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200 casas de hacienda son parte del patrimonio del Distrito Metropolitano de Quito

El morador Hugo Moreno (i) y el dirigente Segundo Chiguano, frente a la iglesia de San Juan de Turubamba, donde había antes una hacienda. Foto: Vicente Costales / El Comercio

El morador Hugo Moreno (i) y el dirigente Segundo Chiguano, frente a la iglesia de San Juan de Turubamba, donde había antes una hacienda. Foto: Vicente Costales / El Comercio

El morador Hugo Moreno (i) y el dirigente Segundo Chiguano, frente a la iglesia de San Juan de Turubamba, donde había antes una hacienda. Foto: Vicente Costales / El Comercio

Las huellas de Manuelita Sáenz están vivas entre las paredes de la vieja casa de la Hacienda Cataguango. Más patentes están aún entre los vecinos de San Juan de Turubamba, donde el frío se entrelaza con la historia. Como esta, en Quito, hay 200 viviendas consideradas de interés patrimonial.

El paisaje del predio que perteneció al personaje histórico conserva el toque de aquellos días de la época independentista, con un patio central y amplias áreas verdes. José Mora, presidente del sector que colinda con la hacienda, trae al presente los días en los que, como se repite entre los vecinos, por ahí pasaron las tropas.
Mora relata que Manuelita pasó allí sus años de juventud y se encontró con Simón Bolívar. Más de un turista ha llegado para conocer la historia.
Y si de preservar la memoria se trata, Marlon Ramírez, de la Administración Quitumbe, trae a colación la resolución emitida por el Concejo de Quito en el 2020, en la que se define el 25 de septiembre de cada año como el día de Manuela Sáenz, Jonatás y Natán Sáenz.
Así como la conservación de espacios como la hacienda, donde, a un costado del arco de ingreso, se distingue un letrero que reza: “Proyecto de reactivación de la Casa de Hacienda Manuelita Sáenz”. Detalla que si bien el inmueble corresponde a Amaguaña, en Quitumbe conocen “de su génesis y es el camino de ingreso principal”.

La Hacienda Cataguango perteneció a Manuelita Sáenz, allí vivió cuando era joven. Un proyecto procura su recuperación integral. / Foto: Vicente Costales / El Comercio

De ahí que Segundo Chiguano, quien lleva 40 de sus 73 años en San Juan de Turubamba, tiene presente que los vecinos solían visitar la hacienda, caminar entre sus árboles antiguos y hasta pudieron divisar algunas de las pertenencias de Manuelita. Alerta que más de una vez hubo quienes intentaron invadir el sitio.
En San Juan también está otra huella de la antigua hacienda, la iglesia donde se encuentra la imagen de La Dolorosa. Chiguano tiene referencia de grandes festejos que se llevaban a cabo en este lugar.
Hoy, es una de las primeras estampas que se divisan en el momento de ingresar al sector.

Y como la historia de las viejas edificaciones abundan en la capital, el Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP) detalla que este año se encuentran en la tarea de actualizar el inventario de casas de hacienda para, sobre todo, analizar su estado de conservación.
En la entidad prevén que al finalizar el año contarán con un informe real de la situación de este patrimonio edificado.
La tenencia puede ser: pública, privada y privada religiosa.
Están aquellas edificadas con muchos detalles, que estuvieron equipadas con implementos de lujo y que pertenecieron a familias que formaban parte de la élite quiteña. Y hay otras más austeras, que contaban apenas con las habitaciones básicas para la operación de la hacienda.
El IMP da cuenta de que la casa de los dueños se distinguía, de manera muy marcada, de la de los trabajadores. Se establecía la jerarquía social.
Aunque no se puede definir un solo estilo, el grueso de los predios se hizo con amplias construcciones, patio delantero con un gran jardín, así como uno posterior, en cuyo centro, generalmente, se levantaba una cruz de piedra.
Normalmente, había una capilla, bodegas para la maquinaria y los alimentos, así como un pequeño establo. En ciertas haciendas había espacio para obrajes.
Con el tiempo, estas edificaciones se adaptaron a las diferentes condiciones. Los nombres de las haciendas estuvieron relacionados con el lugar, con su funcionalidad o con el apellido del propietario.
Un ejemplo de adaptación es la casa de la antigua Hacienda La Arcadia, por la que, a su vez, se bautizó un barrio del sur, ¬conocido en principio como Pueblo Solo Pueblo.

Pueblo Solo Pueblo cambió de nombre para llamarse como la antigua hacienda del lugar: La Arcadia, donde hoy funciona la casa parroquial. Foto: Vicente Costales / El Comercio

Hace unos 13 años, por votación, los moradores adoptaron el nombre del antiguo espacio.
En la casa de hacienda funciona ahora la sede de la parroquia eclesiástica, un colegio y se conserva la antigua capilla, de no menos de un siglo.
Ángel Pozo, presidente en funciones prorrogadas, comparte que la propiedad fue cedida por una familia a la Curia Metropolitana, allá por 1989.
Hasta antes de la pandemia, el sitio donde se distingue la imagen de la patrona del lugar, Nuestra Señora de La Merced, era un punto de encuentro entre los moradores de más de un barrio. Hoy el movimiento es menor, pero aún se puede ver a los fieles acercándose a programar un servicio religioso.
Así como en el sur, hay otros espacios que constan en los listados del IMP, como los que se levantan al filo del río Machángara, a un costado de la avenida Maldonado, en el Centro. En la zona, además, está la casa de lo que fue la Quinta El Fundo.

A orillas del río Machángara, en el sector de El Sena, también hay viejas casas de hacienda, como la de la imagen, que están en desuso. Foto: Vicente Costales / El Comercio


Los propietarios o tenedores de bienes patrimoniales tienen la obligación, por ley, de darles mantenimiento adecuado.