3 de February de 2011 00:00

Los invasores no permiten entrar a otras personas al sector Coltas

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Desde la vía que une a Calderón con el sector Marianita de Jesús, en el norte, se observa una inmensa explanada. Allí hay 13 casas pequeñas, con paredes de bloque y techos de zinc. Los invasores bautizaron al lugar como Coltas y es parte de Calderón.Según Laura V., vecina de Marianitas (la población más cercana a Coltas), en esas endebles casas viven 110 personas. El dato consta en un acta firmada por los dirigentes de su barrio, quienes realizaron un censo en la zona invadida. “Desde el 2005 llegaron a este terreno algunas personas, que con la escusa de ocupar la tierra para hacer huertos comunitarios empezaron a construir y habitar el lugar”.

El acceso a Coltas es difícil. El camino es de tierra y de topografía irregular, flanqueada de hierba crecida. No es carrozable, por lo que las personas tienen que caminar unos 500 m desde la vía que va a Marianitas (también de tierra, pero nivelada).

Elena P. es otra moradora de Marianitas. Ella reconoce que es complicado conversar con quienes viven en la invasión. “Muchas veces los hemos visto armados, siempre están pendientes de quienes transitan por el estrecho camino de tierra”.

El domingo pasado, a las 11:00, dos desconocidos empezaron a descender por el camino que lleva a Coltas. La reacción fue inmediata: desde las casas de adobe y zinc salieron grupos de personas, quienes con gestos de enojo caminaban apresuradas al encuentro de los foráneos.Luis T. vive en la esquina que, informalmente, es el límite entre Marianitas y el camino a Coltas. Tiene una casa de dos pisos, bien cuidada, con conexiones para el agua y la luz. “Abajo no tienen medidores de electricidad y los servicios básicos los llevan a través de conexiones clandestinas”. Hace algunos meses, los moradores de Coltas ingresaron de manera violenta a una vivienda de Marianitas y obligaron al propietario a que permitiera hacer las instalaciones ilegales.

Él prefiere no hablar del tema. En el barrio todos conocen que está amenazado, por lo cual ha decido no denunciar.

El sector de Marianita de Jesús forma parte de los cuatro grandes asentamientos que se han realizado en Quito, paulatinamente, desde los años 70. Fueron impulsados por la Cooperativa de Vivienda del Pueblo.

El primero se consolidó en la hacienda Carretas, en lo que ahora se conoce como el Comité del Pueblo. Sus dirigentes, Samuel Quisphe y Luis Velásquez, recuerdan que con la ayuda de Carlos Rodríguez Paredes compraron el predio y consti-tuyeron la Cooperativa. “Con mingas abrimos los caminos y levantamos las viviendas”.

Los asentamientos se extendieron hasta los sectores de Carcelén Bajo y Puengasí.

Quisphe informa que el 2 de abril de 1984, la cooperativa adquirió la hacienda Marianita de Jesús, de 54 hectáreas. En esa área está incluida la explanada donde se asentó Coltas. “Luego de lotizar los terrenos y entregarlos mediante sorteo se designó a esa parte del predio como espacio ecológico. Por ello, afirmamos que Coltas es una verdadera invasión”.

Otro morador informó que las personas que viven en Coltas han conformado la Cooperativa de Vivienda Julio Zabala, para poder mantenerse en ese lugar.

Rosa Fernández, dirigente de Marianitas informa que en marzo del 2010, Luis Heriberto Calderón Calle planteó una denuncia de invasión de ese mismo predio. El perjudicado acudió al Instituto Nacional de Desarrollo Agrario (INDA).

En la denuncia consta que el 31 de mayo del 2010, a las 10:00, los miembros de la Cooperativa Julio Zabala ingresaron de manera violenta y empezaron a levantar sus casas.

La denuncia fue calificada como válida por la abogada Linda Burbano Venegas, directora (e) del Distrito Central del INDA. La resolución fue precautelar la integridad del predio, propiedad de Luis Calderón, y de ser necesario pedir apoyo a la Fuerza Pública para el desalojo.

Lourdes Rodríguez, secretaria de Seguridad del Municipio, afirma que en el Distrito Metropolitano de Quito no existen invasiones. Otro sector donde hay invasiones es en La Bota.

Este lugar es una conexión entre el Comité del Pueblo y Carapungo. A lo largo de la avenida La Bota se ven viviendas construidas en laderas, algunas situadas al filo de la calle. Junto a las fachadas, los moradores han colocado cercas armadas con latas.

Esta invasión es vecina de una cancha de fútbol. “Esas construcciones no son seguras, están prácticamente al borde. Son un peligro para quienes las habitan y para quienes transitamos por el lugar”, comenta un vecino.

En esta misma avenida hay una rústica vivienda, la mitad de ella está construida con piedra, no tiene paredes ni techo, algunos cartones y varios plásticos negros, rojos y azules cubren la vivienda. A las 12:30 del domingo pasado, dos hombres salieron del lugar y caminaron hacia la cancha de fútbol.

Ellos no quieren hablar con sus vecinos. Son corpulentos, llevan gorra y pantalones desgastados. En sus manos llevaban tarrinas con comida.

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