17 de February de 2011 00:00

Escalinatas necesarias pero inseguras

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Las escalinatas en Quito permiten que la gente ingrese a barrios que se han adaptado a la irregular topografía de la urbe. Muchas terminan en privilegiados sitios para mirar a la capital en su esplendor. Es lo que ocurre en La Chilena, unas escalinatas tradicionales en el Centro Histórico, que van desde la Manabí hasta la Imbabura y Esmeraldas.

Mercedes de Barahona cuenta que repararon las escaleras hace unos años. Primero pusieron baldosa y, según ella, mucha gente sufrió caídas y fracturas.

Ahora tienen piedra. “Es bonito vivir aquí. Los vecinos barren el frente de su casa. Llaman a la Policía si hay gente tomando o queriendo robar”.

Quizá por eso se han registrado en el barrio apenas nueve robos a personas en los últimos tres años, según las estadísticas de la Fiscalía, frente a los 643 en el barrio vecino González Suárez.Sin embargo, algunos graderíos son considerados focos de inseguridad. Los vecinos de la escalinata E3A, que va de la calle Inclana (en La Marín) a la Junín (en San Marcos) dicen que se han acostumbrado a convivir con la delincuencia. Armando M. (nombre protegido) trabaja en un almacén cercano.

“Estas escalinatas son difíciles, porque aquí toman, se drogan y rompen vidrios”, cuenta. Aunque dice que sí hay control policial, cree que no es suficiente para el movimiento habitual de la zona. “A uno le toca hacerse amigo de esa gente para que no le pase nada. Toca saludarles, aunque sepamos que son pillos”.

Cerca de las 11:00 de ayer, las gradas lucían en buen estado, pero desoladas. Esta fama de inseguridad influye en que poca gente circule por ellas y por otras escalinatas cercanas, que conectan a La Marín con otros barrios del Centro Histórico.

Según Daniel Pontón, del Observatorio de Seguridad Ciudadana, los antisociales aprovechan que la circulación es menor a la de una calle, para atacar.

Además, dice que la gente está limitada para huir, porque el subir y bajar gradas con apuro implica un esfuerzo mayor para un transeúnte común.

“Yo recomendaría que haya trabajo comunitario y con las autoridades para la recuperación de estos espacios. Se deben hacer reformas urbanísticas y mejorar la iluminación”, asegura.

Pontón también sugiere que haya una organización comunitaria para establecer una rápida respuesta barrial frente a la delincuencia. “Esto repele a los ladrones y reduce las oportunidades que tienen para robar”.

Eso es lo que han tratado de hacer en la escalinata de la Nicaragua, en San Juan, que va de la Tegucigalpa a la Riofrío.Un vecino que reservó su nombre dice que esta es zona roja, por la venta de drogas y por la delincuencia. “Los policías vienen, pero no pueden quedarse aquí todo el día. La situación ha mejorado desde que hay una alarma comunitaria, pero tampoco es garantía. La gente tiene miedo, y cuando la alarma suena solo mira por la ventana lo que pasa”.

José Obando es otro vecino. A él le preocupa la acumulación de basura. Dice que hace falta un tacho grande para que los desperdicios no queden regados.

Algo similar ocurre en la escalinata Río Cenepa, que es un eje transversal entre calles como la José Yépez, Joel Monroy o Babahoyo, en San Roque. Pero ahí, vecinos como Luis Chacha consideran que el gran basurero que hay en el sector es un problema.

El mal olor que se siente se produce, según él, porque hay gente que saca sus desperdicios fuera del horario de recolección. “Botan hasta tripas y el menudo que no usan, y cuando hace sol esto apesta mucho más”.

Chacha vive allí hace 57 años y opina que la seguridad y el ornato han mejorado un poco. “A veces vienen cuadrillas del Municipio y nos ayudan a limpiar”. Teresa Mosquera aún siente que es un lugar difícil, pero cree que el problema mayor está en la escalinata de Las 4 Estacas. “Hay chicas que entran tranquilas y salen asaltadas de ahí”.

También hay escalinatas desde la calle Ambato hasta el Panecillo; están en reconstrucción.

Laura Jiménez cuenta que la obra avanza con lentitud. “Camino con mis dos hijos en medio de la tierra, para ir a la escuela. Si no paso por aquí tengo que ir a dar un larga vuelta”.

Para ella, esas gradas suelen ser peligrosas. Tiene algunas intersecciones y ya estaban desgastadas. Los vecinos esperan que tras la reconstrucción se habilite guardianía e iluminación.

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