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Hay un orgullo en ser del barrio La Tola, tanto así que se decía que es “la capital de Quito” y en donde algunos de sus habitantes buscan que no se pierda la memoria de la música que salió de ese barrio. Además, es uno de los pocos barrios que tiene gentilicio: toleño. No hay mejor motivo como para ir gastando suela en ese centro de tradición quiteña.
Y es que desde la misma geografía ayudó para que este barrio tenga un espíritu especial, una memoria cargada de anécdotas, personajes emblemáticos de ese Quito que ya parece de leyenda. Y hay algo que no ha perdido el barrio pese a que muchos de sus vecinos entre los años 40 y 60 partieron hacia el norte de la ciudad: el espíritu de un barrio que se define a sí mismo como bohemio
Hay algo que todos reconocen: ser de La Tola representa un orgullo para sus pobladores. Desde las familias que vivieron a principios de siglo XX hasta aquellos que la habitan ahora, hay un sentimiento que es único: ser de La Tola es vivir en “la capital de Quito”.
De hecho, hace años, se decía: “lo mejor del Mundo, Ecuador; lo mejor de Ecuador, Quito, y lo mejor de Quito, La Tola”. Y para Fabiola Paz, quien vive más de 44 años en el barrio y se ha dedicado a investigar el barrio y los músicos que surgieron allí, dice que La Tola es la capital de Quito porque tiene todo: Iglesia, coliseo, mercado, hospital, gallera.
Tenía hasta agua, por obra de los salesianos y hasta energía eléctrica antes que otros barrios de Quito, cuenta Paz, que llegó desde Otavalo hace 44 años. “Soy toleña de corazón”, admite esta mujer que, como parte de la comunidad salesiana, se ha dedicado a estudiar la vida de los grandes músicos y personajes legendarios del barrio, como Luis Alberto Valencia, quizá la figura más importante de la música nacional y un bohemio de cepa, el ‘Terrible Martínez’, uno de los reconocidos ‘chullas quiteños’ y quizá el mejor bromista que tuvo Quito en aquellos años.
Fabiola Paz nos lleva con José Cevallos y Sebastián Pérez, dos investigadores de la música criolla a recorrer la calle León, la Olmedo y la Esmeraldas. Es parte de La Tola Colonial. De hecho, este barrio está dividido en cuatro y que muestra el crecimiento de este populoso barrio de Quito: Tola Colonial, Tola Alta, Tola Baja y Nueva Tola
Vimos las casas en donde nacieron o vivieron algunos músicos y cantantes en La Tola. Y sin duda, la primera parada, es en la casa en donde vivió Carlota Jaramillo, ‘la reina del pasillo ecuatoriano’. Queda en la calle León entre Don Bosco y Olmedo.
Está ocupada por la familia Izurieta Cárdenas desde hace más de 60 años. Y es, además, una de las casas mejor conservadas. Allí, José Cevallos, refuta una teoría que sostiene que Carlota Jaramillo venía a Quito siempre desde su Calacalí natal. Afirma que eso es imposible. “De aquí tenía que salir a cantar a Radio Quito; no lo podía hacer siempre desde Calacalí. Ella vivió en La Tola”, nos cuenta. Y allí conoció a quien fue su esposo, Jorge Araujo Chiriboga, quien le dedicó el celebrado pasillo ‘Sendas distintas’.
Si la casa en la que vivió Carlota Jaramillo en sus primeros años en Quito es una casa muy bien conservada y elegante, muchas otras no tienen la misma suerte. Son mayormente alquiladas, pues los dueños se fueron hacia otros puntos de la ciudad.
No hay nada que recuerde, ninguna placa a quienes nacieron o habitaron esas habitaciones. No hay placa conmemorativa de aquellas “celebridades” del pasado.
“Fuimos a la Secretaría de Cultura con el proyecto para poner placas en las casas donde nacieron al menos 56 artistas de la época de oro de la música ecuatoriana. Pensamos en Luis Alberto Valencia, Homero Hidrobo, Marco Chiriboga Villaquirán, Rubén Uquillas y al mismo pintor Oswaldo Guayasamín”, dice Paz. Sin embargo, dice, “reposa en los archivos municipales”.
La casa en donde nació, por ejemplo, Luis Alberto Valencia, el celebrado ‘Potolo’, está casi abandonada. Era propiedad de uno de los mayores críticos e historiadores de Isaac J. Barrera, según Paz. Queda en la calle Esmeraldas, entre Los Ríos y León. Y si no fuera por Paz o Cevallos, podríamos transitar por allí y solo ver una edificación cuyo anhelo mayor es quedar en ruinas. No sabemos que allí nació una de las voces más versátiles de la música ecuatoriana y que mereció, según Cevallos, la admiración de Julio Jaramillo y de Olimpo Cárdenas. “Solo le faltó salir de país para tener más renombre”, añade.
Como un buen barrio clásico del centro de Quito, no se puede pensar en La Tola sin la presencia fundamental de la Iglesia. Y en el caso de este barrio, la función de los padres salesianos fue fundamental.
Llegaron al país en 1891, luego de que la Iglesia escribiera a san Juan Bosco para que enviara sus misioneros a Ecuador. Llegó un grupo de ocho sacerdotes que demoraron 53 días de viaje. Ya para 1898, su presencia en La Tola cambió muchas cosas.
Los salesianos no solo levantaron un templo. Introdujeron la pedagogía que tenía don Bosco orientada hacia los más vulnerables. Blanca de Narváez recuerda que venían niños de todos los barrios de Quito. Y todo giraba alrededor del templo de María Auxiliadora, que se inauguró en 1904.
Allí comenzó su labor el padre Carlos María Izurieta, quien, según los vecinos, abrió las puertas del oratorio en 1922, para que los niños se iniciaran en la música y los oficios. Era el oratorio, que aún se mantiene en funciones.
“La gente venía por la fe, pero también por lo que los padres les enseñaban”, dice doña Blanquita de Narváez. Para ella, que lidera un grupo de 120 mujeres, mantienen viva la devoción a María Auxiliadora. Para ellas, los salesianos no fueron solo sacerdotes: fueron formadores, impulsores del barrio y referentes de vida comunitaria.
Hoy, su legado se conserva en la memoria de los antiguos toleños. En cada calle, iglesia o taller aún se percibe la influencia de una obra que trascendió lo religioso. “Los salesianos trabajaron mucho aquí en La Tola”, repite doña Blanquita, con la certeza de quien ha sido testigo directo de una historia que no debe olvidarse.
La palabra Gallera está asociada con La Tola. Queda en la calle Calixto, de la que era dueño Víctor Sacoto. Era un punto de referencia de este barrio, un punto de encuentro de la intensa vida de los quiteños de la primera mitad del siglo XX. Ahora, con la prohibición de las peleas de gallos por la Consulta Popular del 2011, es más un centro donde se acogen algunos programas culturales de propio barrio.
Sin embargo, en el Quito de los años 40 y 50, las disputas barriales se definían a las trompadas. Eran contra San Marcos, San Juan, San Roque. Había un sentido de territorialidad muy arraigada en lo que se llamaban jorgas o gallada. La Tola se definía como el barrio del “buen trompón”, con los hermanos Reyes, el Quique Benítez, entre otros.
La historia registra una batalla campal del barrio contra la Policía, en la madrugada del 15 de febrero de 1953. “Guardias Civiles atacaron una casa en la Tola con gases lacrimógenos y a sablazos”, titula la nota de contra portada de EL COMERCIO, el 16 de febrero de 1953.
Las causas fueron por el reclamo de un vuelto mal dado en una licorería del barrio, “que tenía los permisos para funcionar”, dice la nota. Allí se encontraban algunos policías en estado de ebriedad que se pusieron del lado del vendedor. Hubo un conato de pelea. “Voy a hacerles ver quién soy”, dijo el Policía.
Con los refuerzos, invadieron la casa con gases lacrimógenos. Los vecinos, muchos de los cuales estaban en la fiesta, se enfrentaron a los policías. Los que no estuvieron, salieron de sus casas. Llegaron miembros del Ejército, pues algunos de los invitados eran militares, para poner orden en las cosas. Pero contaba la leyenda que, por algunos meses, la Policía no se animaba a entrar a La Tola, y fueron los mismos vecinos que se preocupaban por la seguridad en el barrio.
Si eran mayormente peleas callejeras de otro tiempo, la idea del buen trompón se profesionalizó con el box. Y si bien nació en el Carchi, para los toleños, Eugenio Espinoza es suyo. Lo apodaban ‘el campeón’ y tenía un cuadrilátero en su casa de la calle Don Bosco.
Sin embargo, el orgullo contemporáneo es el coliseo de boxeo de La Tola. Allí, a cargo de John Wampash, se forman las nuevas generaciones de boxeadores que esperan ser los nuevos Espinoza. Estaba evaluando a sus alumnos para un selectivo de chicos entre 15 y 16 años y de 63 kilos de peso.
“Este gimnasio es conocido como uno de los mejores porque han venido de otros países para usarlo de base. Y han salido grandes deportistas que han hecho historia”, dice Wampash, sobre Carlos Mina, Thompson García o Beber Espinosa.
El mismo Wampash fue 15 veces campeón nacional y su hijo, también llamado John, se alista a seguir el mismo camino. Con 18 años, ya es profesional y tiene una carrera de 9 peleas y 9 victorias, 6 por Knock Out. “Ojalá salgan los nuevos Espinoza, que es el orgullo de La Tola”, dice John.
Su hijo dice que está orgulloso de haber nacido en La Tola, de ser parte del equipo de boxeo que se forma en La Tola. Sabe bien que es un barrio que se hace sentir en sus peleas, de uno de los barrios más bellos y clásicos del centro de Quito.





