicas. Su estrategia de los monigotes ayuda también a llamar la atención de los peatones.

En el sector de la Vicentina los negocios de comida atienen con medidas de bioseguridad en la tarde de este 11 de junio del 2020. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

El caso de la Floresta es similar y muestra aún más actividad. Allí las peluquerías y restaurantes han abierto sus puertas y se ve a transeúntes en el ‘parque de las tripas’. El espacio, icónico por la venta de comidas tradicionales, recibe a varios clientes y en los puestos hay evidencias del esmero por ofrecer todas las medidas de bioseguridad necesarias tanto para los comerciantes como para los usuarios.

Una hilera de círculos amarillos guía a los clientes para que esperen de forma ordenada y espaciada su turno para ingresar. Quienes están primeros, pasan frente a una persona que les chequea su temperatura y les rocía con desinfectante. En los seis kioscos de comida disponibles en el parque, ocho comerciantes de un total de 16 ofertan sus productos.

Una de ellas es Janet Gualichico, quien trabajaba dentro de un traje antifluidos y usaba una mascarilla. La mujer cuenta que que los trabajadores se han organizado en grupos para que, pasando un día, cada uno pueda ofrecer sus productos. Además, los horarios también han cambiado: si antes se trabajaba desde las 15:00 hasta las 23:00, ahora se lo hace desde las 13:00 hasta las 20:00, para respetar el toque de queda que se inicia a las 21:00, en semáforo en amarillo.

Aunque las medidas se flexibilizaron con el cambio de color en las restricciones, el flujo de clientes no es el mismo y Gualichico sostiene que vivir del día a día es difícil. Pero considera que, al igual que ocurre con los demás negocios de la ciudad, esta es una oportunidad para volver a generar ingresos luego de una para de más de dos meses.