20 de July de 2012 00:01

El 75% de mujeres ha sufrido acoso en el sur de Quito

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En las horas pico, viajar en transporte público resulta complicado. El lunes pasado, las unidades que circulaban por la avenida Pedro Vicente Maldonado, en el sur, estaban repletas y no se detenían.

Maribel Ch., estudiante universitaria de 21 años, se quería trasladar desde Guajaló hasta El Recreo. A las 07:00 logró subir a una unidad de la Cooperativa Transplaneta. No había asientos vacíos. En el pasillo viajaban decenas de personas de pie.

La parte donde funciona el motor, conocida como la tortuga, también estaba ocupada. La joven decidió quedarse parada cerca de la puerta delantera. Las personas que se subían y bajaban del bus pasaban cerca de ella.

Cuando llegó a su destino, Maribel comentó que cuando hay aglomeración en los buses se corren riesgos. “Es incómodo. Hay hombres que se acercan mucho”.

Según el primer Estudio sobre la violencia en el sur de Quito, un 75% de las mujeres de entre 18 y 32 años que viven en el sur ha sufrido acoso sexual. El 80% se produce en los medios de transporte público. La mayoría de las víctimas no denuncia.

Para superar este problema, en marzo del 2011 se presentó la campaña ¡Quiero andar tranquila, calles sin acoso!

En las unidades del trolebús y en las paradas se colocaron afiches alusivos al tema. También se difundieron los mensajes en los establecimientos educativos.

“El propósito es sensibilizar para que el acoso, que puede consistir en miradas, frases y toqueteos morbosos hacia las mujeres en los espacios públicos, no sea considerado natural”, comentó Norman Wray, presidente de la Comisión de Equidad.

Sobre los resultados de la campaña comentó que aún no se puede valorar, porque los procesos para cambiar los patrones socioculturales toman tiempos mucho más largos. La campaña tiene un año y cuatro meses.

El lunes pasado, las unidades del trolebús también salían llenas desde la parada de El Recreo.

La usuaria Mariana T., empleada privada de 20 años, logró abordar una unidad, pero no consiguió un asiento. Caminó hasta el centro, no se quedó en las puertas. Allí la gente se aglomera. “Es peligroso. Hace dos meses un hombre adulto, fingió caerse y me tocó mis partes íntimas. Me asusté mucho y me sentí ofendida”.

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