2 de October de 2011 00:04

Tras la huella de 14 casonas coloniales

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Las personas caminan apresuradas por las aceras del Centro Histórico de Quito. Estudiantes, oficinistas, policías... recorren las calles conversando entre ellos o mirando al frente. Solo unos pocos turistas se detienen en ciertos sitios a observar y leer las placas de los muros.

En el casco colonial de Quito es posible tropezar a cada paso con retazos de historia. En las 320 hectáreas que ocupa aún se conservan 14 casas coloniales, según datos proporcionados por Jacinto Collahuazo, del Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP), con información levantada por la historiadora Ximena Escudero y por el arquitecto Jesús Loor.

Una de ellas está en la García Moreno y Mejía: Cadisan, abreviatura para Casa de Diego de Sandoval, su primer dueño. Aunque la propiedad abarcaba una manzana, ahora una gran parte es un parqueadero municipal. Este solar permaneció en manos de sus descendientes hasta que en 1995 pasó de los Lasso de la Vega y Sandoval al Municipio.

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Diego de Sandoval fue parte del Ejército de Sebastián de Benalcázar y recibió el inmueble a mediados del siglo XVI. La construcción actual, que probablemente se hizo en 1880, ha pasado por varias transformaciones. Sin embargo, se conserva un patio rodeado por arcos y que en el centro tiene antiguos árboles.

[[OBJECT]]La construcción abarca 1361 m2 y fue vivienda en los pisos altos. En los bajos, se usó para el comercio. Ahora, allí hay oficinas, entre ellas una dependencia municipal y una institución financiera. Parte de la casa y del patio se adecuó para un restaurante.

Según Ibeth Jaramillo, del IMP, las casas coloniales se caracterizan por tener un patio y galerías. Tienen columnas, ya sea de piedra o de madera. En la planta alta, por lo general, la galería tiene un corredor con pasamanos. El estilo se refleja en la fachada y en la distribución de espacios.

En la García Moreno y Espejo está el Centro Cultural Metropolitano, CCM. Justo en el lugar donde funciona el museo Alberto Mena Caamaño estuvo el Cuartel Real de Lima. El guía Gabriel Ponce, especializado en turismo histórico y cultural, afirma que al inicio, el predio estaba atravesado por una quebrada.

Fue, entre otras cosas, universidad y casa episcopal. Luego de la expulsión de los jesuitas pasó a ser el cuartel, por orden del presidente Villalengua. Se habilitaron calabozos y mazmorras. En el muro del edificio contiguo, donde funcionaron los colegios San Gabriel y Gonzaga, se nota aún las huellas de los arcos tapiados. Allí eran las caballerizas.

Otra casa interesante es la del Museo de Acuarela Muñoz Mariño. En medio de su sencillez y belleza habitaron las hermanas Brígida y Gertrudis Salas, hijas de Antonio. Por eso, este sector de la calle Junín, en San Marcos, era conocido como la cuadra de las pintoras, según el historiador Fernando Jurado. Es un solar chico, con un zaguán estrecho y un pequeño patio. Este lugar conserva, su uso histórico: morada artistas.

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