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Virtualidad afectó a negocios aledaños a las universidades

Andrés Cortez es dueño de un taller, en la Ramirez Dávalos, por la U. Central. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Los dueños de negocios ubicados cerca de las universidades Central, Católica, Salesiana y Politécnica Nacional viven con la esperanza de que las actividades académicas presenciales se retomen lo más pronto posible, para recuperarse de las pérdidas causadas por el covid-19.

Las clases virtuales produjeron afectaciones económicas y algunos comercios cerraron. El ambiente en esas zonas es muy distinto a lo que se vivía antes de la pandemia.

Atrás quedaron las imágenes de cientos de alumnos caminando por las aceras. Tampoco se escucha el bullicio de los jóvenes que se amontonaban en las copiadoras e ingresaban en grupo a los restaurantes, para desayunar o almorzar.

Ahora los clientes son escasos. Uno que otro aparece cada 20 minutos. Las ventas bajaron hasta en un 75% y a los dueños de los locales apenas les alcanza para pagar el arriendo.

A Andrés Cortez, dueño de un taller que corta madera con láser y elabora maquetas para los estudiantes de Arquitectura de la Central, la crisis lo golpeó con fuerza. Debe siete meses de arriendo, pero el dueño del local entendió su situación y decidió esperarlo hasta que pueda igualarse.

Antes laboraba junto con su esposa, pero ella tuvo que buscar otro trabajo -afirma- como auxiliar contable, para salir adelante. Antes de la pandemia, sus ingresos mensuales superaban los USD 1 000 y ahora apenas llegan a 200.

Lo mismo vive Luis Zaragocín, propietario de una joyería en la av. América. Por fortuna, el dueño del local le bajó la renta. Antes de la pandemia pagaba USD 250 mensuales, ahora cancela 130. Los pocos ingresos que recibe le alcanzan apenas para el alquiler.

Su esposa tiene un pequeño restaurante en Latacunga y con eso sobreviven. “Hay días en que he ganado apenas dos dólares. A veces no he tenido ni para comer”, cuenta.

En un recorrido por las vías aledañas a la U. Central, se ven unos 150 negocios de comidas, copiadoras, panaderías, fruterías, tiendas y bazares que cerraron. Antes de la pandemia, todos funcionaban con normalidad, pero la ausencia de clientes obligó a sus propietarios a devolver los locales.

En las ventanas y puertas de algunos establecimientos se colocaron letreros con el mensaje: “Se arrienda”. Solo en La Gasca hay 48, que ya no atienden al público. Además, 23 en la avenidas Pérez Guerrero y América, y 13 en la calle Bolivia, desde la Universitaria hasta la Enrique Richter.

Jennifer Ortiz tiene un bazar y copiadora en la Gilberto Gatto Sobral. “Sin estudiantes no hay vida, subsistimos con las justas porque las ventas cayeron. Por suerte nos bajaron el arriendo de USD 325 a 80”.

Ella tiene la esperanza de que se retomen las clases presenciales para recuperarse y por eso no abandona su actividad.
Igual ocurre con Ricardo Albán, dueño de un restaurante en la misma calle y que abrió hace siete meses. Sus ganancias solo le alcanzan para pagar la renta, servicios básicos y comprar alimentos. Trabaja con pedidos a domicilio y sirviendo a los transportistas de buses y taxis que tienen las paradas en esa zona.

Otra persona -recuerda- abrió un negocio de comidas junto al suyo, pero lo cerró al mes. “Quiero mantenerme y tengo fe en que las cosas mejorarán. Fuera de la pandemia, conseguir un sitio para trabajar es difícil en este sector”.

La situación no cambia en los alrededores de las universidades Católica, Salesiana y Politécnica Nacional, en la 12 de Octubre y Patria. Más de 30 establecimientos fueron cerrados y los que están abiertos luchan por sobrevivir con los pocos clientes que atienden.

Carlos Valla tiene una tienda de abarrotes en la 12 de Octubre y Jerónimo Carrión. Asegura que los dueños de viviendas, que alquilaban habitaciones a estudiantes universitarios de otras provincias, ya no tienen inquilinos porque las clases son virtuales.

Se considera afortunado -cuenta- porque le bajaron el arriendo a la mitad: de USD 1 450 a 750. Se le acabaron los ahorros y ahora solo tiene para sobrevivir junto a su familia.

Mario Navarrete es dueño de una farmacia localizada frente a la entrada principal de la U. Católica. Cuenta que con los dueños de otros negocios se reunieron con las autoridades de ese centro de educación superior, para preguntarles cuándo retomarán las clases presenciales. Según el comerciante, les indicaron que en febrero del próximo año prevén hacerlo. “Tengo deudas con los proveedores, pero logré refinanciarlas; el comercio ha disminuido”.

Henry Zapata labora en una papelería situada en la avenida 12 de Octubre. Señala que no todos los dueños de los locales han reducido los costos del arriendo y esos son los casos de los negocios que han tenido que cerrar. Al igual que sus colegas, espera que la vacunación del Ministerio de Salud avance lo más pronto posible, para que las universidades retomen sus actividades.